HIJA DE PADRE MUY CONOCIDO:

HIJA DE PADRE MUY CONOCIDO:

Señor Director:

27 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

El jueves pasado apareció en la siempre agradable columna de Mauricio Pombo un artículo bajo el título Ke ke? en el que se planteaban modificaciones ortográficas para el español. El viernes, en esta misma columna, el periódico se encargó de aclarar que, por un lamentable error, dicha columna había salido sin el párrafo inicial, donde Pombo señalaba que el texto no era suyo sino del mexicano Héctor Avila Rosas y que había sido tomado de Internet. A renglón seguido, EL TIEMPO presentaba disculpas al columnista y a los lectores del periódico. No sé por qué no al señor Avila, supuesto autor de la columna.

Lamentablemente, me temo que, como le ocurrió al Papa hace poco, se quedaron cortos en disculpas. En realidad, soy yo el autor de este texto; inspirado en una propuesta para germanizar el inglés que circulaba por Internet, apareció originalmente el 10 de septiembre de 1999 con el título Urjente rreforma ortografika en mi columna Postre de Notas, de la revista Carrusel, que circula con EL TIEMPO. Mi nota, que apareció también en otros periódicos latinoamericanos, fue llevada a la red por un lector boliviano y de allí divulgada por otro de Argentina que omitió el nombre del autor (luego pidió perdón, como el Papa); una vez en el libérrimo país de Internet viajó por muchas listas y se transcribió a numerosos navegantes. Yo mismo recibí por lo menos seis copias de amigos de España, Argentina y Ecuador que consideraban que era un tema de los que suelen llamarme la atención. En lo cual acertaron, por supuesto.

Curioso y sorprendido por el camino que había agarrado la columna, averigué durante varios días sus recodos y tribulaciones, y publiqué los días 16 de noviembre y 4 de diciembre de 1999 , otra vez en Carrusel, la historia completa de cómo este artículo, de padre conocido, se convirtió en ciberhuérfano y adquirió alguna popularidad. Pensé que allí terminaba la aventura. Pero ahora veo con alegría que ha rebotado levemente alterado a las páginas de opinión de EL TIEMPO.

Esta es una muestra desenfadada y risueña de las libertades que empieza a derrochar Internet y que nos deparará un mundo nuevo en muchos aspectos, entre ellos los derechos de autor.

No aspiro, por supuesto, a una satisfacción personal, pues estoy más que satisfecho y divertido con todo esto. Pero sí me parece que EL TIEMPO debería ofrecer disculpas a EL TIEMPO por reproducir sus columnas viejas sin autorización de EL TIEMPO.

Cordial saludo, Daniel Samper Pizano, el verdadero padre de la criatura

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