TABATINGA Y LETICIA, NO SON FRONTERA PARA LA DROGA

TABATINGA Y LETICIA, NO SON FRONTERA PARA LA DROGA

La frontera sur entre Brasil y Colombia existe en la cabeza de los gobernantes y en los pasillos de Bogotá y Brasilia, pero aislada de sus respectivos países por kilómetros de selva amazónica, esta región forma un único microcosmos en el que comienzan a resonar las palabras guerra y narcotráfico.

10 de noviembre 2000 , 12:00 a.m.

Ni una bandera o puesto de policía marca el fin de Tabatinga, en Brasil, y el inicio de Leticia, en Colombia. En las calles de estas dos ciudades que funcionan como una sola, el vallenato se confunde con la samba, el patacón se come con feijao, los pesos y los reales circulan indistintamente y quien más quien menos habla portugués, español o portuñol .

En el puerto de Tabatinga, pescadores colombianos, peruanos y brasileños venden legal y clandestinamente pirarucú y tambaqui y se reparten los barquichuelos, las endebles viviendas de madera y los cerdos ennegrecidos que circulan por el borde del río.

La tierra que se ve en la orilla de enfrente, a menos de un kilómetro, es la isla de Santa Rosa, ya en Perú, de donde vienen también buena parte de los cargamentos de cocaína. Barcos-taxi llevan hasta Puerto Nariño, en Colombia, Iquitos, en Perú, y Manaos, capital del Estado brasileño de Amazonas.

Los controles en estos recorridos son mínimos aunque están aumentando, fundamentalmente del lado brasileño con la puesta en marcha de la Operación Cobra de la Policía Federal que controla las embarcaciones que se dirigen hacia Manaos en busca de cocaína.

No obstante, la droga sigue circulando y los habitantes de Tabatinga hablan tranquilamente de la cocaína como un negocio más con el que ganarse la vida. El número de presos colombianos, peruanos y brasileños en la cárcel local aumenta y en la calle hay por lo menos un muerto diario en ajustes de cuentas entre traficantes.

En la región nunca falta un pescado o un puñado de harina que llevarse a la boca pero las precarias condiciones de vida de muchas poblaciones aisladas son preocupantes.

En esas partes, una hora de avión se traduce en una semana de barco y en la mayoría de los casos, la salud de indios o pescadores depende del Ejército y de comunidades religiosas venidas a la región.

En Leticia, los colombianos todavía recuerdan cómo vivían gracias al turismo hace algunos años. En la calle, la opinión es unánime: la mala publicidad de Colombia debido a la guerrilla y este aumento del control policial hicieron desistir al turista que venía buscando los encantos de Amazonia y a aquella persona que venía a Leticia con otros fines menos claros.

Para qué vamos a negar que las había: en estas calles se paseaban cientos de europeos y estadounidenses y todos sabíamos qué venían buscando , afirman los guías de turismo locales, sin dar más detalles.

La población le echa la culpa al Plan Colombia, aunque ninguno de ellos sabe explicar muy bien qué es. A pesar de estar a poco más de 1.000 kilómetros, Bogotá está demasiado lejos, no hay carreteras que lleven hasta allá y los esfuerzos del gobierno colombiano por erradicar el narcotráfico, lograr la paz y reactivar la economía suenan a hueco para esta gente que asegura haber visto de todo .

Hasta algunos comerciantes colombianos que se enriquecieron en aquella época prefirieron cruzar la calle y abrir su restaurante en Brasil, donde la clientela es mejor . Por lo menos un 20 por ciento de la población de Tabatinga es colombiana y peruana, la mayoría en situación irregular, y el porcentaje sigue en aumento, según cálculos extraoficiales.

Afp Autoridades Los responsables militares aseguran que no hay guerrilla cerca y que el traspaso de laboratorios de cocaína en la Amazonia brasileña no es factible ni rentable. Sin embargo los batallones de Tabatinga y Leticia son considerados estratégicos por los gobiernos de ambos países y fueron recientemente reforzados.

Es cierto que hay una gran preocupación por las consecuencias que traerá a Brasil la erradicación de cultivos de coca , reconoce un alto responsable militar brasileño.

Además, la colaboración de Estados Unidos en este Plan Colombia inquieta a Brasil, ya que implica una injerencia externa en esta región donde todas las riquezas naturales del planeta permanecen intactas.

Hace 250 años, los colonizadores portugueses crearon un fuerte en Tabatinga para marcar dónde acababa Brasil . Hoy en día, el recado de los más de 1.000 soldados que patrullan esta triple frontera Perú-Colombia-Brasil es parecido: Brasil comienza aquí .

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