LA GUERRA APENAS TOCA LA ECONOMÍA

LA GUERRA APENAS TOCA LA ECONOMÍA

Cómo nos afecta la guerra? La pregunta, que se repite día a día en el país, aún no tiene una respuesta precisa. Hasta que no se conozca con claridad cuál será el rumbo del conflicto, nadie se atreve a hacer pronósticos. Sinembargo, las primeras impresiones indican que los problemas estarán asociados con el transporte y una posible recesión económica. La expectativa sobre los efectos del conflicto en el Golfo Pérsico se centra en el comercio de combustibles, ya que el país exporta cerca de 200 mil barriles diarios de crudo e importa 25 mil barriles de gasolina. Un aumento en la cotización del crudo podría representar ingresos entre 1.400 y 4.000 millones de dólares al año, con ventas a 20 o 60 dólares por barril.

20 de enero 1991 , 12:00 a. m.

Los demás sectores exportadores estiman que no habrá mayores dificultades si la guerra es corta y no se complica, pero reconocen que en el caso contrario se dispararía el valor de los fletes, fertilizantes, y productos petroquímicos. Los efectos de la guerra sobre la economía colombiana se han constituido en uno de los comentarios favoritos en los últimos días. Pero, la verdad, como sucede en todo el mundo, nadie se atreve a hacer ningún pronóstico hasta tanto se sepa qué más ocurrirá en el conflicto del Golfo Pérsico.

El gran peligro, reconocido este fin de semana por el Gobierno, estaría en un nuevo rebrote inflacionario. Una fuerte alza en el precio del petróleo y los productos petroquímicos podría echar por tierra la meta de frenar el costo de vida en 22 por ciento.

Es más, la apertura económica, que ha estado frenada por las restricciones en el crédito, se podría ver sometida a una revisión de fondo porque los visos de recesión mundial despertarían nuevamente las acciones proteccionistas.

Aunque en todos los sectores exportadores reina una relativa tranquilidad, hay dos factores que pueden frenar el comercio exterior del país: los altos fletes, tanto marítimos como aéreos, y una posible caída en la demanda mundial por una recesión económica. Crudo: la esperanza La gran expectativa del país está centrada en el mercado petrolero. Aunque los precios del crudo han presentado fuertes oscilaciones desde el 2 de agosto, las cotizaciones están hoy sometidas a la incertidumbre.

Según distintos analistas, si no se destruye la infraestructura de producción, refinación y transporte en los países del Golfo Pérsico, los precios en los próximos seis meses estarían, como máximo, entre 20 y 25 dólares.

En caso de agravamiento del conflicto, con ataques a los principales centros de producción, la cotización podría alcanzar a 60 y 80 dólares por barril, con graves repercusiones para los países importadores y altos beneficios para los productores.

En cualquiera de estos escenarios, Colombia no tendría efectos negativos en su balanza comercial de hidrocarburos, porque las exportaciones de crudo son muy superiores a las importaciones de gasolina (25.000 barriles diarios). Bastaría pensar que por cada dólar de incremento en el precio, el país recibiría un ingreso adicional de 70 millones de dólares por año.

Aunque cualquier estimativo que se haga ahora puede resultar especulativo, en el peor de los casos, con un precio de 20 dólares por barril, el país recibiría 1.400 millones de dólares al año. En el escenario más alto, de 60 dólares, los ingresos se dispararían a 4.200 millones de dólares.

No obstante, existe el temor de que una rápida solución del conflicto deprima los precios del crudo a niveles hasta de ocho dólares por barril.

Analistas internacionales sostienen que es casi imposible que Arabia Saudita acepte reducir su nivel de producción, que subió de 5 a 7.5 millones de barriles diarios de crudo para sustituir los suministros de Irak y Kuwait. La razón: Arabia asumió altos costos por la guerra, que intentará compensar con mayores exportaciones.

Las cifras hablan por sí solas. Entre enero y agosto, sus ventas de crudo representaron ingresos adicionales por 10.000 millones de dólares, en tanto que sus gastos militares le significaron 20.000 millones más.

En caso de una fuerte depresión en los precios por la sobreoferta, se invertiría la crisis petrolera. Con una cotización de ocho dólares por barril, Colombia solo recibiría cerca de 600 millones de dólares al año por las exportaciones de 200.000 barriles diarios. Alerta exportadora La incertidumbre también envuelve a las demás exportaciones colombianas. Las ventas de café, que tradicionalmente han sido las más importantes del país, no tendrían dificultades si el conflicto es corto. Si se prolonga y se complica, las ventas podrían caer y el precio del grano subiría por efecto de los fletes internacionales y una posible revaluación de las monedas europeas.

