DOLARIZACIÓN EN ECUADOR

DOLARIZACIÓN EN ECUADOR

Con la reciente aprobación del Congreso ecuatoriano de la Ley de transformación económica se cierra un penoso capítulo de la historia económica del vecino país y se abre uno nuevo, marcado por la incertidumbre y la expectativa por los resultados del nuevo esquema de manejo monetario y cambiario. Dados los estrechos lazos comerciales que nos unen con Ecuador, la expectativa también es grande entre los empresarios y comerciantes colombianos.

27 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

De todas las reformas que contempla la Ley, la que más inquietud ha suscitado es la de la dolarización de la economía, es decir la implantación de una tasa de cambio fija 25.000 sucres por dólar y prácticamente la eliminación del sucre como moneda nacional, para ser reemplazada por el dólar en todas las transacciones.

Ante todo debemos decir que las preocupaciones por los efectos de la medida en Colombia son totalmente infundadas. La dolarización no va a tener ningún efecto negativo de corto plazo sobre el comercio bilateral. Por supuesto que la tasa de cambio fija sí pone en desventaja la producción nacional frente a la ecuatoriana, pero a este tipo de cambio se había llegado antes de que se hablara de dolarización. Por otro lado, la nueva ley tendrá el efecto benéfico de evitar más devaluaciones que hagan menos competitivos los productos colombianos. A mediano plazo es posible que ese tipo de cambio fijo inclusive nos favorezca si la inflación ecuatoriana se demora en ser controlada y, por consiguiente, sus productos pierden competitividad.

La inquietud más grande respecto de la dolarización es si va a funcionar, si es un ejemplo que deba ser imitado en Colombia y toda Latinoamérica, como ha propuesto el ex presidente argentino Carlos Menem. En Ecuador se trató de una medida desesperada, casi que inevitable, ante la magnitud de la crisis económica y financiera que atravesaba el país: recuérdese que el sucre se devaluó 67 por ciento en 1999, la inflación era del 60 por ciento, el desempleo del 17 por ciento y el sistema financiero estaba prácticamente quebrado, lo mismo que las finanzas públicas. Era tal la desconfianza en la moneda nacional, que la única forma de restablecerle la credibilidad era abolirla, con un impresionante costo político, pues llevó a la caída de un presidente.

La dolarización va a tener efectos positivos en Ecuador: debe conducir a la estabilidad de precios, a reducir las tasas de interés y a eliminar el riesgo cambiario, todo lo cual ayudará a que retornen los capitales fugados y se incentive la inversión extranjera. Aun así, las condiciones políticas y económicas en las que se decidió hacen que no sea un ejemplo fácil de imitar.

Pero también tiene grandes costos. La eliminación de las funciones de emisión del banco central implican la renuncia del Estado a uno de sus instrumentos más importantes para la conducción de la economía, la política monetaria, y la desaparición del prestamista de última instancia para el sistema financiero. La recesión colombiana hubiera sido más profunda y difícil de manejar sin esas dos herramientas. En Colombia se puede abrir la discusión sobre los pros y los contras de una dolarización, como se ha hecho con el Nafta, pero de ninguna manera se puede pensar en su aplicación hasta que hayamos regresado a la senda del crecimiento acelerado. Y como vamos, eso tomará mucho tiempo.

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