OTRA VIDA

OTRA VIDA

Son personas declaradas clínicamente muertas que volvieron a vivir , o estuvieron en un estado distinto . Su caso se denomina Experiencia en el umbral de la muerte (EUM). Así la llamó en Vida después de la vida el doctor Raymond Moody.

20 de febrero 2000 , 12:00 a.m.

Platón narra el fallecimiento del soldado Er: colocado sobre la pira, volvió en sí y contó cómo su alma se separó del cuerpo, que existían aberturas al más allá, que había unos jueces que le dijeron que debía volver para informar. El libro de los muertos egipcio y el tibetano De los espíritus del más allá o El bardo Thodol, son guías en lo desconocido. Según este último, el moribundo abandona el cuerpo y pasa a un vacío, observa a sus familiares, puede atravesar montañas y paredes, se traslada al instante a cualquier parte. Los tibetanos aconsejan al moribundo que cuando vea una luz se acerque con humildad. Se menciona un espejo que refleja la vida, para que él y los que lo juzgan vean con claridad. Describen inmensa paz para el que muere bien .

María Teresa Andrade Blanco de Carrillo Neiva Padres: Felio Andrade Manrique y Ruth Blanco Casada con Luis Fernando Carrillo, 4 hijos Residencia: Bogotá Católica Enero l7 de l975, cumplía l3. Fuimos a Neiva a la finca de Alvaro Manrique y su esposa, mis padrinos. Allá unos amigos, Milcíades y Gladys Cabrera, nos invitaron a mi hermana Gema y a mí a su finca. Mi hermana no quería pero insistí y fuimos. Los Cabrera mandaron a su hijo Mauricio a Gigante de compras. Gema, otros muchachos y yo lo acompañamos. En el jeep íbamos nueve. Serían las siete de la noche y llovía. La carretera estaba resbalosa. En una curva, Mauricio perdió el control, el carro patinó y acabamos en un barranco. Yo iba atrás. Di muchos botes y quedé tendida muy alejada. En ese instante salgo de mi cuerpo y comienzo a ver lo sucedido. Sé que aún tengo cuerpo pero diferente al que acabo de dejar. Veo un adolescente que quita el vidrio panorámico y lo coloca al lado de la carretera. El carro me bota por el hueco del vidrio que acaba de quitar. Mi abuelita Felisa, muerta, me recibe y coloca mi cabeza en su canto. Empieza a cantarme. Todo aparece ahora oscuro pero al tiempo hay luz. Aparece una luz deslumbrante, ultraterrena, muy nítida y fuerte. Pero no lastima mis ojos. No vi a nadie en esa luz, que tenía su propia identidad. Era una luz de amor y de comprensión inefables. Veo como un túnel, como un gran corredor. Al lado se hallan algunas personas. Unas conocidas y ya muertas. Otras desconocidas. Allí se encontraba el general Francisco Franco. Nunca he entendido qué hacía ahí. Al primero que reconozco es a mi abuelo Luis Ignacio Andrade, a mi otro abuelo Martín Blanco, a mi abuelita Felisa y al muchacho del vidrio. Me pregunto: Qué hago allí? Uno comienza como a buscarse y sabe que está ahí, con esas personas y que al tiempo el cuerpo está afuera. Entendí que estar con ellos era estar muerta; pero me sentía feliz, sin ningún dolor, ni tristeza, ni angustia. Sabía que estaba en alguna parte pero no sabía dónde. Estaba en paz y feliz. Entre ellos y yo comienza una comunicación pero diferente: no se oyen sonidos sino se captan pensamientos. Percibo que son muy felices. Mi abuelo me presenta al muchacho como mi hermano Juan Ricardo, muerto de cuatro meses, ahora de mi edad. Mi abuelo fue polémico porque después de ser político, decidió entrar a un convento.

