LA VERDAD DE REMINISCENCIAS

LA VERDAD DE REMINISCENCIAS

Viernes 23 de junio, 11:45 minutos de la noche. Tres hombres entran al bar Reminiscencias de la Avenida Primero de Mayo del barrio San Jorge, en el sur de Bogotá. La música es ensordecedora. El mesero hace malabares en la pista de baile. Lleva un pedido de 10 cervezas y difícilmente se desplaza. Hay un poco más de medio centenar de personas.

30 de julio 2000 , 12:00 a.m.

Uno de los tres hombres lleva debajo de su chaqueta de cuero negra una metralleta miniuzi. La saca, vocifera obscenidades contra los presentes y dispara a todo lo que se mueve.

En cuestión de segundos hay tendidos sobre el piso 10 cuerpos. Aunque el disc jockey también ha caído, la música sigue sonando. Consumado el múltiple crimen, los asesinos salen del sitio. Uno de ellos, Julián Andrés Barbosa, se rezaga. El de la metralleta en la mano lo confunde con un sobreviviente. Le dispara. Lo hiere. Luego muere. Es la víctima número 11.

El asesino se da cuenta que atacó a su compañero de andanza. Se devuelve en la huida. Trata de auxiliarlo, pero el otro le dice que está muerto. Que lo deje. Y lo deja.

Barbosa es el primer cuerpo que se encuentran las autoridades en la entrada del escenario del crimen. Su identidad conduciría a los agentes especiales asignados al caso a identificar a los otros dos implicados, los mismos que lo acompañaron cuando ingresaron al bar. Se trata, según los investigadores, de Juan de Jesús Lozano y Henry Orozco Casas. Lozano es prófugo; Orozco se entregó a la justicia (ver recuadro).

Las 10 p.m.

Pero qué fue lo que ocurrió ese día en Reminiscencias? Pasadas las 10 de la noche, en el bar había más de 50 personas. La gente bebía, al frenético ritmo de la salsa y los vallenatos, cerveza, aguardiente y ron. En ese sitio una botella de aguardiente no excedía los 35 mil pesos.

Una de las mujeres que estaba en el sitio, Johana, departía alegremente con unos conocidos. En eso entró un hombre identificado como Migue . La saludó y ella se apartó del grupo. Migue y Johana se tomaron unos tragos, bailaron algunas piezas y terminaron solos en una especie de mezzanine.

Señalando hacia la mesa donde estaba su antiguo grupo, Johana le dijo a Migue : Estos tipos me están poniendo problema . A lo queMiguei respondió en un tono desafiante: Tranquila, yo no les tengo miedo .

Sin embargo, y pocos minutos después, Migue se despidió de Johana y abandonó el lugar. Detrás suyo notó que salía otro hombre. Al subir a su motocicleta para marcharse, Migue vio que éste, insinuando estar armado, se mandó la mano debajo de la chaqueta.

En ese momento, llegan cuatro amigos de Migue . Lo saludan y descienden de dos vehículos: un Fiat Palio y un Mazda. Se trata de Julián Andrés Barbosa González, Juan de Jesús Lozano, Henry Orozco Casas y un joven conocido solamente como Darío.

Me quieren fregar Qué pasó hermano? , le preguntan al unísono a Migue sus cuatro amigos. Lo hacen al observar que trataba de abandonar en su moto afanosamente el lugar. Miguei , un tanto envalentonado por la presencia de sus amigos, respondió: Me quieren fregar . El hombre que había salido detrás de Migue entró al bar.

Se armó la de Troya. Los amigos deMiguei ingresaron al bar, ubicaron a los hombres que estaban molestando minutos antes a Johana y a Migue . Los increparon y la pista de baile se convirtió en un ring. El disc jockey, al ver el incidente, paró la música.

En ese momento, un hermano de Migue llegó al sitio y, al darse cuenta de la pelea, le pidió a Migue que no se metiera en problemas y que se fuera para la casa. Convencido por su hermano, Migue les dijo a sus cuatro amigos, quienes tienen relaciones comerciales con los Sanandresitos, que dejaran las cosas así. Que se fueran a dormir.

Aclarada la situación, Migue se despidió, salió a la calle, prendió su moto y se marchó hacia el sur por la avenida Primero de Mayo. Se dirigía a su casa. Lo mismo hizo su hermano a la cabrilla de un Mazda. Johana siguió la fiesta.

