CATORCE PERSONAS DISTINTAS....

CATORCE PERSONAS DISTINTAS....

La economía es una disciplina esquizofrénica. Tiene casi tantas personalidades como economistas hay. Aunque basada en unos cuantos principios elementales, como el de la oferta y la demanda, en el andamiaje de la ciencia económica hay más opiniones que leyes, y por eso en su sabiduría la especulación suele estar por encima de la verdad .

26 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

El último libro de Marcela Giraldo, Crisis: antecedentes, incertidumbres y salidas es un retrato fiel de dicha situación: 14 prestigiosos economistas de Colombia, enfrentados a un cuestionario similar, cuyo único objetivo es tratar de desentrañar las razones de la crisis actual y su naturaleza, ofrecen 14 visiones diferentes del país (aunque entre algunos de los más amigos existan contadas coincidencias).

Las definiciones de la crisis, como tal, van desde una simple recesión coyuntural aunque profunda inducida por los desarreglos del mercado de capitales en el ámbito internacional, hasta el reflejo de una crisis general de toda la especie. Y las salidas, en consecuencia, cubren un abanico que va desde la corrección del déficit fiscal, hasta la firma de un nuevo contrato social.

El texto es, sin duda, rico en argumentos. Ya sea para defender las políticas aplicadas en los últimos años, o para poner en cuestión la validez del entorno económico, los entrevistados dan muestra de la capacidad dialéctica que los ha puesto en el sitial de honor en que se encuentran. Introduce, además, debates importantes como el de quién es el verdadero responsable de la política económica el gobierno o el Banco de la República o el de las consecuencias de la apertura.

Prepotentes y autocríticos Pero lo más apasionante del libro es la visión que los economistas tienen de sí mismos. Como lo hizo en su primera versión de 1993 , la autora es incisiva al recabar en todas las entrevistas sobre la responsabilidad de los economistas en la crisis actual. Eso le confiere al libro la unidad que no le dan otras preguntas, y habría permitido hacer énfasis de nuevo en que lo que se busca era hacerle un extenso reportaje a la economía como tal. Y no es que en este punto existan coincidencias. Al contrario, al hablar de su profesión los economistas se vuelven aún más radicales. Pero es en la expiación de sus culpas o en su clara convicción de que nunca incurrieron en pecado, donde los analistas pueden encontrar la razón de ser de muchas de las cosas que los entrevistados no explican al hablar del movimiento porcentual de una simple variable macroeconómica.

Jorge Iván González, uno de los entrevistados, sostiene que parte del problema de los economistas es que son muy prepotentes. Pero la verdad es que con excepción de Roberto Junguito, quien afirma que si en otras disciplinas, militar, política o educación, por ejemplo, hubiera el mismo nivel de conocimiento, de estudio y de trabajo que tenemos los economistas, la situación sería distinta , y de Eduardo Sarmiento, quien dice ser el único que ha acertado en los juicios del modelo y en las predicciones , el resto de los protagonistas del libro son autocríticos.

Unos más que otros, por supuesto. Para Juan José Echavarría, por ejemplo, no es que los economistas se hubieran equivocado, sino que no supieron convencer a los políticos sobre cuál era el camino adecuado para crecer y generar una mejor distribución del ingreso. Y para José Antonio Ocampo, más que problemas de interpretación, lo que hubo fue un deterioro del clima de opinión entre los economistas, que generó una agresividad en los juicios sin antecedentes en el país.

Otros, como Rudolf Hommes, piensan sin embargo que los economistas no dieron la medida. La política económica no ha respondido a las exigencias de la delicada situación que hemos experimentado en los últimos años. Aquí el análisis es regularcito y la política ídem . Y otros, como el ministro Juan Camilo Restrepo, se aventuran a decir por qué: Parte de las equivocaciones de diagnóstico que ha habido responden al hecho de no haber tomado en cuenta la incidencia de los factores institucionales, económicos y políticos, en el funcionamiento de la economía .

Historia de locos Y aquí viene lo más interesante del libro. Si uno escarba encuentra explicaciones. Parciales quizás, pero al fin y al cabo explicaciones. Como la que, complementariamente, brindan Hernando Gómez Buendía y María Mercedes Cuéllar. Para el primero, la política económica del país la manejaron en exclusiva durante muchos años los años de la estabilidad los técnicos del Ministerio de Hacienda, de Planeación y del Banco de la República, en diálogo con los dirigentes de los gremios y con un par de sindicalistas, sin que los políticos se metieran en eso. Aquí se ha hecho lo que tocaba hacer, se hizo bien y de una manera prudente, pero bajo parámetros demasiados ortodoxos . Todo eso cambió, sin embargo, en la década del noventa y quizás los mismos economistas no se dieron cuenta. En palabras de María Mercedes Cuéllar, es obvio que cuando la estructura administrativa de un país cambia, también se modifican las estructuras de poder . Y eso fue lo que pasó con la Constitución del 91. De alguna manera, hasta 1990 el poder de los economistas era grande. El Gobierno y el Congreso respondían frente a las limitaciones económicas. Me parece que eso ya no es así. No es que no tengan en cuenta a los economistas y no es que no tengan poder. Sí lo tienen. Lo que pasa es que las grandes decisiones se toman en otras instancias donde brillan por su ausencia los economistas , dice la ex directora del Banco de la República. Y se le viene a uno a la cabeza el nombre de José Gregorio Hernández.

En últimas, puede que todas las anteriores sean simples elucubraciones nacidas de una lectura incompleta y veloz del libro de Marcela Giraldo. Pero tratándose de uno tan solo de los ángulos que ofrece el extenso compendio de entrevistas, es claro que el texto vale la pena. Es fiel retrato de una disciplina que pretende ser ciencia, pero que a veces parece como la llamó Jacques Dartan, una historia de locos .

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