Veo a mi hermana llorando. No me han encontrado y me busca con desespero. Tiene un brazo roto. Grita y me llama. Me localiza, me abraza y no me suelta. Llorando trata de revivirme. De la nada surge un caballo que monta mi hermano dirigiéndose a la finca a avisar. Después me contaron que un muchacho a caballo avisó. Veo dos personas que corren al pueblo a pedir ayuda. Llega la policía; me examinan: me toman el pulso, miran mis ojos, no escuchan mi respiración, no tengo signos vitales. Le dicen a Gema que no se puede hacer nada porque estoy muerta y que hay que hacer el levantamiento. Ella insiste en que estoy viva; me abraza y grita: No te puedes ir! Pobrecitos mis papás! . De pronto, Dios, la luz deslumbrante me da opción de regresar. Siento de nuevo control de mi cuerpo y le murmuro a mi hermana: Voy a vivir . Me llevan a Neiva donde me encuentro con mis papás y entonces quedo inconsciente ocho días. Me ponen los óleos. Comienzo a dar mensajes de mi abuelo; canto canciones de mi abuela. Mi papá se impacta al escucharlas: eran las mismas que le cantaban a él. A mi hermana Ana María, que estaba embarazada, le vaticino un varón. A los dos meses nace Nicolás. Un primo me dijo: A través tuyo mi abuelo cambió mi vida . Estaba en la droga pero un mensaje lo cambió. En esos ocho días, pido papel y lápiz y dibujo con la izquierda (la derecha la tenía partida), el accidente. Los que recogieron el carro se quedan aterrados pues todo coincide. Dibujé a Franco. Después de esta experiencia se me borraron todos los recuerdos anteriores. Ese día volví a nacer. Antes le tenía pánico a la muerte, pero no deseo morir todavía, por mi familia. Tampoco tengo miedo a morir porque se dónde iré. Soy consciente de lo preciosa que es la vida y no me molestan las trivialidades. No me gusta comentar esta experiencia porque la gente no cree.

Alejandro Jiménez Arango. Médico neurólogo.

Creo que esas experiencias son factibles, ya que muchos las han vivido. He leído al respecto y pienso que a la gente hay que creerle. Si aseguran haber pasado por eso, hay que creerles .

- Regina Szyller de Levy Medellín Padres: José Szyller y Rosa Sweig Profesión: Literatura e idiomas Casada con Alberto Levy, 3 hijos Residencia: Cali Religión: judía Me dio un desmayo y me llevaron a la clínica. Sufrí trombosis cerebral. No había cumplido cuarenta. Salí de mi cuerpo y vi a mis hijos y mis cuñados. Me decían aterrados: Nos reconoces? Y mi hijo Salomón: Mami! No te vayas! Reconóceme! De pronto vi un túnel largo y en el fondo una gran luz. Hermosa y brillante, se veía como azulosa y me atraía enormemente. Sabía que tenía que llegar a ella, deseaba llegar. Me sentía encerrada como en una especie de burbuja elástica y no podía llegar a la luz. Comencé a tratar de salir de esa envoltura pero no podía. Luché hasta que pude liberarme y llegué a la luz. Vi a mi papá, que había muerto hacía veinte años. Vestía como lo vi la última vez. Tenía la corbata torcida. Me regañó: Qué haces aquí? Por qué viniste si los niños te necesitan? Además tu mamá va a sufrir mucho y no quiero que sufra! Devuélvete ya! . Me cogió por los hombros y comenzó a empujarme para meterme al túnel. Pero no le hacía caso porque estaba feliz y en tanta paz que no quería. Porque la paz y la felicidad que se sienten allá son increíbles! Todo es muy blanco y me sentía como dentro de una nube. Vi a un viejito de cabello largo y barba blanca. Mi papá lo llamó, le habló en yiddish, dialecto judío que yo entendía, pues en mi casa lo hablamos. También le habló en polaco: Ven y ayúdame! Mi papá y el señor me empujaban hacia el túnel hasta que me introdujeron otra vez. Vi a los médicos: Está volviendo! Ya vuelve! Yo les preguntaba: Dónde está mi papá? Después, viendo fotos viejas, descubrí al viejito. Era mi abuelo, muerto en la guerra. Experimenté la muerte. La paz que se siente allá es tan increíble que me digo: Quiero volver a esa paz. No le temo a la muerte pero todavía no quiero morirme pues siento que todavía tengo mucho por hacer . Mauro Torres: Médico, psiquiatra, psicoanalista, escritor.

