SE AGOTA LA PACIENCIA

SE AGOTA LA PACIENCIA

Si bien en el pasado hemos hecho reparos a la estrategia del Gobierno frente al Eln, y en reciente editorial solicitamos se le concediera una zona de despeje en el sur de Bolívar, hoy resulta tan desconcertante como inexplicable la insensata respuesta de esta organización a los más recientes gestos de conciliación gubernamentales. El apagón del martes, que afectó a Bogotá y a ocho departamentos por cerca de seis horas, causó al país una pérdida estimada en 20 mil millones de pesos sin contar la infinidad de perjuicios sufridos por millones de ciudadanos , y no solo puso en evidencia la fragilidad del sistema eléctrico, sino la conducta demencial de quienes se han propuesto destruirlo.

23 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Qué puede pensar el pueblo colombiano de una guerrilla dedicada a la aniquilación sistemática de la riqueza nacional? Se lo habrá preguntado alguna vez el Eln? Alcanzará a imaginar el ciudadano del común, sometido a apagones o al bloqueo de carreteras, que estas acciones tienen móviles políticos ? Difícil concebir mayor torpeza autodestructiva que la que exhibe este movimiento armado en su pretensión de hacerse sentir sobre la base de lesionar de tal manera a la población. Y lo cierto es que la última ofensiva terrorista ha puesto a prueba la paciencia del país con el Eln.

Ninguna red eléctrica en el mundo podría soportar una campaña de sabotaje como la que desde hace unos meses ha puesto en marcha la subversión. Tampoco es posible esperar que la fuerza pública pueda cuidar cada una de las torres, más aún si se tiene en cuenta que estas no son las únicas instalaciones escogidas por la guerrilla como blanco de sus ataques. A la destrucción del sistema eléctrico se suman los ataques a la infraestructura de Telecom, una empresa de todos los colombianos. Los atentados contra las centrales telefónicas como el perpetrado el lunes por las Farc en el municipio tolimense de Alpujarra y que dejó incomunicados a cuatro departamentos del sur del país están causando grandes pérdidas a la empresa y perjuicios a los usuarios, en especial a los más pobres.

A la mano tendida del Gobierno, el Eln ha respondido con bofetones. La disposición oficial al diálogo ha sido demostrada con el nombramiento de un negociador y la acogida a su propuesta de crear una zona de convivencia para realizar la convención nacional que propugna el Eln. Pero pareciera que a esta organización no le interesa una salida negociada al conflicto sino prolongar la guerra, y ya no contra la fuerza pública o los poderes establecidos, sino contra todos los colombianos.

Frente a las permanentes afrentas del Eln, la respuesta oficial no puede seguir siendo la de ofrecer la otra mejilla. Se está agotando la paciencia nacional con una sistemática campaña de dinamita y destrucción que es sentida cada vez más en carne propia por millones de ciudadanos. La paciencia del Gobierno como ya lo dijo el presidente Pastrana también tiene sus límites. Es hora de que el Primer Mandatario los señale claramente.

Si las acciones del Eln precipitan el rompimiento del diálogo, el país vivirá días muy dolorosos. La capacidad terrorista de esa organización ya ha sido demostrada y para enfrentarla se requerirá un enorme esfuerzo del Gobierno y de las Fuerzas Armadas. Esfuerzo que la nación deberá respaldar, si no quiere terminar disuelta. O en manos de quienes hoy están dedicados a destruirla.

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