La rumba continuó en el bar. Los amigos de Migue hicieron caso omiso de los consejos para dejar las cosas así y no seguir la pelea. Heridos en su ego, los cuatro hombres salieron y subieron a los dos carros en los que habían llegado: el Fiat Palio y el Mazda. Volveremos , atinaron a decir antes de salir de Reminiscencias. Sus adversarios de la noche se quedaron. La música continuó.

Los cuatro amigos de Migue se marcharon hacia un apartamento del barrio San Eusebio, cerca del bar Reminiscencias. Allí, los hombres se hicieron a una miniuzi. Ahora sí. Vamos pues a levantar a esa gente! , dijo uno de ellos, mientras cargaba el proveedor del arma.

Fue entonces cuando Darío, el cuarto acompañante, les advirtió a sus tres amigos: A eso no le jalo. A ese baile no voy yo . Y se marchó en el Mazda. Julián Andrés Barbosa González, Juan de Jesús Lozano y Henry Orozco Casas salieron en el Fiat Palio rumbo al bar.

Llegaron, pero armados. Dejaron el vehículo a una cuadra del bar. Caminaron. Hacía mucho frío. Al otro lado de la calle, las casetas de tinto y comida rápida no daban abasto para atender su clientela. Conductores de taxi, como es costumbre todos los viernes en el sector, comían al aprovechar unos minutos de descanso.

Las 11:45 p.m.

El reloj marcaba las 11:45 de la noche. Lozano, Barbosa y Orozco entraron a Reminiscencias. El mesero llevaba, en una bandeja plástica, 10 cervezas pedidas por clientes de la última mesa.

El mesero contó que uno de los tres hombres, que lucía una chaqueta de cuero negra, sacó la miniuzi, vociferó obscenidades contra los presentes y descargó su furia contra los contertulios y empleados del bar, un local de un piso, mezzanine y no más de 50 metros cuadrados de extensión. No pasaron más de cinco minutos. El asesino utilizó no menos de 65 proyectiles calibre 9 milímetros tres proveedores en la consumación del hecho.

Lozano y Orozco, perpetrado el crimen, huyeron. Atrás también, en medio de la música, se escuchaban gritos de auxilio y desesperación. Detrás de ellos saldría su compinche Julián Andrés Barbosa. Pero éstos no se percataron.

La miniuzi volvió a soltar su carga mortal. Barbosa se desplomó, producto de las balas, a la entrada de Reminiscencias. Al darse cuenta de que habían herido a su compañero al confundirlo con otra persona, Lozano y Orozco intentaron auxiliarlo.

Sin embargo, los gritos, los pitos, las sirenas y el sonido de los radioteléfonos de los taxis, que estaban al otro lado de la calle, terminaron por sacarlos corriendo. Emprendieron la fuga en el Fiat Palio propiedad de Barbosa. En cuestión de segundos, la calle se llenó de policías y de cientos de curiosos.

Barbosa, desplomado y aún con vida en la entrada del bar, recibió el auxilio de la Policía. Lo trasladaron herido al Policlínico del Olaya. El hombre moriría unos minutos más tarde.

Otros siete heridos fueron conducidos a diferentes centros médicos de la ciudad. Los taxistas ayudaron a su traslado. Pronto se desplegó un vasto operativo. Arribaron fiscales y agentes especiales de la Unidad de Reacción Inmediata (URI) de la Fiscalía. El panorama no podía ser más desolador.

Al atravesar la puerta principal de Reminiscencias, una reja corrediza de color verde oscuro, los agentes especiales no podían dar crédito a la escena: 10 cuerpos tirados en el lugar; las mesas y las sillas patas arriba; botellas de cervezas, ron y aguardiente tiradas en el piso y las paredes perforadas. En medio del drama de los familiares que llegaron al sitio enterados del hecho por la radio, los fiscales comenzaron el levantamiento de los 10 cadáveres (ver recuadro).

La diligencia concluyó a las 4:30 de la madrugada del sábado 24 de junio. Para entonces, los fiscales y la Policía ya habían encontrado el Fiat Palio, en el que se escaparon Lozano y Orozco, en una calle del barrio Quiroga, a unos 10 minutos del bar.