Hay inquietudes sobre lo que los que van a morir o están sumidos en un profundo coma dicen en palabras enigmáticas que no se explican en forma científica. Quisiera explicarlo como lo he estudiado. Antes de morir Goethe dijo Luz! Más luz! . Pero nunca se supo qué quiso decir. Lo único que podemos presumir en él, que era un gran poeta, es que estaba creando. En su último instante continuaba creando y algo quería decir con Más luz! O quizá veía la oscuridad de la muerte y pedía luz.

Conozco casos interesantísimos en los que personas en coma profundo se apartan totalmente de la realidad, comenzando a vivir otro mundo: un odontólogo cayó en coma y desde ese momento tuvo la visión de un barco en la playa listo para zarpar; parecía que despegaba; elevaba las anclas para salir al mar y volvía y quedaba en su sitio. Pasaron los días y el barco nunca zarpó porque, según decía, el capitán, que era la muerte, no dio la orden y él salió del coma y vivió. Un médico me contaba que en Europa tuvo una infección viral muy grave que se complicó y lo llevó al coma profundo. Los médicos y su esposa creían que moriría. Mientras se desvivían por auxiliarlo, él viajaba con su mente. Una de las visiones que tenía, que me parece importante, era en un túnel muy largo. La parte donde estaba era rodeada de tinieblas; pero al otro lado había una luz hermosísima y sentía que si llegaba al otro lado, iba a vivir. Esa luz representaba la vida. Tenía angustia porque siempre se mantuvo en la parte oscura anhelando el otro lado. Otra era que viajaba a planetas extraños donde se encontraba con seres muy parecidos a los humanos, solo que con la piel fluorescente. Tenían costumbres semejantes a las nuestras, pero, oh sorpresa! vivían en paz. Eran muy felices. El médico vivió finalmente. Atendí una señora que agonizaba; estaba fuera de la realidad: no veía nada; no conocía nada ni nadie; de pronto, en pleno coma, llamó a la muchacha y le dijo: Niña! Póngase la chalina para que vamos a la iglesia! . Enseguida expiró. Fue la muerte sentida como un viaje a la iglesia porque era muy religiosa. Para muchos moribundos la muerte es como un viaje: en los instantes previos a expirar expresan la sensación de viaje. Los campesinos, gente muy intuitiva y con sabiduría legendaria, dicen que cuando un moribundo habla de un viaje es porque va a morir. Esto tiene mucho de verdad.

Cómo explicarlo? El cerebro se divide en el hemisferio derecho e izquierdo. El izquierdo es el racional, consciente, verbal, lógico, analítico, órgano del cálculo, de la abstracción filosófica y de la de la realidad. Este hemisferio es muy reciente en la evolución. Parte del derecho, no todo, es creadora, inspirada, iluminada; de donde salen las intuiciones creadoras, los sueños. A diferencia del izquierdo reciente, es antiquísimo, pues tiene cinco millones de años de haber comenzado a formarse. Comenzó con actividad creadora: produjo la herramienta, acto completamente original. Este hemisferio es supremamente resistente. Cuando se entra en coma el hemisferio izquierdo desaparece. Se borran razón, consciencia, sentido de la realidad, lenguaje, capacidad de análisis. El hemisferio de funciones mentales desaparece. El hemisferio arcaico y poderoso sigue completamente activo, como si se estuviera soñando. El hemisferio derecho es también órgano de conocimiento, aunque de un conocimiento distinto al del otro, con el cual somos conscientes de que conocemos. El derecho se da cuenta de muchas cosas y por eso los sueños muchas veces tienen mensaje, verdad y conocimiento. Solo que necesitamos de un intérprete para que nos descubra lo que quiso decir.

