UN SUPERMAN EN FESTICINE

UN SUPERMAN EN FESTICINE

Las anécdotas del Festival de Cine de Cartagena han servido hasta para inspirar y realizar películas de cine.

03 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Una de ellas, recuerda Víctor Nieto, quien lleva 40 años cargando el Festival de Cine de Cartagena, es la historia del Conde de Saturansky, que fue llevada a la pantalla grande como El embajador de la India.

El Conde de Saturansky organizó una fiesta en el fuerte del Pastelillo e invitó a toda la sociedad de Cartagena y a la gente del Festival. Hubo whisky y champaña hasta el amanecer, cuando sirvieron el desayuno para los más cacheteros .

Cuando llegaron las cuentas al Hotel Americano, donde se había hospedado el Conde, descubrieron que el hombre ya no estaba.

No era un aparecido, se desapareció, que es otra cosa , recuerda Don Víctor --como lo conocen en Cartagena-- antes de explicar que el susodicho Conde había traído una película de Claudia Cardinale.

La adicción de Nieto por el cine viene desde que tenía pocos años de edad cuando su padre, Pablo Emilio Nieto, capitán de la primera promoción de marinos, se trasladó a Bogotá y empezó a trabajar con los Hermanos Dioménico en el teatro Olimpia como gerente de programación.

Después volvió a Cartagena, su tierra natal, a estudiar en el colegio La Salle.

En 1939, cuando empezó la Guerra --dice Nieto mientras busca a lo lejos los recuerdos con la mirada-- fundamos en compañía de Haroldo Calvo Núñez el radio periódico Síntesis, que duró hasta el nueve de abril de 1948 .

Nieto también fue corresponsal de EL TIEMPO y El Espectador y en 1950 construyó el Radio Centro Miramar, en el Pie de la Popa, que tenía un cine con 600 sillas.

En medio de su vida como promotor cultural un día, hojeando una revista Life, Nieto vio una foto en las páginas centrales de una gran pantalla de cine en un estadio, lleno de gente, en la antigua Checoslovaquia.

Como no era posible traer una pantalla así, como de 21 metros, yo enseguida pensé en hacer un Festival como los que se realizaban en Punta del Este (Uruguay) y Mar del Plata (Argentina) , contó.

Este Quijote de la cultura, en especial del cine, explicó que además de promover el cine la idea era promocionar a Cartagena como ciudad turística en el exterior, que producía noticias con luminarias .

En compañía de Aurelio Martínez hablaron con el alcalde de la época, Arnulfo de la Espriella, quien apoyó la idea y les dijo que hablaran con José Barbieri, un uruguayo dueño de un hotel y casino.

A Barbieri también le sonó la idea y les recomendó que se pusieran en contacto con Walberto Fernández, el organizador de los festivales en el Cono Sur y dueño de importantes conexiones en el mundo del cine.

Con el apoyo de Fernández tramitaron el permiso ante la Federación de Productores de Films, en París, y los autorizaron para realizar el primer Festival, que se inauguró con la película inglesa Cinco mil solteros.

Desde ese día se han visto en los Festivales de Cartagena, según los cálculos que hace este canoso y vigoroso hombre, cerca de 1.000 películas.

Este Superman cartagenero del cine ha superado crisis y hasta el cambio de milenio con la sola misión de mantener el estatus del Festival de Cine de Cartagena, como uno de los más importantes a nivel de Iberoamérica.

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