Hoy, 37 días después de la masacre, la Policía busca a Lozano, mientras que Orozco, quien niega todos los cargos, está tras las rejas luego de su entrega a la justicia. Migue , quien dio la cara a la Fiscalía, reconoció que estuvo en el lugar, que hubo una riña, pero que no tuvo nada que ver en la masacre. Johana, el mesero y otras dos personas se convirtieron en testigos clave de la investigación. Los familiares de las víctimas, por su parte, tienen fe en que los responsables de la matanza serán condenados. La investigación continúa.

Vecinos del sector dicen que en Reminiscencias, inaugurado hace más de 14 años, jamás había pasado una tragedia. Según un hombre de acento paisa que lamenta el cierre del local: Reminiscencias era un buen lugar para tomarse unos tragos .

*La historia está basada en testimonios y documentos que valora la Fiscalía.

--- Corte de cuentas La investigación Hasta ahora, la Unidad de Reacción Inmediata de Bogotá ha vinculado a dos personas a la investigación por el cargo de homicidio a raíz de la masacre en el bar Reminiscencias, ocurrida el 23 de junio de 2000.

Se trata de Juan de Jesús Lozano conocido como El Mono , Juancho , Pecoso y Juan Andrés y Henry Orozco Casas. Lozano es prófugo de la justicia y Orozco se entregó a la justicia el pasado 13 de julio.

Según los testigos, Lozano sería la persona que disparó en el bar. Las autoridades están tras su pista. Versiones extraoficiales indican que habría salido de manera clandestina del país.

La hipótesis más sólida sobre el origen de la masacre, según las autoridades, es que se trató de una pelea y un episodio de intolerancia y licor entre comerciantes y un grupo de personas que departía en el bar en el sur de la ciudad. La hipótesis de una vendetta está prácticamente descartada.

De acuerdo con los primeros informes legales, en la matanza se habría utilizado una sola arma: una miniuzi. Sin embargo, su rastro desapareció.

Orozco, el otro vinculado al caso, dijo en indagatoria: Nada tengo que ver con esas acusaciones que me están haciendo . La Fiscalía no le creyó y acaba de dictarle medida de aseguramiento.

En el caso figura un tercer hombre. Se trata de Migue , quien habría iniciado la riña. El se convirtió en el primer sospechoso de la matanza. Fue el primero en presentarse a las autoridades. Lo hizo después que la Policía entregó su relato hablado.

Admitió que sí estuvo esa noche en Reminiscencias, que sí hubo una riña, pero que se fue para su casa y nada tuvo que ver en la masacre. Migue no está vinculado formalmente al proceso. Sin embargo, sus versiones y su presunta participación sigue siendo valorada por la Fiscalía.

Los familiares En la masacre en el bar Reminiscencias murieron 11 personas y otras 7 resultaron heridas. Sus familiares solo quieren que los culpables estén tras las rejas. Sin embargo, advierten que aún no saben el porqué de la tragedia. Hablaron con este diario bajo la reserva de identidad por razones de seguridad.

Las víctimas: Carlos Arturo Aristizábal, Néstor Alberto Granada, Marta Liliana Londoño Castro, Javier Darío Moreno Millán, Ricardo Javier Ariza Gil, John Jairo Ospina, Juan Carlos Bedoya, Nelson Orlando Castro, Consuelo Patricia Menjura, Rafael María Avila Barrios y Julián Andrés Barbosa.

Lo que sabemos dijo el hermano de una de las víctimas es lo que ha salido en los periódicos y la televisión. De resto nada. Esto ha sido muy doloroso y por eso no queremos que se quede en la impunidad .

Los primos de otro de los muertos dijeron que si Juan de Jesús Lozano, el prófugo, es el autor de la masacre, debe pagar los crímenes. Si el no tuviera nada que ver se hubiera entregado pero sigue huyendo , precisaron.

La madre de otra de las víctimas cree que el caso es muy difícil de resolver, pues a ella le han contado que se trató de una venganza entre comerciantes de los Sanandresitos.

Dicen que dos días antes de la masacre, en una cancha de la avenida Sexta con carrera 38, mataron por venganza a un comerciante de Sanandresito que estaba jugando fútbol y que lo de Reminiscencias fue el segundo golpe contra el grupo al que pertenecía ese señor , relató. Sin embargo, las autoridades prácticamente descartaron esta hipótesis.

No hemos tenido paz. La presión es terrible y a uno le da miedo que le pase algo , dijo el papá de uno de los heridos.

FOTO Más de cuatro horas se tomaron los agentes de Criminalística del CTI en el levantamiento de los cadáveres de la masacre de Reminiscencias.

Archivo/EL TIEMPO

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