EL DESQUITE DE LOS RECHAZADOS

EL DESQUITE DE LOS RECHAZADOS

Como primera galería tuvieron los muros exteriores del Palacio de la Industrial de París. Estaban allí porque un jurado los había rechazado; no eran dignos de estar en el Gran Salón de 1863. Sin embargo, el aplauso de los desprevenidos espectadores franceses que pasaban por allí, hizo que muy pronto comenzaran a ser exhibidos en los muros interiores de museos y palacios. Los impresionistas ganaron terreno gracias a una explosión de generosidad que mucho tuvo de visionaria de Napoleón III, quien ordenó que las colagaran en ese lugar para que el público también los juzgara.

10 de mayo 1994 , 12:00 a.m.

Ahora, 131 años después del incidente, el Museo Nacional del Grand Palais realiza una exposición llamada Impresionismo, los orígenes 1859-1869 , con obras de museos de todo el mundo, colecciones privadas y fondos de la galería del Quay D Orsay.

El impresionismo es probablemente una de las escuelas artísticas que más hablan al mundo de hoy. Sus temáticas, en el inicio de lo que llamamos la modernidad , los acercan sin que haya de por medio una distancia histórica o un interés por el pasado. Los impresionistas hablan hoy con su lenguaje de hace 131 años. Y es justamente eso lo que pretende mostrar la exposición Impresionistas, los orígenes , que comienza por la anécdota de Napoleón III y los artistas rechazados en el Salón de 1863.

Entre las obras que no fueron recibidas había varios cuadros de Manet, de Whistler, de Pissarro y de Cézanne; tal vez algún Renoir. Cuando el soberano las fue a ver, según cuenta la historia, se demoró en los cuadros de Cézanne; de Manet admiró el Desayuno sobre la hierba sin decir una palabra, pero mostrando un interés que hoy se conoce gracias a un reporte de la policía hecho por un oficial de la paz : A las 4:40, S. M. el Emperador vino a ver la exposición. Su Majestad examinó con mucha atención las obras rechazadas . Y para completar el pronóstico, cuando el Soberano entró al Salón a ver las obras aceptadas por el jurado, caminó veloz y con gesto distraído delante de El nacimiento de Venus de Amaury-Duval, o el Luis XV y Moliére, de Géróme. Ni una palabra tampoco, a pesar de que había también valores confirmados como Eugene Delacroix o Ingres. Ese año, por lo demás, fue la primera vez que se aceptó la exhibición de fotografías en el Salón, aventura a la que el propio Baudelaire, más bien inclinado hacia los vanguardismos, fue tremendamente hostil.

Hicieron lo que vieron Las obras que hoy expone el Grand Palais pertenecen en su mayoría a las expuestas en los muros exteriores del Palacio de la Industria en 1863. Es decir, a las obras rechazadas por el jurado; aquéllas que tenían la vana pretención (para la época) de convertir momentos del pasado en escenas de la vida moderna .

Precisamente esto fue lo que hicieron, en 1860, Edouard Manet y Edgar Degas bajo la influencia de Coubert y Delacroix. Es la juventud de los que más tarde serían llamados impresionistas , pues Manet, Degas, Monet, Renoir, Pissarro y Fantin-Latour tenían en ese momento entre 23 y 29 años, y aún no se conocían entre ellos. El encuentro vino un tiempo después, a fuerza de ser rechazados en esos primeros años, y luego, por supuesto, en la gran exposición conjunta hecha en el estudio parisiense del fotógrafo Nadar, en el Boulevard des Capucines (1874), sobre la que el crítico Jules Castagnary escribió: Si hubiera que caracterizarlos en una palabra que los explique, habrá que inventar el término impresionistas. Son impresionistas en el sentido en el que no muestran el paisaje sino la sensación que produce el paisaje... .

En efecto, la exposición del Grand Palais muestra cómo el transcurso de los Impresionistas fue, como suele ser, un lento desprendimiento de la escuela predominante (realismo, temas históricos o galantes) para ir a mirar lo que estaba frente a sus ojos: las escenas de la vida diaria, los personajes de la calle y de los bares.

Cada una de las salas del Grand Palais muestra uno de los elementos constitutivos del Impresionismo en sus inicios: lo histórico convertido en actual, como El combate de las naves norteamericanas Kearsage y Alabama, de Edouard Manet, hasta la importancia de formas como el retrato, la marina y el paisaje en todas sus formas (el bosque, la playa) y, en medio, recibiendo la influenia de Corot, Daubigny y el mismo Rousseau, los grupos de personas paseando al aire libre.

Pero la celebración de la vida cotidiana va aún más allá en estos años de orígenes impresionistas: naturalezas muertas, bodegones, retratos de personajes con flores u objetos (Mujer acodada con jarrón de flores, de Degas, o Naturaleza muerta con péndulo, de Cézanne) llaman el interés de los pintores. Y cómo no, cuando se trata de la vida moderna, la diversión y el juego, los conciertos (La orquesta de la Opera, de Degas), las carreras de caballos (Carrera en Longchamps, de Manet]), las fiestas campestres (Renoir), etc.

Y un último detalle impresionista entre muchos: los cambios en el tamaño de los cuadros. Durante el llamado II Imperio en Francia, las grandes composiciones no convenían a los espacios más bien restringidos de los apartamentos de la burguesía. Entonces los pintores se adaptaban, especialmente la escuela de Barbizon. Pero Pissarro, Sisley y Monet no quieren reducir sus espacios y siguen haciendo enormes composiciones que quieren suplantar a la naturaleza, traerla al muro. Cezanne y Renoir hacen lo mismo, y sólo hasta 1870 comienzan a darle prelación a los formatos pequeños.

En fin, el Grand Palais, en una exposición dentro de la línea de lo didáctico, termina por mostrar todos los elementos que luego serían desarrollados por los impresionistas: la luz, el instante, en suma, el mundo que estallaba alrededor de sus ojos. Como dijo Manet: Hice lo que vi .

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