POPAYÁN A PASO SANTO

POPAYÁN A PASO SANTO

Visitar la Ciudad Blanca en esta época es como abrir un inmenso portón de madera, sentir el crujir de sus bisagras para adentrarse en el pasado y sus más fervientes tradiciones religiosas.

30 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Un descubrir que se inicia al recorrer sus calles de cal, estrictamente alineadas formando un ajedrez en torno a la plaza principal o Parque de Caldas y adornadas con los eternos faroles que iluminan el paso del caminante.

En ese recorrido por la ciudad que fundó Sebastián de Belalcazar hace 463 años sobre el Valle de Pubenza, huele a pared recién blanqueada, así lo ordena la tradición que se mantienen desde el siglo XVII para esperar la Semana Mayor . Las antiguas casonas que pertenecieron a los héroes, soldados y poetas, se mantienen intactas. Los templos aún guardan el olor a túnicas almidonadas, el eco de los cantos en idiomas extraños y el tañir de sus pesadas campanas.

En esta ciudad, rodeada de las cordilleras Central y Occidental y bañada por el río Cauca, existen 9 templos coloniales con sus campanarios, 6 museos que nos cuentan la historia de Popayán y de sus tesoros como el Arquidiocesan de Arte Religioso que en su bóveda de seguridad guarda las custodias de oro y plata adornadas con esmeraldas y rubíes del siglo XVII.

Por las goteras Para un paseo campestre, se puede hacer un recorrido por las afueras de la ciudad y visitar dos haciendas esclavistas: Calibío y Antonmoreno, viejas casonas de esplendorosa arquitectura y leyendas que dan cuenta de la estadía de los negros esclavos y sus amos.

Muchos son los sitios de interés para visitar. Algunos de ellos como El Puente del Humilladero, construido con ladrillos pegados con una mezcla de clara de huevo con sangre de toro, en los inicios de la ciudad 1537 , los conventos y monasterios y la Torre del Reloj, bautizada por el poeta Guillermo Valencia como La nariz de Popayán , se muestran hoy intactos, pese a sobrevivir a varios sismos, incluidos los más fuertes: el de 1737 y 1983.

Si queremos conocer las expresiones artesanales de la región, el Rincón Payanés es el lugar adecuado. Allí, custodiado por el Morro de Tulcán en el oriente de la ciudad, lugar que según hallazgos recientes fue un cementerio precolombino y centro de rituales indígenas, encontramos lo más representativo de la artesanía y gastronomía payanesa en una construcción que recoge una muestra en pequeña escala del sector histórico de Popayán.

A paso lento En las noches, a partir del Martes Santo, Popayán da la oportunidad de participar de una de sus tradiciones más valiosas: las procesiones. Ese caminar de los cargueros bajo las pesadas andas acompañados de su alcayata (un bastón con una orquetilla de metal) en la que se apoyan solo cuando una pausa en su recorrido lo permite, se constituyen en el eje central de la celebración religiosa.

Una vez instalado el público en los andenes y balcones de las 20 cuadras que conforman el recorrido de las imágenes, el sonido de las escobas que limpian el paso de los cargueros, el humo del incienso que traen las sahumadoras y el golpeteo de la matraca se apropian del ambiente y solo queda esperar el desfile sacro acompañado de cantos fúnebres.

Las procesiones se celebran desde 1537 sin interrupción. Salen desde el Martes Santo hasta el Sábado de Resurrección de los templos tradicionales ubicados en el sector histórico de la ciudad y hacen un recorrido en forma de cruz.

Los personajes que participan en la procesión son acompañados por largas filas de alumbrantes como si fueran dos hileras de fuego.

Notas sacras Paralelo a estas celebraciones se disfruta de uno de los eventos musicales más reconocidos internacionalmente. El Festival de Música Religiosa, que este año llega a su versión 37. Este certamen brinda al público un espectáculo de música sacra con manifestaciones de diferentes países y culturas del mundo.

El escenario de los conciertos durante miércoles, jueves y viernes santos son los templos, pero si no se cuenta con los recursos para pagarse un bono de entradas, se puede ver y escuchar desde una de las gradas de piedra de la Arcada de la Herrería, bajo el sol del medio día, los días lunes y martes, en lo que se ha denominado Conciertos populares.

Pero si hay quienes buscan algo diferente y más alegre, las chirimías con sus interpretaciones folclóricas, son una buena opción. En esta temporada estos grupos de hombres de alpargatas con sus tamboras, flautas y maracas, andan por las calles ofreciendo a los turistas lo mejor de su repertorio.

A las actividades de corte religioso, se agregan algunas menos sagradas pero igualmente interesantes. Un baño de agua caliente en las termales de Coconuco, a una hora de Popayán en sentido oriente, es una alternativa saludable. También, compartir con la cultura indígena Guambiana, en Silvia, al norte de la capital caucana puede enriquecer el espíritu.

SI USTED VA Cómo llegar * Por vía terrestre, a Popayán se llega después de dos horas por la vía Panamericana desde Cali. Costo promedio 8.000 pesos.

* Hay dos vuelos diarios: Avianca e Intercontinental desde Bogotá con tarifa de 250 mil pesos ida y regreso.

* Para hacer recorrido por las afueras de la ciudad: alquiler de taxis 20 a 50 mil pesos dependiendo el trayecto.

* En la ciudad hay paseo en chiva por todos los sitios de interés con llegada al Rincón Payanés. El costo es de 15 mil pesos por persona e incluye guía de turismo.

Alojamiento Popayán ofrece hoteles desde 25 mil pesos por persona en habitaciones individuales hasta 98 mil pesos. Existen casas familiares donde se comparten habitaciones a costos muy cómodos unos 8 mil pesos por persona . Los hoteles ofrecen descuentos para grupos en alojamientos múltiples.

Consejo No olvide visitar el Rincón Payanés. Allí encontrará detalles para regalar como pasos de las procesiones en miniatura, y los lugares tradicionales de la ciudad en cerámica.

Además puede saborear las típicas empanadas de pipían (pasta de papa amarilla con maní), que más bien parecen obras de arte por su pequeñísimo tamaño, los tamales de pipían que al igual que las empanadas se acompañan con ají de maní o de piña, la sopa de carantanta (hojuelas de maíz) y el champús (refresco de lulo con maíz y hojas de naranjo).

Los tamales son baratísimos y se pueden llevar de viaje. Cuestan unos 300 pesos cada uno y las empanadas son a 100 pesos.

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