ACIAGAS NUBES SOBRE EL HORIZONTE

ACIAGAS NUBES SOBRE EL HORIZONTE

No. No son halagadoras las iniciales horas de este 1991. El año capicúa comienza con fatídicos signos de universal locura. Mientras escribimos estas notas de inquietante pesimismo aún no se ha oído el primer seco golpe de muerte de las funestas armas que la oscura imaginación homicida y satánica, que el hombre ha ideado para su auto-destrucción. Sinembargo todo parece indicar que la tercera guerra mundial asoma sus devastadoras fauces asesinas. La criminal terquedad de un hombre --Saddam Hussein-- impone una crueldad exterminadora de su bestial locura y amenaza con destruir los cimientos de la civilización occidental. Sin percatarse --o acaso criminalmente de ello percatándose-- que su insania puede tener la dimensión de una catástrofe universal. Partiendo de un abominable acto de fuerza como fue la arbitraria y violenta ocupación de Kuwait, Iraq --más concretamente Hussein-- pretende embarcar al mundo en una conflagración de proporciones gigantescas, máxime si cumple su siniestro desi

20 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Es posible que todos tengamos temor de lo que puede sobrevenir, pero aún no tenemos clara conciencia de todo cuanto habrá de significar el terrible flagelo bélico. De todo cuanto habrá de representar como trastorno de nuestros hábitos de vida cotidiana. Porque un enfrentamiento tan brutal como el que amenaza a la humanidad entera significará el encuentro de dos fuerzas igualmente poderosas. Porque eso de que en cinco días a lo sumo la capacidad guerrera de los Estados Unidos, acrecida con la relativa ayuda de naciones aliadas, dará buena cuenta de la capacidad militar de Iraq, no deja de ser una utopía ilusoria. La guerra, de producirse, será larga, costosa y atrozmente sangrienta. Pensar que será cuestión de a lo sumo una semana, más que un melancólico engaño es una solemne tontería. De modo que cuanto nos espera es nada más ni nada menos que una guerra fatal, con el agravante de que el poder mortífero de las armas ha acrecentado su ya insuperable capacidad destructora. Nuevas armas de incalculable poderío devastador. Es decir solo un desgarrador panorama de humana locura. Así por ejemplo las bombas amasadoras y envenenadoras. Todo un desgarrador panorama de humana locura.

Mientras todo esto amenaza la convivencia universal, el país, nuestra Colombia, se dispone a una tarea de transformación institucional. Acaso la guerra, si viene, no afecte el proceso de la Constituyente. El país ha puesto sus esperanzados ojos en la labor que en febrero emprenderán 70 ciudadanos elegidos popularmente. En ello ha fincado la ilusión de una Colombia mejor: más justa, mejor organizada, acorde con los tiempos que corren, y, sobre todo, con los que vendrán. Porque es pensando en lo por venir como deberá actuar la augusta Asamblea. Por lo mismo que se reúne en momentos mundialmente difíciles, ha de obrar con mayor cordura. Adecuando sus trabajos a la severidad de la hora presente. Y no solo la mundial, de suyo amenazante, sino la nacional perturbada por la acrecentada violencia de las guerrillas subversivas. No. No son --repetimos-- halagadoras las iniciales horas de este capicúa 1991.

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