VENENO VA A LLOVER

VENENO VA A LLOVER

Plan Colombia es que está empantanado en el Congreso de Estados Unidos. Mientras más vueltas le da uno a ese cuento de hadas que pretenden vendernos como tabla de salvación del país, mejor entiende que servirá principalmente para acabar con el sur de Colombia por cuenta de los drogadictos norteamericanos.

29 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Una de las claves del programa es la fumigación de la selva para desterrar los cultivos de coca y de amapola. Para eso vienen los helicópteros artillados: para disparar sobre lo que se oponga a las avionetas de fumigación, sean campesinos, narcotraficantes, guerrilleros, paras o todo lo anterior junto.

Ahora bien: no hay duda de que cocales y manchas de amapola son una tragedia para la región, pues a cambio de una efímera prosperidad para los campesinos han quebrantado los valores de las comunidades, provocado una empobrecedora inflación de precios e introducido dineros ilegales, violencia y armas. Así lo demuestran los testimonios de indígenas y pequeños agricultores que recoge un interesante y reciente libro, Senderos de la amapola, de la cinematografista Mady Samper. (Fuente de algunas citas que incluyo).

Pero es peor el remedio de la fumigación que la enfermedad de las siembras ilícitas. El glifosato, que se cierne como diluvio universal sobre Caquetá y Putumayo, desencadenará un apocalipsis social y ecológico sobre el piedemonte amazónico. Como me comenta acertadamente una especialista en la materia: Cuando se habla de las fumigaciones se hace referencia al sur del país, sin asumir que esta zona es nada más y nada menos que la Amazonia colombiana . Bien calladita han tenido la palabra clave. Conque van a meterse a desestabilizar la ecología amazónica, el último gran pulmón de la tierra? No sé si entienden que regar veneno sobre el bosque amazónico resulta insultante: es como arrojar condones sobre el Vaticano o cercar con chorizos un campamento de vegetarianos.

Sería interesante saber qué opinan los grupos ecologistas del único planeta que tenemos.

Malo para todos Nadie duda de la efectividad del glifosato para deshojar cocales y amapolas. El problema es que el veneno no distingue entre plantas lícitas e ilícitas, y arrasa con todo, incluso con cultivos alternativos y cosechas de pancoger. Abundan las experiencias al respecto. Dice un campesino del Putumayo: Hay personas que tienen cultivos pequeños; viene la avioneta y les fumiga el tajo de amapola. Se pierde lo que han cosechado en el mes: el maíz, el fríjol, etc. Es triste porque la gente se queda sin comida . También se perjudican los animales: Con la fumigación comenta un guardabosques les dio una enfermedad a los animales que llamamos mal de pierna. Se les pudren los cascos a las vacas y caballos . El resultado final afecta a todo el entorno. Las fumigaciones no sólo le caen a la mata de la amapola, sino que están contaminando el ambiente, el agua. Si le cae a uno al cuerpo cuando está trabajando, se envenena porque le entra por los poros , dice un cultivador de frutas.

Esta última parte no está demostrada. Hasta donde pude averiguar, las pruebas de laboratorio no son concluyentes acerca del daño que produce el glifosato en el ser humano. Algunos exámenes mostraron en 1985 que, aplicado intensivamente, tiene potencial cancerígeno en ratones, pero ha revelado baja toxicidad crónica oral en los demás casos. Con todo, no existe en Colombia ningún estudio serio y sistemático sobre la incidencia de este veneno en seres y plantas, pese a que desde 1992 se emplea aquí en gran escala. A lo mejor los conejillos de Indias somos nosotros: gracias a los campesinos colombianos podrá saberse si el glifosato afecta a las ratas.

Por lo demás, su éxito es relativo, incluso para la meta que persigue, pues lo único que ha logrado es trasladar los focos de producción a otros lugares del mapa. Liquidada la Sierra Nevada (que hoy es territorio de gentes armadas: están sacando a bala a los últimos hippies inofensivos e indefensos), los cultivos saltaron al Amazonas. Seguirá la cacería hasta la Patagonia? Que salga la gente El trastorno ecológico es apenas parte de lo que se avecina con el Plan Colombia y sus helicópteros. Otro capítulo catastrófico será su efecto en la población. El propio Gobierno calcula en privado que fumigaciones y combates desplazarán de la zona a unos 200 mil habitantes, que vienen a sumarse a los 300 mil del año pasado en el país. Numerosas familias huirán a Ecuador y Perú, lo que creará un nuevo foco de problemas.

Y lo peor será que muchos campesinos no querrán emprender el largo camino del éxodo y optarán por enrolarse en la guerrilla o los paramilitares. Las dos fuerzas dicen que les sobran armas pero les faltan hombres. Bueno: el Plan Colombia les ofrecerá una oportunidad maravillosa de conseguirlos.

Si yo fuera el Presidente, también estaría haciendo cabildeo en Washington. Pero no para que aprueben el Plan Colombia. Sino para que lo rechacen.

Sin remedio? Pero, es que no hay solución a este problema? Debemos resignarnos a que nos traguen la coca y la amapola o nos invadan un día ejércitos extranjeros para atajar la carnicería? La respuesta, en el próximo Cambalache

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