LAS ESTRATEGIAS DE LA RAZÓN

LAS ESTRATEGIAS DE LA RAZÓN

Como vamos, vamos mal. No se trata de pesimismo simplista, sino de datos que no resultan esperanzadores. La reciente encuesta a dirigentes del país muestra que el Gobierno va perdiendo sus dos primeros años con 2,9, como en las mejores evaluaciones que se estaban proponiendo para los colegios. Por fortuna, la Constitución establece para los gobiernos la promoción automática durante cuatro años y, además, les prohíbe repetir.

28 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Claro que los dirigentes son benévolos, pues a ellos siempre les va bien a la larga. Otras calificaciones pondría la gente de la calle que ve cada vez más reducidas sus oportunidades de empleo, que ha perdido sus casas y ve la reforma del Upac como un acto de ilusionismo, que constata que un número grande de niños no han iniciado clases todavía por cuenta de una optimización educativa, que cada día siente más el rigor de los secuestros y las masacres de la paz entre Tirofijo , Castaño, Clinton y Pastrana. Eso para no hablar de indicadores económicos, quiebras de la banca oficial, derroche de recursos en el honorable Congreso, violación de los derechos humanos, incremento de cultivos ilícitos, cierre de hospitales, insolvencia de la seguridad social, desaparición virtual de Colciencias Para resolver estas tonterías que han deteriorado la calidad de vida de todos, se propone otra reforma fiscal que permita seguir financiando la ineptitud y el derroche, se propone posponer tanto el período de jubilación que ojalá nadie pueda lograrla y se trabaja intensamente para obtener una generosa donación de helicópteros de combate que resuelva los problemas de la industria armamentista de Estados Unidos que, a falta de cocaína propia, es la que financia allá las campañas políticas de forma transparente y legal.

Claro, para completar las estrategias de la ilusión parodiando a Eco , todo el que critique al Gobierno es un apátrida, un enemigo de la paz, un pesimistaEn fin, todos los artilugios de la manipulación emocional a un país que se revienta por dentro añorando a alguien con la suficiente fuerza intelectual y moral para dirigirlo.

Ya va siendo hora de que se invoquen más bien las estrategias de la razón. Y para ello hace falta que muchos que están silenciosos levanten la voz. No puede haber negociaciones de paz sin que el tema del secuestro, la desaparición forzosa y la violación del DIH, sean los temas prioritarios de la agenda. Muy bonitas las discusiones macroeconómicas y las visitas de magnates nacionales e internacionales al Caguán, pero son tramposas e inmorales si el Estado no cumple con el deber constitucional de defender la vida y libertad elemental de sus ciudadanos.

La paz es el mayor anhelo de cualquier ciudadano del mundo, pero no puede invocarse para justificar el incremento aterrador de la violencia y la muerte. Tampoco puede ser un instrumento para atenuar la crítica a las políticas de Estado, ni para justificar la incapacidad de un gobierno de garantizar los derechos fundamentales de la gente.

El más simple ejercicio racional indicaría que no se puede someter la vida y tranquilidad de treinta y cinco millones de seres humanos, a los caprichos y métodos cobardes de veinte, treinta o cien mil fanáticos de la violencia. Tampoco es racional hacerse cómplice de un gobierno que ha aniquilado la inversión social en una carrera demencial hacia el subdesarrollo humano, con el pretexto de ser el gobierno de la paz. El país no puede seguir conforme con un poder legislativo incapaz de ejercer control político porque su conciencia y su razón se negocian con unos cuantos puestos y algunos millonarios contratos para la limpieza de su fachada.

La indignación es un imperativo de la razón. La indignación de los millones de colombianos sensatos que experimentan náusea con cada masacre, con el reclutamiento masivo y arbitrario de niños para la guerrilla y con la doble moral de sus gobernantes, debe ser oída y tomada en cuenta. La razón de los muchísimos funcionarios regionales consagrados a su trabajo tiene que ser escuchada. La razón de las familias extorsionadas, de los campesinos desplazados, de los pequeños comerciantes, de los maestros que tienen miedo, de los jueces amenazados, también vale. Por todo esto hay que seguir gritando NO MAS

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