OPORTUNIDAD COSTEÑA

OPORTUNIDAD COSTEÑA

El viernes de la semana pasada se llevó a cabo en Barranquilla un foro denominado Costa Caribe: plataforma exportadora , en el marco de la celebración del primer lustro de la edición Caribe de EL TIEMPO. En ese evento hablaron el vicepresidente de la República, Gustavo Bell; Angela María Orozco, viceministra de Comercio Exterior, y Orlando Sardi de Lima, presidente de Proexport. Sus planteamientos tienen un denominador común, la oportunidad de que la Costa sea sede de una ofensiva exportadora, sobre lo cual queremos compartir algunas reflexiones.

21 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Lo primero que salta a la vista es el absurdo sobrecosto que pagan muchas empresas del interior que tienen que movilizar sus productos de exportación hacia la Costa. No tiene sentido que más de la mitad de las empresas exportadoras de Colombia (que generan el 41 por ciento de las divisas) estén localizadas en el interior, mientras que las empresas ubicadas en la Costa Caribe representan tan solo el 4 por ciento del total y aportan únicamente el 6,5 por ciento de las divisas. Esto va en contravía del sentido común y de lo que sucede en los países con amplia vocación exportadora.

En segundo término, hay que insistir en la conveniencia del ingreso de Colombia al Nafta. Como bien lo explicó la Viceministra, ese gran contrato que da estabilidad jurídica a largo plazo terminaría con las incertidumbres del ATPA y del CBI que hoy en día frenan las inversiones destinadas a aumentar la oferta exportadora. Nadie sensato va a montar una gran industria con base en unas preferencias que pueden desaparecer o verse desmejoradas en poco tiempo.

El ingreso al Nafta bien negociado es la opción dorada para dar el salto económico que necesita Colombia para generar los empleos y divisas que nos permitan superar el atraso. Como es obvio, recordando a Pambelé, es mejor ser rico que ser pobre . Es lógicamente mucho mejor tener la posibilidad de vender en buenas condiciones en los grandes mercados con alta capacidad adquisitiva ( Estados Unidos importa 275 mil millones de dólares al año !), que seguir dependiendo de exportaciones a vecinos sin plata y que incumplen con frecuencia sus compromisos comerciales. México así lo entendió y hoy en día esa nación reconoce que gran parte de su progreso reciente se debe a su vinculación al Nafta.

Sumando estos dos factores, es evidente que los costeños tienen una atractiva oportunidad en sus manos. Deben organizar una estrategia exportadora los empresarios, las entidades públicas, la universidad, los medios de comunicación con sentido de región (como propone con buenos fundamentos históricos y con acertada visión el vicepresidente Bell). Necesitan diseñar un plan para atraer inversionistas nacionales y extranjeros que monten sus fábricas orientadas a los mercados foráneos. Tienen que adelantar programas para asegurar que el capital humano y la infraestructura física sean activos valiosos al servicio de los exportadores.

Incluso sin Nafta, hay un enorme potencial de convertir a la Costa Caribe en un gran trampolín exportador. Ahora que la tasa de cambio no es un lastre para los exportadores y que las entidades oficiales encargadas de promover el comercio exterior están funcionando muy bien, los costeños deben capitalizar la necesidad que tienen los empresarios colombianos de capturar mercados internacionales para poder crecer de verdad.

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