REMINISCENCIA DE UN COFUNDADOR DE GUAMAL

REMINISCENCIA DE UN COFUNDADOR DE GUAMAL

Solamente la muerte en días pasados de un gran dirigente y cofundador del pueblo podría sacudir a sus habitantes en plenas fiestas. A las autoridades para decretar día de duelo y condecorarlo post mortem, y a la gente para acudir a su templo de San Isidro a despedirlo y, a agradecerle la consagración de casi toda su existencia a la lucha por el nacimiento desarrollo y progreso de un municipio cargado de historia, sufrimiento, superación y nobleza.

28 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Su nombre era Valentín Vargas Orjuela. Llegó evidentemente, a orillas del tormentoso río Guamal, de la mano de su padre el recordado viejito don Julio Vargas Pinzón entrañable amigo de monseñor Gregorio Garavito, para ponerse al frente de las faenas agrícolas de la tierra de su progenitor.

Entonces se desplazaban familias enteras de ascendencia conservadora que, como hoy, huían de los enfrentamientos partidistas de ayer en departamentos como los santanderes, Boyacá, Tolima y Caldas. Valentín les tendió la mano, los ayudó a organizar, a construir la iglesia, tarea esta última en la que según los dibujos de mis recuerdos de niño alcancé a participar.

Desde esa época y siempre dinámico e inquieto, se entregó de lleno al pueblito que tanto amó, y que lo apartó de su carrera de aviador, como que fue después de haber estudiado en Estados Unidos, uno de los pioneros de la aviación en el país, al lado de su compañero el famoso general Powels. Valentín estuvo vinculado en Guamal su pueblo del alma a cuanta actividad allí se desarrollara. Dirigente cívico, gremial, político y deportivo. Ocupó casi todos los cargos que ofrece la organización municipal.

Especialmente inclinado al sector agrario fue revisor fiscal de la Federación Nacional de Cacaoteros y de la junta directiva de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (Anuc). En Villavicencio, presidente de la Asociación de Pensionados del Seguro Social y teniente cofundador de los bomberos voluntarios.

Luchador incansable, llegó a los 81 años ejerciendo continuamente su postura de fiscal implacable y vigilante acucioso hasta del último peso del erario. Fue de esos hombres que hacen crecer con el tiempo la necesidad de su presencia en la vida de los pueblos campesinos.

No hay duda que así lo sentirá Guamal en los próximos años cuando ya valore objetivamente su existencia. Se adelantó Valentín, en el camino que todos recorremos, para ir a encontrarse con su hermano Enrique Vargas Orjuela, quien lo había dejado apenas hace 4 meses y de cuya ausencia nunca se enteró.

*Catedrático e investigador

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