Sin embargo, la mayor preocupación se centra en lo que le ocurriría al café con una recesión económica en Estados Unidos y los países europeos, donde el consumo podría deprimirse. Por lo menos 25 por ciento del consumo mundial de la bebida se realiza en restaurantes, cuya actividad se vería disminuida.

Las exportaciones de confecciones y tejidos, que ya superan los 450 millones de dólares al año, no resultarían afectadas porque más del 60 por ciento va hacia Estados Unidos y solo representan el 0.6 por ciento de los 80.000 millones de dólares que gasta ese país en esos productos.

Las ventas que sí se pueden resentir son las realizadas a países europeos por efectos del transporte y baja demanda.

Las flores, con ingresos anuales por 257 millones de dólares, serían una de las más afectadas de presentarse una fuerte alza en los combustibles, los fertilizantes y plásticos. Estos rubros representan cerca del 35 por ciento del costo de las flores al consumidor extranjero.

Según la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores (Asocolflores), hasta el momento no se han resentido las ventas a Estados Unidos, que compra el 80 por ciento. En parte, porque en tiempos de guerra, la compra de flores se mantiene o tiende a crecer. Y espera que no ocurra nada para febrero, cuando se celebran las fiestas de San Valentín, el período de mayor consumo.

El principal obstáculo para el sector sería una caída en las ventas a Europa, que representan un 15 por ciento del total. Y también un alza del petróleo a 60 o más dólares, porque duplicaría los fletes aéreos.

Los bananeros (exportan anualmente más de 200 millones de dólares) tampoco han resultado afectados. Pero temen que en caso de que se agrave el conflicto, los países europeos cancelen parte de sus pedidos, ante lo cual habría que buscar nuevos mercados.

Las manufacturas de cuero no resultarían afectadas, a no ser que se genere una gran recesión económica, sobre todo en Estados Unidos, a donde se dirige el 56 por ciento de estos productos, que ya alcanzan ingresos por más de 120 millones de dólares al año.

Los azucareros, que durante el año pasado superaron los 100 millones de dólares en exportaciones, le temen a dos hechos: aumento de fletes y una recesión que podría deprimir el consumo de productos suntuarios con alto contenido de azúcar.

Los algodoneros no experimentan ningún temor. Sus exportaciones suman unos 30 millones de dólares anuales, dirigidas a Ecuador y Venezuela. Por el contrario, consideran que resultarían beneficiados, porque los precios de la fibra se dispararían a nivel mundial.

Uno de los hechos que más tranquiliza tanto a importadores como a exportadores es la existencia de la Flota Mercante Grancolombiana, que garantiza tanto el envío como la entrada de mercancías.

Voceros de la empresa marítima revelaron que en este tipo de transporte se han presentado dos fenómenos que afectan la movilización de carga: el aumento en los combustibles y la creciente demanda de cargueros para actividades relacionadas con el conflicto bélico.

Mientras que algunos países han dedicado parte de su flota para el transporte de alimentos, vestidos y drogas hacia el Golfo, los cargueros colombianos no entrarán en ese mercado y sólo serán utilizados para atender el comercio exterior colombiano.

Si el precio del combustible sube, los costos para las aerolíneas se aumentan, pero también aumentan sus tarifas. Ello podría hacer bajar la demanda por el servicio.

Lo que sí afectaría a la Flota y al país sería una recesión económica, porque bajaría ostensiblemente el movimiento de productos, como ocurrió en los más difíciles años de la década de los ochenta. Fertilizantes: el peligro Los productos que más pueden perjudicar la economía del país son los fertilizantes, por el efecto que tienen en la producción agropecuaria y porque en su mayor parte son importados. Colombia compra anualmente en el exterior 1 300.000 toneladas de fertilizantes, de las cuales la tercera parte, unas 430.000, son de úrea.

La úrea, cuyo insumo básico es el gas natural, podría tener un impacto fuerte. En 1990 el reajuste de precios fue de cerca del ciento por ciento, sin guerra. En los dos últimos años pasó de 65 a 170 dólares la tonelada, un aumento de 160 por ciento más.

En el supuesto caso de un significativo repunte en los precios de los combustibles, el impacto sería mayor y se afectarían los cultivos industriales y, por consiguiente, los precios del algodón, arroz, palma africana, cereales, soya y fríjol, entre otros.

Aparte de estos insumos, que son los que tendrían un efecto directo sobre precios, un alza desmesurada en el petróleo y el fortalecimiento de las monedas fuertes frente al dólar terminarían encareciendo el resto de las importaciones del país, tanto de productos terminados, como insumos industriales y bienes de capital.

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