SERVICIOS: CIUDADANOS TORTURADOS

SERVICIOS: CIUDADANOS TORTURADOS

Tortura viene de tuerto: que no ve con un ojo. Torcido, que no es recto. En la edad media fueron famosos, por el dolor físico y mental que propinaban, los aparatos de tortura (potros, cadenas y otros), empleados para someter a desviados religiosos o políticos. En la era moderna han sido varios los suplicios para arrancar verdades a los contrincantes ideológicos o para ejemplarizar conductas en los regímenes militares. También la tortura puede ser intimista en casos familiares o de pareja, donde por medio del dolor o su amenaza se consiguen propósitos que satisfacen al torturador.

26 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Ven, se puede emplear ese término, tortura, para calificar conductas sociales donde se sacan beneficios mediante estrategias verbales y burocráticas empleadas para conseguir resultados, en especial económicos, de las empresas de servicio público. Los servicios públicos de Bogotá: agua, luz, teléfono, gas, seguro social y bancos, son, en palabras secas, unos torturadores. Emplean instrumentos novedosos para sus fines: cambios repentinos de leyes de juego, aumento arbitrario en tarifas, oficina de reclamos sólo de fachada, persecución a usuarios, mentiras, doble facturación, falsas promesas, malversación de sus bienes, ignorancia técnica de sus empleados y para rematar, colas y colas para quienes se atrevan a presentar un reclamo.

Se imagina uno a los gestores de estas empresas en reuniones maquiavélicas inventándose medidas para despistar a los usuarios y seguir birlando unos pesos más para sus ineficientes empresas. No toman conciencia las autoridades administrativas de la ciudad ni los empresarios que el siglo XXI se califica como aquel de servicios. Nuestra tecnología administrativa sirve más bien para ocultar, como máquinas robots que responden reclamos pero no solucionan nada. Una hoja de la empresa de teléfonos con la cual se le responde a un usuario burlado ejemplifica su intención indecente, pues todo está hecho para confundir al doliente. Luego de que presenta su queja le llega una hoja al reclamante, donde le han cambiado fechas de sus reclamos para no caer en el silencio administrativo que obliga respuesta en tiempo perentorio y dice. Los sistemas SIMRA y FENIX no le presentan antecedentes que constituyan fallas imputables a la empresa, de acuerdo al artículo 137 de la ley 142 de 1994. Procede recurso de apelación ante SSPD dentro de los días siguientes . O sea que ahora para reclamar tiene uno que ser ingeniero electrónico y abogado para entender su jeringonza. Qué democracia ciudadana! Para no decir de las colas en los bancos que en jornada continua mandan los empleados a almorzar y casos como estos al infinito. Junto a los delincuentes y los transportadores los servicios públicos en Bogotá constituyen el tercer ejército de torturadores ciudadanos que envilecen el bienestar colectivo. Y ahí siguen campantes.

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