Hay dos formas de conocimiento: consciente e inconsciente. El inconsciente es a veces más profundo que el lógico. Los genios siempre reciben sus mensajes del hemisferio derecho. Lo genial llega sin esfuerzo. Con esfuerzo llega lo lógico. Para ser creador hay que alucinar. Nietzsche decía: Los escritores somos como médiums que escribimos cosas que nos vienen del más allá . Genios e iluminados funcionan con la totalidad del cerebro, reciben sus mensajes del hemisferio derecho. Como explicación científica aunque no religiosa, se puede decir que las expresiones de los que están muriendo proceden de su hemisferio derecho .

Gloria Polo de Rico Hobo (Huila) Padres: Guillermo Polo y Mariela Ortiz Odontóloga Casada con Fernando Rico, 3 hijos Residencia: Bogotá Católica.

Cuando el accidente, tenía 35 años. Fue el 5 de mayo del 95. Ibamos mi marido, un sobrino y yo a la Nacional. Esa tarde llovía muy fuerte. Mi sobrino y yo corríamos para no mojarnos. Mi esposo se quedó. Al saltar un charco nos cayó un rayo. No sentí nada. Cuando me vi, me vi flotando hacia arriba, por encima de los árboles. Pude ver a mi sobrino flotando también. Muy feliz. De pronto me vi dentro de una especie de cono, como un túnel. A medida que ascendía, emanaba amor y paz que me estremecían; me hacían sentir muy feliz. Nunca había sentido tanta paz y amor. Me dije: Me morí! Pensé en mis hijos: Qué será de ellos? Están tan pequeños! Todavía no había visto bien mi cuerpo ni sabía qué me había pasado, pero uno sin ver, sabe lo que sucede. Vi que podía estar en varios lugares al tiempo. A medida que ascendía, quería llegar rápido al centro de la luz. Mientras más me acercaba más amor sentía. De repente escuché una voz que gritaba con desespero. Mi esposo. Miré abajo y lo vi muy angustiado: lloraba, sangraba y estaba muy embarrado. Decía: Gloria, no te puedes ir! Regresa! Qué va a pasar con los niños? . Cuando lo estaba escuchando, la luz resplandeciente me permitió regresar y comencé a bajar muy lentamente, con una tristeza muy grande. Entré a mi cuerpo colocando mis pies sobre mi cabeza y sentí como una especie de chupa muy grande que me absorbió violentamente. Comencé a sentir los dolores más espantosos. Jamás había experimentado tanto dolor. Sentía hervir mis piernas. Tenía la sensación de que me las fritaban. Entonces, me encontraba en la enfermería de la universidad. Oí a los médicos: !Vuelve! Está regresando! Es un milagro! . Me llevaron al Hospital Simón Bolívar y después al Seguro. Cuando iba en la ambulancia le pregunté al médico qué me había pasado; me contestó que me había caído un rayo. Pregunté por mi sobrino pero no me quisieron decir que había muerto. Mi esposo me comentó después que, según la Fiscalía, un cuarzo con la imagen del Divino Niño en el cuello, atrajo el rayo. Me quemó las piernas por dentro y por fuera. En el Seguro me operaron. Cuando me anestesiaron volví a salir de mi cuerpo. Estaba dichosa de no sentir dolor. Veía los médicos. Comenzaron a salir de las paredes personas extrañas. Me di cuenta que querían llevarme. Me asusté terriblemente porque tenían una mirada horrible, de personas muy malas. Salí corriendo. Vi unos túneles, como laberintos muy oscuros donde me metía y me perdía. Mis sentidos estaban profundamente agudizados, como si supiera todo. Vi a mis padres ya muertos, presenciando mi juicio. Se me fue abriendo como una especie de libro en el cual pude revisar mi vida. Le desnudan a uno el alma y lo muestran tal cual es. Qué verguenza cuando me quitaron la máscara y me mostraron quién era y mis verdaderos sentimientos! Comprendí que me había condenado. Sentí un pánico terrible. Me puse a llorar y pedí clemencia. Comencé una oración. Escuché: Vas a regresar y repetir este testimonio, porque el mundo está ciego . Sé que Dios me dejó vislumbrar cielo e infierno. Ahora sé que si muero en paz con Dios me salvaré. Me aterra el pecado. No soy fanática; simplemente viví una experiencia que me abrió los ojos .

