IMPERIOS VIENEN, IMPERIOS VAN

IMPERIOS VIENEN, IMPERIOS VAN

De Austria partimos en un escuadrón de veinte avionetas. Atrás queda Viena, con sus sueños de Imperio. Como presidente de la Federación Aeronáutica Internacional voy al mando de un bimotor prestado, pero en el escuadrón hay de todo; hasta un alemán en monomotor de tela, y sin instrumentos. Dice que lo demás no es sportif . Pasamos la cortina de hierro, que todavía existe, y pernoctamos en Split, Yugoeslavia. Esta ciudad la construyó el Emperador Adriano y sigue siendo imperial. La recepción la preside un ministro, y me toca contestar su discurso en alemán, que en los Balcanes es la lingua franca . Al día siguiente, domingo, la iglesia católica está llena de niñas bonitas en blue-jeans. Serán servias, croatas, eslovenas, o macedonias? En los Balcanes cabe todo. Por la tarde seguimos a Dubrovnik, la amurallada y cuando reviso el escuadrón, me falta el piloto inglés. Al fin aterriza, y su explicación es sencilla: Volaba bajo, curioseando una de las mil islas del Adriático, cuando d

19 de enero 1991 , 12:00 a. m.

Saltamos las montañas y aterrizamos en Sofía, Bulgaria. Se nota que varias veces ha formado parte del Imperio ruso. Ahora me falta el piloto francés. Al día siguiente aterriza con su cuento: Se me acabó la gasolina y caí en un potrero. Un campesino me consiguió combustible y me dio de comer... pero, señor presidente, qué horror, qué comida . Cada loco con su tema. Seguimos a Varna, el balneario búlgaro sobre el Mar Negro. Frente al mar se asolean unas señoras en ropa interior; afortunadamente hasta quí no ha llegado la tanga. Por la playa pasan caravanas de camellos, y tierra adentro se asoman unos minaretes. Aquí estuvo el Imperio turco.

Llegamos a Rumania. En Bucarest hay iglesias ortodoxas, pero se nota un ambiente latino; en cada parque hay una pequeña biblioteca pública ( buena idea!), y no me resulta difícil leer en rumano. El banquete oficial es en un jardín, luego supongo que no habrá que ser muy puntual. El hotel es moderno y con tina; qué descanso! Cuando llego a la cena todos están sentados y mi silla me espera al lado del ministro. No me siento capaz de inventarme otro discurso en alemán, de modo que me paro y digo en francés: Por fin estoy en un país donde puedo hablar una lengua latina . Hay ovación y suenan los violines. He dado en el clavo y no necesito inventar más: esta gente se siente vanguardia del Imperio Romano en un mundo de eslavos salvajes.

Seguimos a Hungría. En Budapest, la avioneta del gringo aterriza en Buda en vez de Pest (o al revés, quién se acuerda...) Mientras arreglamos el lío policial los gringos no le dan importancia ni a la comida ni al té. El ministro nos ofrece una fiesta a bordo de un barco sobre el Danubio. En mi honor suenan las czardas , y a bailar; pero de pronto alguien descubre que Lita, mi mujer, es bisnieta de un héroe del Budapest imperial, y yo paso a segundo plano. Nada más snob que el Imperio comunista.

Salimos de la cortina y regresamos a Austria, a Salzburgo. Mi discurso es en el Mozarteum , donde hubiera preferido admirar ninfas y angelitos barrocos. Entre aplausos oigo un soto voce : El presidente habla bastante bien el alemán, pero parece que se le está acabando el léxico . Es cierto.

La gira termina en Alemania, en Munich, cuyos edificios, reconstruidos guerra tras guerra, son de estilo imperial. Los bávaros son monárquicos y la recepción la preside el Kronprintz , que es piloto. Las señoras, aún más bonitas que las de Split, le hacen reverencias imperiales.

Imperios vienen, imperios van..., que lo diga Gorbachov, que anda echándole costuras al Imperio ruso para que no se desbarate.

Cuando las grandes uniones como la europea reemplazan a los imperios, las fronteras de las naciones-estado se van desdibujando, y reviven unas nacionalidades mucho más antiguas: las regionales. Los alemanes se sienten más bálticos o bávaros; los franceses, más bretones o provenzales; los españoles, más vascos o catalanes; y los italianos más piamonteses o sicilianos. Es que dentro de las 200 naciones que hoy se dividen la Tierra existen cinco mil patrias chicas que cada día cobran más fuerza, y del centenar de conflictos armados que hoy arden en el mundo, dos tercios son regionales. Sin embargo, en la Unión Europea las regiones tienen que reclamar sus derechos dentro de un orden continental, y a este orden acabarán por entrar todos los países del continente. Hasta los Balcanes se tendrán que desbalcanizar.

En cambio en Latinoamérica, como de costumbre, seguimos la corriente, pero a medias. Cada día somos más antioqueños, más costeños, más andinos, más paulistas, o más rioplatenses, pero avanzamos poco hacia una unión continental. Nuestro regionalismo florece en una selva tan caótica, que seguimos siendo los Balcanes del Nuevo Mundo. Será que estamos condenados a ser para siempre Balcano-América?

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