ESTADOS UNIDOS DEFICIT... QUIÉN DA MENOS

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La decisión era la adecuada. Había que apretarse el cinturón o se disparaba el gasto público. El déficit fiscal de Estados Unidos continuaba su ascenso vertiginoso. Cada año que pasaba se registraba un nuevo record en los desfases presupuestarios. Y el déficit comenzaba a representar un costo político tanto para la Casa Blanca como para el Congreso. No había alternativa. La rama legislativa tomó la iniciativa. Los republicanos Phil Gramm y Warren Rudman y el demócrata Ernest Hollings introdujeron un proyecto de ley en 1985 que obligaría a una disminución gradual y anual del déficit. La propuesta fue aprobada por el Congreso y el entonces presidente Ronald Reagan. Así nació la hoy controversial ley Gramm-Rudman (por alguna razón extraña, el nombre de Hollings es generalmente omitido por la prensa).

21 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

La crisis actual del presupuesto, que incluyó un cierre temporal de los servicios federales no esenciales, tiene parte de sus raíces en las medidas draconianas estipuladas por Gramm-Rudman-Hollings. Y también se debe al proceso presupuestario que este año tuvo aún mayores dificultades.

En síntesis, la ley de 1985 exige que sea aprobado el presupuesto con reducciones al déficit antes del comienzo del año fiscal (primero de octubre). Si el Congreso y el Ejecutivo fracasan en llegar a un compromiso en esa fecha, se producen recortes automáticos en los gastos sociales y de defensa hasta llegar al tope del déficit asignado por Gramm-Rudman-Hollings que en 1991 es de 64.000 millones.

El 50 por ciento de las reducciones que faltan salen del presupuesto del Pentágono y la otra mitad corresponde a programas domésticos. Es así que los proyectos de ayuda social como educación, salud y compensaciones de desempleo sufrirían severos reajustes. Por miedo a enojar al electorado mayor de 55 años, el Servicio Social fue excluido de la ley.

La mayoría que respaldó la ley quería inculcar responsabilidad fiscal en el Congreso y la Casa Blanca. Gramm-Rudman-Hollings también representaba una válvula de escape para algunos legisladores: podrían culpar a la ley de cualquier recorte impopular en su estado. Así no tendrían que comprometerse votando por un presupuesto potencialmente controversial.

En últimas, Gramm-Rudman-Hollings busca un presupuesto equilibrado. Nunca se ha aplicado esa ley en su totalidad. En el Congreso se habla incluso de revocarla, pero fuentes legislativas creen más probable una prórroga por unos años más. Porque si se siguiera a la letra, en el año fiscal 1992 el déficit tendría que ser de 28.000 mil millones y en 1993 de cero. La separación de poderes Todo comienza un frío día en enero. La rama ejecutiva somete su versión ideal del presupuesto al Congreso. Y casi siempre, desde un comienzo, los líderes legislativos lo condenan al fracaso pero lo utilizan como un punto de partida. Esto ocurre especialmente cuando el partido contrario al Presidente tiene mayoría en las dos cámaras. Como es la situación ahora.

Las comisiones del presupuesto del Senado y la Cámara de Representantes presentan una propuesta que delinea los puntos principales. Se reúnen en abril los líderes de los comités --la llamada conferencia-- y llegan a un acuerdo que es luego aprobado por las dos cámaras. Establecen así las prioridades generales.

Después el presupuesto acordado es enviado a las diferentes comisiones encargadas de gastos como el de Finanzas y la Bancaria. Ellos están encargados de los detalles del proyecto de ley. Así que se hizo una conferencia para decidir las autorización de los fondos. Nuevamente el Senado y la Cámara votan sobre eso.

Y ahora viene lo más delicado. Los proyectos de ley de autorización pasan a todas las comisiones que deciden y luego someten sus pedidos de gastos a las comisiones de apropiación. Ahí se presentan las grandes diferencias políticas. Lo que salga termina siendo el presupuesto definitivo... se espera que sea antes del primero de octubre.

Pero en 1990 el Congreso y la Casa Blanca decidieron alterar el proceso con el fin de agilizarlo y evitar la situación que terminaron viviendo este mes. Convocaron en junio una cumbre entre los líderes de ambos partidos. Como era de presumirse, hubo el tradicional forcejeo entre los demócratas y los republicanos sobre si la mejor forma de reducir el déficit era aumentando los impuestos o reduciendo el gasto público en programas de servicios sociales.

Tras el impasse en junio, hubo un nuevo encuentro en septiembre donde asistieron un reducido grupo de legisladores y miembros de la Casa Blanca. El acuerdo al que llegaron fue rechazado por la Cámara de Representantes fundamentalmente por dos razones. Primero, los congresistas se sintieron ignorados tanto por su liderazgo como por la Casa Blanca. Y segundo, la proximidad de las elecciones legislativas donde están en juego la totalidad de las bancas de la Cámara (435).

La propuesta de la Casa Blanca y los líderes partidistas incluía más impuestos (veneno para los conservadores republicanos) y recortes en servicios sociales (pena de muerte para los liberales demócratas).

El nuevo presupuesto que se está estudiando sí pasó por los comités apropiados. Dan Rostenkowski, presidente de la comisión de Finanzas, lo definió mejor: No tendríamos este problema si se hubiera seguido el proceso normal .

A pesar de la tranquilidad que reina hoy en Washington, en realidad el límite de Gramm-Rudman-Hollings será violado. El pronóstico del déficit dejó por fuera los 130.000 millones de dólares que le costará al Gobierno recapitalizar las corporaciones de ahorro y vivienda pero sí incluye el excedente de Seguridad Social que es de 46.000 millones. Humo y espejos , como los describió el presidente George Bush.

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