Nombre: Enrique Mejía Burgos Cali Padres: Hernando Mejía y Albella Burgos Odontólogo Casado, 2 hijos Residencia: Bogotá Católico l2 de enero del 86. Fui a guardar mi carro al garaje. Entraron unos encapuchados; les dije que se llevaran el carro; me querían a mí. Empecé a gritar. Uno me dio con un revólver en la frente y me hizo sangrar copiosamente. Seguí gritando. Abrieron la puerta que comunica el garaje con la casa y salió mi hija de l2 años; le dispararon y el tiro le atravesó la pelvis. La niña se salvó. Me le abalancé al individuo y me pegaron un tiro en la femoral. Considero que el desangre fue de 5 a 6 minutos. Me creí muerto y me les abalancé otra vez. Hicieron otros disparos y se fueron. Me golpeé en el hombro y caí. Perdí el conocimiento. Nos llevaron a la Santa Fe. En urgencias el médico era paciente nuestro: Guillermo Supelano, fallecido. Entré en el proceso quirúrgico. Me fui como elevando y dejé de moverme. Sentí que me encontraba como dentro de un caleidoscopio que son redondos, pero este era cuadrado con muchas imágenes de colores; lo curioso era que eran blancas y negras pero geométricas. Todo negro, brillante y muy bonito. Lo único blanco eran los triángulos. Miraba hacia el techo y hacia las paredes y veía que se formaban figuras geométricas que se intercambiaban. Vi al fondo una luz muy, pero muy intensa, demasiado intensa; pero no me molestaba la vista; me llamó la atención que una luz así no fastidiara. Seguí caminando por el caleidoscopio. De pronto se acabó y quedé en un espacio absolutamente negro; pero dentro se encontraba un hexágono con corte de diamante. Tenía un negro mucho más brillante que el negro del espacio. Detrás estaba la luz, cada vez más intensa y brillante. Me fui acercando a esa luz y al hexágono. Detrás emergían unos rayos luminosos. Me sentía atraído hacia la luz porque estaba viendo algo extraordinario. Es absolutamente indescriptible. Empecé a sentir tranquilidad y felicidad absolutamente extraordinarias, absolutas. Me fui acercando al hexágono; cuando estaba al borde, traté de atravesarlo y alcanzar la luz. Pero desapareció la luz. Entonces dije: Qué vaina! Asumo que en ese momento volví. Después, el sacerdote Donaldo Ortiz describía la muerte como algo fantástico, lindísimo y decía que no nos debíamos preocupar. Cuando terminó le dije: Viví eso divinamente y estoy totalmente de acuerdo . Me preguntó: Le teme a la muerte? No, porque la paz y la felicidad son indescriptibles. Analizando el factor alegórico: las figuras geométricas eran negras; lo único blanco eran los triángulos y la deidad la representan en triángulos. Por qué blanco y negro? La antítesis. Principio y fin. Lo que tiene el máximo valor es el blanco y lo que no el negro. Presumo que no morí porque no se me había cumplido la hora; seguramente me faltaba algo por hacer y no se me había cumplido el tiempo. Construí una capilla en el CIEO, en la Carrera 7 # 151-60, donde está representada esta experiencia. Se llama La Luz. Me siento privilegiado porque vi La Luz; porque indiscutiblemente La Luz era Dios.

--------------- Fortunato Herrera SJ Hay coincidencia entre muchos que han vivido esta experiencia. Será fruto de una realidad o del inconsciente? La muerte clínica sí la han comprobado los médicos.

- María Teresa Andrade -Regina de Levy - Enrique Mejía - Gloria Polo - La capilla La luz trata de mostrar una experiencia de umbral de la muerte.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.