EL ALCALDE Y EL METRO

EL ALCALDE Y EL METRO

La carta que a principios de este mes envió el Alcalde de Bogotá a los ministros de Hacienda y Obras y al Jefe de Planeación, busca revivir la discusión sobre el tema del Metro de Bogotá y definir de una vez por todas si la Administración Gaviria está interesada o no en este proyecto. En su misiva el doctor Juan Martín Caicedo resume muy bien el estado en que se encuentra tan importante pero a la vez controvertida iniciativa. Como bien lo señala el Alcalde, para nadie es una sorpresa que uno de los más delicados problemas de Bogotá es el transporte y la movilización de sus habitantes. La construcción de un Metro contribuiría sobremanera a aliviar este problema, aunque por supuesto no lo resuelve en su totalidad. Todos los estudios están hechos y falta la decisión política para iniciar la obra (o enterrarla definitivamente).

20 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Un aspecto de suma importancia es el financiero. En estas columnas hemos dicho que somos partidarios del Metro siempre y cuando sea viable económicamente. Parece que la Administración Distrital ha realizado todo tipo de estudios y le ha propuesto al Gobierno Central varias alternativas. La conclusión básica es que por la vía del sobreprecio a la gasolina (que en el peor de los casos sería del 20% en términos reales) se puede financiar el proyecto en su totalidad.

Si las cuentas del Alcalde son correctas, bien haría el Gobierno Central en estudiar seriamente esta posibilidad. El presidente saliente del Concejo, Julio César Turbay Quintero, lo puso en términos de sentido común: tarde o temprano Bogotá tendrá Metro y es mejor hacerlo ahora que después, cuando resultará más caro. Precisamente uno de los atractivos de aprobar ahora la obra es la oferta tan aparentemente atractiva de financiación ofrecida por los italianos, oferta que obviamente no es ad-infinitum.

El Alcalde solicitó del Gobierno Central la rehabilitación de los corredores férreos de la Sabana y un aval para ciertos créditos. El ministro de Hacienda no se ha mostrado muy amigo del Metro. No lo culpamos. Estas obras muchas veces se vuelven elefantes blancos; su costo resulta mucho mayor al previsto y el Gobierno Central acaba pagando los platos rotos, como sucedió en Medellin. Es una inversión grande que no produce divisas, razón por la cual no le gusta al Banco Mundial. Además le desplaza capacidad de crédito externo al Gobierno, pues si bien el aval no significa erogación alguna, sí se contabiliza dentro del cupo normal de préstamos. Por todas estas razones, y algunas otras, el metro no se compagina con el plan macroeconómico del Gobierno , según expresó el doctor Hommes.

Los argumentos del Minhacienda son lógicos, pero rebatibles. También hay que tener en cuenta la necesidad del conglomerado humano más grande del país, como es su Capital. A Bogotá siempre se le acusa de centralismo cuando es más bien su víctima. La deuda de la Nación con el Distrito es muy grande. Por cada peso que pagó de IVA el año pasado recibió menos de cinco centavos. Si de justicia se tratara --y del número de colombianos beneficiados-- el Gobierno Central no solo debería avalar los créditos sino aportar al proyecto.

Hace bien pues el burgomaestre en luchar por el Metro y buscar una definición de una vez por todas por parte del Gobierno Central. La indefinición a nadie conviene. Nuestra posición sigue la misma: si de veras es económicamente viable y las cuentas del Alcalde son correctas, lo apoyamos sin reservas. De lo contrario semejante inversión no tendría sentido.

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