EL AMAZONAS: PIRAÑAS, SERPIENTES Y SURF!

EL AMAZONAS: PIRAÑAS, SERPIENTES Y SURF!

Hacer surf en el río Amazonas no tiene nada que ver con surfear por Internet en busca de las últimas novedades musicales y bibliográficas, al menos no para Ricardo Tatuí (pulga de mar) Aguiar.

28 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

El ex campeón brasileño de surf ha venido desde las famosas playas de Río de Janeiro a este empobrecido pueblo en la selva brasileña para conquistar y hacer las más complicadas piruetas de surf en la llamada prorroga una violenta e impredecible marea que genera fuertes olas que se desplazan a lo largo de cientos de kilómetros por el sistema fluvial más grande del mundo.

Esto es desconectarse de la civilización y retornar a la naturaleza comenta Aguiar, de 32 años, mientras coloca cera sobre la parte inferior de su tabla de surf bajo un candente sol ecuatorial.

El osado atleta se prepara para competir en el Segundo Campeonato Anual de Pororoca. Esto es el Amazonas no ,Amazon.com explica Aguiar.

El pororoca, cuyo nombre significa gran ruido en el lenguaje de los indios Tupi-Guaraní, nace de las mareas que ocurren cada 12 horas, durante todo el año, en la medida que las corrientes entrantes presionan las corrientes del propio río, exprimiéndolas dentro de un espacio más reducido. Un fenómeno parecido tiene lugar en la Bahía de Fundy, en Canadá, y en el río Qiantang, en China, donde la subida de las mareas inspiraron en una oportunidad a Mao Tse-tung a escribir un poema comparando el fenómeno con el retorno de un ejército victorioso.

En el Amazonas y sus afluentes, la pororoca, de color café con leche, está en su nivel más fuerte en la temporada de luna llena entre marzo y abril, cuando las olas pueden alcanzar hasta 4,5 metros y tomar velocidades de unos 56 kilómetros por hora.

Puede tumbar un árbol en las orillas del río o mover un ferry como si fuera un juguete comenta Walter Soares, un residente local quien asegura haber perdido a vecinos imprudentes que se adentraron en las aguas del pororoca.

En el océano, uno sabe cuándo viene la ola, dónde romperá y uno siempre se puede agazapar debajo de ella explica Mauro Cunha, un surfista de Belém, una ciudad en la boca atlántica del Amazonas. El pororoca te da una oportunidad, si no la aprovechas, podrías ser arrastrado hasta el fondo o ser golpeado por un tronco O incluso peor. El río en el cual Cunha y sus compañeros compiten es el hogar de cocodrilos de 6 metros de largo, rayas de río y el pez conocido como candiru una delgada variedad que se aloja en el conducto urinario de un animal más grande, incluyendo los humanos.

Tanto para tomar la ola y minimizar la exposición a los elementos más peligrosos del río, los surfistas se lanzan al frente de la pororoca desde un Jet Ski.

Si el atleta es lo suficientemente afortunado para tomar la ola, tiene que ajustarse a la corriente propia del río y reducir el volumen en su travesía. Las caídas no son recomendables: si bien la ola es alta, el río es poco profundo como para sumergirse y bucear sin el riesgo de golpearse contra el fondo.

Para los surfistas, sin embargo, la emoción es tan grande que el riesgo involucrado bien merece la pena. El surfista Eraldo Gueiros dice tener el récord mundial, aún sin confirmación oficial, de permanecer el mayor tiempo en una ola: 17 minutos sobre el pororoca, alcanzado en el vecino estado de Amapa.

Aguiar compara la emoción de una reciente incursión en el pororoca a su victoria en el Campeonato Mundial de Francia, varios años atrás.

Hacer surf en el Amazonas es parte de un cambio radical en Brasil en el enfoque hacia las actividades de ocio. Embarcándose en la era de los deportes extremos , que ahora gozan de tan ta popularidad en Estados Unidos, los jóvenes brasileños están dejando el fútbol y la samba que han formado a tantas generaciones .

La idea es acercarse a la naturaleza, no dominarla , comenta el surfista Jorge Junior, autor de un libro sobre las olas como vehículo de auto descubrimiento.

En mayo de 1997, Junior, de 31 años de edad, y seis de sus amigos estuvieron entre los primeros en tratar de desafiar al pororoca. Luego de una travesía de 36 horas en bote desde la ciudad de Belém, llegaron al llamado canal peligros oel sitio donde nacen las olas cerca de una isla del tamaño de Suiza que divide la boca del Amazonas.

Fue allí donde en el año 1500 el explorador español Vicente Pinzón mencionó que las olas nacían en grandes cantidades pero no se dio cuenta de que en realidad había descubierto el mayor de los ríos del mundo.

Las olas que Junior y sus amigos encontraron fueron tan imponentes que se vieron obligados a refugiarse en la selva cargando con sus tablas de surfear, algo que causó sensación entre los pobladores locales.

Allí se establecieron en un lugar con olas más manejables cerca del poblado Sao Domingos do Capim, en el estado de Pará, a unos 240 kilómetros desde la desembocadura del Amazonas. En este lugar, el grupo y otros surfistas, casi todos de Belém, organizaron el campeonato mundial de Pororoca.

Una ola de surfistas llenos de tatuajes invadieron el lugar como una pororoca humana. Los funcionarios de salud advirtieron sobre el riesgo de contraer malaria y fiebre amarilla. Los principales criterios de calificación que usan los jueces tienen que ver con quién es capaz de tomar la ola más grande, aquel que ejecuta las mejores piruetas y quien permanece más tiempo sobre las olas.

Después de dos días de competencia, Sandro Rogério, de 25 años de edad se alzó con la primera posición dentro de un total de 10 competidores. La compañía Bad Boy, organizadora y patrocinante del evento, la cual fabrica equipos para el surf y otros instrumentos de ocio, está aún decidiendo cuál será su premio.

Pero la competencia ha atraído la atención de los medios.

Una cámara de la televisión francesa y un sitio brasileño de Internet están siguiendo cada detalle, lo que es un buen anzuelo para atraer futuros auspicios comerciales. Supongo que es difícil escapar totalmente en estos días, incluso aquí señala Aguiar, que en esta ocasión ocupó el segundo lugar de la competencia.

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