LAS BRUJAS DE LA JAGUA

LAS BRUJAS DE LA JAGUA

Dice el dicho que no hay que creer en brujas pero que las hay, las hay. De eso quizá puedan dar fe los habitantes de La Jagua, cuya fama de vivir rodeados de brujas ha trascendido las fronteras de la población.

06 de noviembre 2000 , 12:00 a.m.

De sus pobladores cuentan que en su mayoría son mujeres de narices aguileñas que se dedican de día a criar niños y a tejer el fique y que por las noches, extasiadas de pócimas y conjuros, se convierten en brujas y salen de techo en techo con la escoba entre las piernas chillando agudamente como los pavos en busca del amor del marido de su vecina.

Tanta fama y tantas historias que se han entretejido alrededor de ellas desde el inicio del siglo XIX conducen irremediablemente hacia la población, una de las primeras fundadas en el Huila, donde este fin de semana se realizó el II Festival de las Brujas de La Jagua.

Para llegar a la localidad se atraviesa desde Neiva hacia el sur los municipios de El Hobo, Gigante y Garzón por una vía pavimentada. A unos 15 kilómetros de este, un camino empedrado y un oxidado aviso de carretera indican el final del destino.

La Jagua es una población pequeña y bien organizada. Las casas de barro y teja hacen la corte por la calle principal que conduce a la plaza. En el centro, sus habitantes empotraron una gran pileta y debajo de ella, en el suelo, armaron con adoquines la silueta de una bruja, con una verruga en la nariz, escoba y un sombrero puntiagudo, justo en frente de la iglesia.

Se ven mujeres por todas partes. Mujeres serviciales, atentas, hacendosas. Representan un 60 por ciento de la población que no sobrepasa los 1.500 habitantes y que son tejedoras de fique, con el que arman bolsos, individuales, adornos de pared, recordatorios y brujas. Y, sí, la mayoría de ellas tienen narices aguileñas.

Que las hay las hay Las mujeres de La Jagua ríen cuando se les pregunta si de verdad son brujas. Encogen los hombros y responden: Pues no...pero que las hay las hay.

Inés Ramos, una mujer ajada por los años y famosa en el departamento por leer el cigarrillo se muestra esquiva. Está cansada que por este oficio la tilden de bruja y dice que lo uno no tiene nada que ver con lo otro. Voy a misa todos los días, y soy devota de la Inmaculada Concepción y del Divino Niño . No dice más y de inmediato pone fin a la conversación.

No es la única en el pueblo. Las Cardozo también tienen fama, pero con la lectura de cartas, oficio que aprendieron de sus abuelas. De esto es mejor no hablar , dicen.

Según William Fernando Torres, decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Surcolombiana este pueblo fue paso de gitanos que pudieron dejar en las lugareñas las enseñanzas de estas artes .

José Sánchez, el sacristán del pueblo desde hace 14 años, conocido como el historiador en asuntos de brujas y conjuros responde con propiedad sobre desde cuándo son tildadas de brujas.

Cuentan que en 1795 se llevó a cabo en esta zona un aquelarre, llegaron brujas de todas partes, ya que esta era una población con caminos a Santafé, Popayán y Quito. Además, en la Expedición Botánica este lugar sirvió para clasificar las hierbas y dicen que el que anda con hierbas es hechicero .

Para Torres el asunto no está muy claro. Parece ser, dice, que el Obispo Estevan Rojas, conocido por su temperamento severo y conservador, trató de que sus habitantes acataran al pie de la letra sus duras órdenes y los habitantes de La Jagua se mostraron reacios. Además, La Jagua se convirtió en un lugar de fiesta en todo el sentido de la palabra. Entonces fue satanizado como un lugar pecaminoso y regido por el demonio .

Pero sus habitantes decidieron olvidar la fama que los tuvo por muchos años silenciados y opacados y, más bien, aprovecharse de ella. Por eso desde hace dos años organizan el Festival de las Brujas de La Jagua. Este año fue entre el 3 y 6 de noviembre. Durante estos cuatro días se escucharon los cuentos de espantos y aparecidos, se proyectaron películas de horror, hubo danzas y música y se realizó la feria artesanal.

Ante tal entusiasmo, el cura párroco Jorge Eduardo Vargas prefirió irse para Garzón, antes que presenciar esa fiesta del fin de semana . Llegó sólo para oficiar la misa. Es que al padre esto no le gusta ni cinco , dice el sacristán. Además tampoco cree que en La Jagua haya brujas , asegura.

FOTO: Las mujeres de La Jagua (Huila) se ríen cuando les preguntan si son brujas.

Ricaurte Ortiz

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