CAMINO A LA DESESPERANZA

CAMINO A LA DESESPERANZA

Como en todo debate criollo, donde se fijan posiciones pero no se logran conclusiones, no queda sino el inoficioso recurso de la constancia, de escribir una queja sentida, una inconformidad, porque una vez m s estamos cerca de otro de tantos fracasos en que terminan las posibilidades reales de lograr acuerdos para superar la inercia de Ibagué, o mejor, para frenar su desbocada carrera hacia el atraso.

29 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

La verdad es que, salvo valiosas excepciones, lo dicho y escrito sobre el IBAL han sido argumentos de forma y no de fondo. El fondo para nosotros era un asunto de intereses: el interés ajeno y el interés local. Para quién ser la rentabilidad de un buen negocio en 20 años? Cuál es el futuro de nuestras cuencas hidrográficas en un horizonte de 20 años? Cómo lograr cobertura del servicio con igual calidad para toda la población? La modernización, los alcances técnicos, etc. en cualquier alternativa tienen que considerarse, por ello creemos que aunque importantes son asuntos de forma. Los ibaguereños tendremos que aplazar por muchos años la posibilidad de proyectar para nuestro beneficio otra de las empresas de servicios públicos, el IBAL, pues se entregar al usufructo de empresarios externos; sacrificaremos la urgencia de despertar el espíritu empresarial, pues nuestros dirigentes públicos no creen en el talento tolimense y quieren que continuemos de gregarios y espectadores de actores económicos externos; renunciaremos a la posibilidad de los consensos que integren el espíritu ciudadano, para continuar en una sociedad fragmentada por los pequeños intereses personales; nos sumiremos en la pasividad ante la imposibilidad de generar confianza, autoestima social y grandes proyectos colectivos. Como al momento de escribir estas líneas tenemos la percepción de que no existe, en quienes tienen la sartén por el mango, ni la conciencia, ni la voluntad para visualizar en forma integral una dinámica futurista de la ciudad y sus ciudadanos, ni los arrestos para intentar las grandes estrategias para el largo plazo, negándonos así la posibilidad de construir símbolos de orgullo y riqueza material, nos parece un esfuerzo inútil el seguir argumentando las nociones de pertenencia. Intentaremos entonces otro razonamiento. Partiendo del supuesto de que en el Tolima admiramos a los paisas y les tenemos -por lo menos este servidor les tiene- una envidia sana, sería bueno hacer un recorrido por su geografía y constatar cuántas empresas de servicios públicos en el eje cafetero y Antioquia han sido entregadas en concesión a intereses ajenos a los intereses paisas y en cuántas han buscado fórmulas para equilibrar la necesidad de modernización, eficiencia y proyección sin sacrificar los intereses comunes. Conviene realizar un esfuerzo para examinar cómo piensan y actúan aquellos que son prósperos y cómo pensamos y actuamos aquí, en esta tierra de la insolidaridad, donde quienes se empeñan en propósitos grandes siempre se quedan solos. Imitemos, está bien, pero imitemos lo bueno, aquello que conviene a nuestros hijos y no las engañifas que nos imponen los tecnócratas insensibles y despistados de las altas esferas del estado, que nos guían con su sapiencia neoliberal hacia los más sombríos campos de la desesperanza.

Gerente General de Cooperamos

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.