LOS 40 INFARTOS EN EL DÍA

LOS 40 INFARTOS EN EL DÍA

Todos los días alguna zona de Bogotá está sin agua. Culpables: cuarenta tubos que diariamente se rompen en la capital. Es inevitable. Una gran parte de las instalaciones de la ciudad ya cumplieron su ciclo de vida y en su larga agonía terminan explotando. En otras, son los camiones de gran tonelaje los que provocan las averías.

20 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Así que en cualquier momento el daño aparece y deja desde una manzana, y hasta a diez mil habitantes, sin una sola gota. En el mes, mil doscientas secciones de tubo se cambian en toda la ciudad.

El sur es el que más sufre. Por lo menos unos veinte tubos se rompen al día y le cambian el genio a las amas de casa. Los desvíos del tráfico son culpables a veces de que el pavimento se hunda y el tubo pague las consecuencias .

Le sigue el centro con unos once roturas, generalmente más graves, ya que la tubería es más vieja y la reparación toma más tiempo. Pero el norte tampoco escapa a las emergencias. Nueve tubos ponen a funcionar el conmutador de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB) a todo vapor.

Con esas llamadas comienza la jornada para las operadoras que, en un día rutinario, reciben dos mil llamadas. Ochocientas son reclamos por ese servicio. Las otras tiene que ver con alcantarillado o quejas sobre un mismo sitio.

Así de a poquitos, en un día normal, puede haber entre ocho mil y veinte mil personas con un obligado racionamiento. En el mes, medio millón de personas han tenido que irse a bañar a la casa de un familiar o comer afuera.

Cada daño cuesta por lo menos treinta mil pesos y siempre hay doscientas personas dispuestas a atender esas emergencias. Y aunque generalmente se atiende inmediatamente, solucionar los problemas no es sencillo. Ocho carros en cada zona (norte, sur y centro) reciben por radio teléfono las quejas y se desplazan a los sitios. Pero antes se estudian las prioridades, ya que a cada vehículo le toca atender por lo menos 22 reclamos en una jornada.

Así que se auxila los daños mayores, los que dejan a más cantidad de gente sin agua. Los otros quedan en lista de espera. Por eso, la misma gente opina que: Es mejor que el daño sea grande para que lo arreglen más pronto .

Los tubos que más se rompen son de tres o cuatro pulgadas, que dejan desde diez familias a una manzana sin agua. Son considerados como daños mínimos o normales. Esos son los que esperan. Las emergencias comienzan con los tubos de 12 pulgadas que dejan a unas diez mil familias sin el líquido. Se localizan y se trabajan de día y de noche, hasta que se arregla. A veces surgen complicaciones, ya que no es un solo daño sino varios. Un paso al futuro El tamaño de la emergencia también depende de las válvulas de control. Hasta hace unos cinco años el daño de un tubo de agua podía dejar a toda la ciudad sin agua.

Ahora se limita la zona que queda sin el líquido. Fue con los arreglos en Suba que las válvulas se convirtieron en una medida popular. Cuando se comenzaron los trabajos, desde el Quirigua, Bachué, hasta el barrio Garcés Navas y parte de Suba quedaba sin el servicio.

Así que se inició la intalación masiva de esos registros para realizar las ampliaciones y las reparaciones. En este momento están regados por toda la ciudad y se piensa colocar más. Es la única manera de dejar a la menor cantidad de gente sin agua.

Pero a veces es necesario cerrar cuatro a cinco válvulas para poder emprender una reparación. Claro que a veces hay imprevistos que alargan la sequía. En el barrio Bochica pasó. Cuando la gente amplía sus zonas verdes o jardines construyen sobre las válvulas que generalmente pasan desapercibidas.

A veces los obreros las buscan pero no las encuentran. En una ocasión quedó dentro de una casa por la ampliación que hizo una familia de su residencia. Eso también entorpece el trabajo de las cuadrillas de la EAAB.

Sinembargo, son los daños pequeños los más difíciles de solucionar y los que más se presentan. El 30 por ciento de los reclamos tiene que ver con los llamados alargadores y subidores . Una pequeña sección de tubo que hace que el agua llegue a la casa. Es lo que más frecuentemente se daña y su reparación aunque rutinaria, siempre presenta dificultades. Es ese diablillo que hace de las cosas pequeñas grandes problemas sin haber una razón muy clara.

Por dentro, el engranaje de la empresa de Acueducto funciona bien. Por radioteléfono se controla todo, desde el nivel de los embalses y los tanques, hasta la rotura de los tubos. Se trabaja a conciencia, solo que afuera la gente no ve todas las complicaciones técnicas. Así pasó con reciente racionamiento para arreglar el tubo que traía el agua para la capital.

Tenemos ochocientos mil usuarios y los reclamos son menos de uno por ciento. Eso habla bien de la Empresa. Evitar los daños es imposible. Eso sí los solucionamos lo más rápido , dijo Luis Alejandro Acosta, subgerente de operaciones.

Arrancar de raiz el problema es de mucho tiempo. Son seis mil quinientos kilómetros de tuberías que atraviesan las entrañas de la capital. Es decir, una carretera en línea recta entre Bogotá y Nueva York. De esos 531 kilómetros deben de ser cambiados, son como un camino de herradura que interrumpen el tráfico normal, en este caso del agua.

Esa tubería se colocó hace más de 50 años. Es cemento y albesto y frecuentamente presenta problemas. En el norte es la acidez de la tierra lo que hace que el tube explote. En el caso de Chapinero, Teusaquillo, el Campín, Santafé y hasta el mismo centro es la humedad la que ocasiona las emergencias.

Desde este año se invertirán cuatro mil cuatrocientos millones en renovación de redes. El programa se llamará Paz y pretende en algo más dos años cambiar cerca quinientos kilómetros, los más dañados. Solo que el trabajo no se puede hacer de la noche a la mañana. Este año por ejemplo solo se alcanzán a cambiar sesenta kilómetros, algo que parece insignificante frente a la gran vía del agua.

El programa se reforzará con otros cuatro mil cuatrocientos millones en la construcción de nuevas redes.

Son los primeros pasos hacia esa ciudad del siglo XXI que pretende tener como una historia bonita los tanques y el chorros de padilla y no como un presente.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.