UNA ASTILLERA QUE SE SALVÓ DEL NAUFRAGIO

UNA ASTILLERA QUE SE SALVÓ DEL NAUFRAGIO

Sobre un fracaso se construyó la empresa astillera más importante de Buenaventura. Fue una idea que naufragó, pero que finalmente se salvó. Roberto Betancourth Molineros es un hombre que a sus 65 años siempre ha vivido junto al mar. Es el diseñador, gerente, dueño, calculista, mandadero y hasta barrendero de Construcciones Navales. El mismo lo reconoce. Pero esto no significa que no delegue. Sencillamente le gusta hacer todo.

20 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Nació en Tumaco, por eso lleva el olor del Pacífico en su sangre, y la vena de constructor se la heredó a su familia. Sus tatarabuelos fueron constructores navales. Estudió ingeniería mecánica en la Universidad Industrial de Santander e ingeniería naval en Estados Unidos y se radicó en Buenaventura.

El sabía que para comprar un astillero necesitaba mucho capital. Entonces se paseó de chatarrería en chatarrería, de ferretería en ferretería y, poco a poco, con una buena dosis de imaginación, montó su propia grúa. Trabajó, entonces, con la American Training Mantenimiento, en rellenos en el Puerto. Esta compañía extranjera decidió abandonar tierra colombiana y al marcharse le dejó gran parte de su maquinaria. En ese entonces sólo tenía un pequeño taller en un lote que alquiló por 20 mil pesos mensuales, cerca de la Base Naval. Allí se dedicó a hacer reparaciones navales.

Con este regalo fue organizando su pequeña empresa. Transcurría el año 1965, cuando hice sociedad con una familia de Buga y perdí todo. Me robaron el astillero. Fue un golpe muy duro. Pero pronto me di cuenta de que había perdido algo físico, pero no lo que hay dentro de mi cabeza. Y yo estaba encaprichado en montar mi empresa .

En 1972 volvió a arrancar su proyecto, y el 16 de marzo de 1971 consolidó su empresa: Construcciones Navales, ubicada a pocos pasos del puente El Piñal. Consiguió tres trabajadores del mercado común. Ahota tiene 25. Sus activos iniciales fueron de 220.739 pesos y hoy llegan a 7 084.757.

No hay épocas de gran producción. Este es un negocio fluctuante y está sujeto a la necesidad del armador (el dueño del barco, el que lo paga). Al armador nativo por tradición le gusta el barco en madera, más que el metálico. Pero el metálico es más seguro y liviano. Además es resistente, según Betancourth.

En 1960 construyó su primer barco, un camaronero, contratado por la firma portuguesa la Francisco Da Luz D Conceicano Concecione. Ante la estrechez de su taller le tocó llevarse el barco al parque de Santander, en una grúa y después lo echaron al mar. Lo vendió barato. En 450 mil pesos, con un motor caterpillar 342.

A él no se le puede olvidar aquel contrato. El primer barco que él tuvo en su taller fue para mantenimiento. Desde entonces le dedicó mucho tiempo a tomar tinto con futuros clientes para convencer a alguno que lo contratara para construir un barco. Los portugueses se decidieron y creo que fueron muy valientes por darme aquella oportunidad. Prácticamente no me dejó ninguna utilidad, para mí lo más importante era demostrar que no era necesario importar. Ese barco tiene los mejores records de pesca . La curvas mandan Este tumaqueño ha construido 48 barcos. De cada uno tiene fotos, incluso de cuando se les montó la quilla. Todos con capacidad entre 80 y 120 toneladas. La construcción de uno se calcula en 120 días; hasta cuando les hace las pruebas de estabilidad estática y dinámica.

Betancourth como diseñador de barcos se inspira en las mujeres bonitas. Por aquello de las curvas , dice. Al barco hay que hacerle curvas hidrostáticas. En otras palabras, la cuña de inmersión de la cadena para generar la forma más hidrodinámica.

Además, es un hombre necio porque sacrifica su tiempo libre para sacar adelante un proyecto. Sus diseños son para todos los gustos. Siempre realiza un anteproyecto y en muchos casos hace la maqueta porque hay armadores que no interpretan planos.

En enero espera entregar el primero de dos trimarones (tres cascos), construidos en Buenaventura. Con eslora de 17.50 metros. Una manga de 4.20 y un puntal de dos metros. Son dos barcos hospitales, con rampa para ingresar los enfermos o heridos, solicitados por la Gobernación del Valle. Culminó, igualmente, el anteproyecto de un barco para bucear.

Su empresa, además de contar con el astillero, tiene un taller de mantenimiento y reparación. También hacen anclas. El principal problema en la construcción de barcos es el clima. Buenaventura es un municipio muy lluvioso. Pero cuando afuera llueve, se trabaja adentro, pues resulta muy costoso cubrir el astillero. Además, por estar cerca a los manglares y a orillas del mar, aprovecha la fuerza de la marea para probar sus construcciones navales. Las mareas alcanzan hasta los 16 pies.

Betancourth no tiene su propio barco, pero sí un bote de velocidad. El barco de su sueño debe ser polivalente: atunero, con red de cerco, rastreo y que sea lo más versátil. Por sus costos seguirá siendo un sueño.

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