EL DÍA DE LOS NIÑOS

EL DÍA DE LOS NIÑOS

Johan Camilo Hernández no pudo aguantar el llanto. Había respetado la fila con los demás niños y se acercaba al premio mayor de la tarde: quedarse con un balón que le había entregado un jugador de la Selección Colombia.

24 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Pero los 70 balones que descansaban en la mitad de la cancha del barrio Olaya Herrera, en el sur de Bogotá, se esfumaron cuando el pequeño de cuatro años tenía por delante otros tres niños. De inmediato se tornó inconsolable y no paró de dar vueltas en un pedazo de pasto.

Un policía bachiller se le acercó y buscó la forma de consolarlo. Como pudo, se acercó a empellones y se abrió paso en el enjambre de cámaras que no perdían detalle de Juan Pablo Angel. Logró robarle un autógrafo al delantero. Y el arrugado papel fue a dar, segundos después, a manos del niño. Su rostro se volvió a iluminar.

Y aunque los cinco mil niños de 30 colegios que ayer vieron la exhibición de la Selección Colombia no pudieron quedarse con un balón o coleccionar la firma de su jugador preferido, todos se fueron felices.

Habían podido apreciar 43 minutos de fútbol. Era la primera práctica de conjunto del equipo de Luis Augusto El Chiqui García para el partido del próximo martes contra Brasil.

Al final el marcador fue lo de menos para los asistentes. Colombia venció 1-0 a un equipo mixto de Millos y Santa Fe, integrado por jugadores de divisiones inferiores. El solitario gol de Hámilton Ricard arrancó los gritos de las tribunas. Pero no era el único momento de felicidad.

La fiesta había comenzado mucho antes. A las 3 y 49 las puertas negras del estadio se abrieron y el bus pullman con los trece jugadores ingresó. Las voces infantiles chillaron y todos afilaron la vista. No sólo había niños. En la tribuna oriental fueron acomodados otros cinco mil habitantes del sector.

El lateral Gerardo Bedoya fue el primero en descender. Pero los nombres de Ricard, Angel y Andrés Chitiva que fue llamado en el equipo rival de Colombia fueron los más coreados. No faltó el despistado que confundió a Leonardo Fabio Moreno con Arley Dinas.

Los jugadores se marcharon hacia el camerino y a las 4 y 30 comenzó el partido. Detrás de una de las mallas de protección, Edwin Fabián Luna no paraba de soltar con otros dos compañeros del colegio Estados Unidos de América. Vine a ver a Angel y al Tigre Castillo. Esos tipos juegan una machera , fue el comentario del niño de 10 años.

De nuevo la gritería llegó cuando el juego comenzó. Chiqui García puso en el arco al arquero Alvaro Anzola, cuarto arquero de Millos. Los diez jugadores de campo sí eran reconocidos: Gonzalo Martínez, Dinas, Wílmer Ortegón, Mario Yepes, Bónner Mosquera, Frankie Oviedo, Alex Viveros, Orlando Maturana, Ricard y Angel. Los tres jugadores restantes Bedoya, Oscar Chico Restrepo y Moreno reforzaron el equipo rival.

Cada vez que Angel la tocaba todos aplaudían. El antioqueño respondió al hacer un taquito que habilitó a Ricard para el único gol cuando iban 13 minutos del juego.

Fue un día especial para Colombia. Pero los que más disfrutaron fueron los niños, que pudieron ver a sus ídolos de cerca. Hasta Johan Camilo, a quien las lágrimas le duraron poco y el balón fue reemplazado por un tesoro inigualable: un autógrafo.

FOTO: Juan Herrera/EL TIEMPO Esta cartelera en uan de las tribunas del estadio del barrio Olaya Herrera resume el sentimiento infantil por la Selección Colombia: apoyo y admiración. Al final todos se divirtieron con la presencia de sus ídolos.

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