URGE DEMOCRATIZAR EL CRÉDITO

URGE DEMOCRATIZAR EL CRÉDITO

La concentración de los servicios financieros en muy pocos bancos y el precario desarrollo alcanzado por el sistema financiero colombiano han venido constriñendo sistemáticamente la democratización del crédito y con ella la posibilidad de modificar la estructura de la sociedad por la vía de una mejor distribución del ingreso. Y ello, en un marco regulatorio que no promueve la competencia dentro de normas estrictas de supervisión y control de riesgos.

10 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Esta es una verdad de apuño. De hecho las pequeñas y medianas empresas del país, están desprotegidas y su impacto en la economía se ha menguado sustancialmente, ante la carencia de una política pública de crédito que les garantice el acceso a recursos y vuelva a posicionarlas como sujetos de préstamo. Según cálculos realizados con base en información suministrada por el Instituto de Fomento Industrial (IFI), para 1999 el desembolso promedio para la Gran Empresa fue de 516 millones de pesos, es decir unos 43 millones de pesos mensuales. Para las Pymes el promedio mensual se acercó a los 7 millones de pesos y apenas 0.1 millones de pesos para las denominadas microempresas. Es posible impulsar el desarrollo de las regiones o hacer empresa con estos pírricos montos de crédito?.

Durante los últimos años las pequeñas y medianas empresas se han convertido en una de las fuentes más importantes de producción de riqueza. No en vano generan en su conjunto el 50 por ciento del empleo del país, participan con el 32 por ciento de las exportaciones no tradicionales, el 46 por ciento de las importaciones y en promedio aportan el 38 por ciento de los salarios devengados por los colombianos. No obstante, hoy tienen que recurrir al sistema extrabancario para solventar sus necesidades, ante la reticencia de la banca tradicional para unirse a la lista de los escasos oferentes de los más elementales servicios financieros.

Para la muestra un botón. Después de un esfuerzo financiero del Estado para capitalizar los bancos privados a través de Fogafín otorgando créditos a los accionistas por una suma de 924 mil millones de pesos; recursos que sirvieron para mejorar los patrimonios técnicos menguados como consecuencia del creciente monto de los activos improductivos, hoy el gobierno vuelve a darle la mano al sector inyectándole 1.5 billones de pesos para destrabar el crédito. El acuerdo como se le ha denominado al nuevo esfuerzo del gobierno, es un propósito loable, no cabe duda. Pero deja entrever las dificultades de la banca para asumir el riesgo que le corresponde en la prestación de un servicio público. Y refrenda una vez más la aversión para asumirlo en segmentos de la pequeña y mediana empresa en el que el gobierno a través del IFI, Bancoldex y el Fondo Nacional de Garantías elevan hasta un 70 por ciento su participación en aquellos casos en que sus beneficiarios no respondan económicamente.

La preocupación sobre la restricción al crédito no es injustificada. Y se explica, en buena parte, por el tamaño de la banca local. En Colombia, si la comparamos con cualquier otro país con un PIB similar, es relativamente pequeña. La sumatoria de la banca colombiana probablemente puede ser igual al mayor banco de México.

El tamaño de la banca genera un efecto perverso sobre la oferta de servicios. El sistema financiero se dedica a atender la tajada del mercado que le es posible y rentable. Y en Colombia sólo la gran empresa y los sectores de altos ingresos constituyen la nata del mercado , la más rentable por supuesto, y no alcanza a satisfacer las necesidades de otros segmentos como el de las Pymes y mucho menos para el crédito del sector agropecuario. Una muestra de ello es que durante los últimos años ha sido imposible ampliar la red de instituciones dispuestas a financiar a este tipo de empresarios. Ya lo veremos cuando consolidemos los montos finales del Acuerdo . Las grandes empresas se llevarán una buena tajada de los 1.5 billones de pesos y las Pymes tendrán que conformarse con unos pocos pesos.

Las preguntas son obvias: qué va a pasar cuando, por el afán de vender la banca pública, terminemos en un monopolio privado aún más excluyente, que no promocione la financiación para los estratos más necesitados de la población ni a sectores productivos como las Pymes?, Será sensato seguir consolidando un sistema restringido de oportunidades? El gobierno tiene en sus manos decisiones trascendentales. No sólo en lo que hace a la misma crisis del sistema financiero que evidenció, entre otras, la quiebra de los principales bancos públicos, sino, y es lo que más importa, el rumbo que debe tomar un sector que como el financiero soporta la estabilidad y el crecimiento del aparato económico. Ojalá la crisis la transformemos en oportunidades.

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