DESCENTRALIZACIÓN EDUCATIVA Y CALIDAD DE LA EDUCACIÓN

DESCENTRALIZACIÓN EDUCATIVA Y CALIDAD DE LA EDUCACIÓN

La descentralización de la administración educativa es un tópico por su reiteración, que casi siempre suele asociarse a los frecuentes procesos de reforma. Este es un hecho que cuenta con fáciles explicaciones; tanto si se analiza desde la pedagogía comparada, como si se valora en términos de gestión o si se considera como una necesidad política.

20 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Quienes han apostado por procesos de descentralización habitualmente lo han hecho invocando la consecución de diferentes fines: buscar un sistema más participativo, alcanzar una más estrecha vinculación entre sistema educativo y productivo, pretender mayor rigor en la gestión pública y, sobre todo, conseguir un sistema que sea más ágil, eficaz y eficiente, es decir, lograr el mayor nivel posible en la calidad de la educación. Junto con lo anterior, normalmente se ha sido consciente de que la descentralización tiene sus aspectos críticos: genera un importante incremento del gasto público y, cuando esto no ocurre, es porque a través de ella se encubren políticas de privatización o de merma en este servicio público y, en segundo lugar, hay quienes defienden que con ella existe el riesgo de que la gestión de lo público pierda objetividad por la excesiva acomodación a los intereses próximos y la cercanía de la presión de los administrados.

Volviendo a los objetivos, en esta ocasión nos centraremos solamente en uno de ellos, la búsqueda de la calidad, puesto que por si solo puede justificar el enorme esfuerzo organizativo y gerencial que supone un proceso descentralizador.

Por ello nos detendremos brevemente en la definición de este concepto haciéndolo, al igual que lo han hecho recientemente Organismos Internacionales como son la Ocde y la Unesco, asociado al de equidad; por ser un requisito indisociable de él y un concepto que supera al más simple de igualdad. Para que un sistema educativo responda a estos criterios de calidad y equidad debe cumplir las siguientes exigencias (Marchesi, A 1998): igualdad de oportunidades, es decir, la completa supresión de discriminaciones previas. Igualdad en el acceso a la educación: haciendo reales las posibilidades abiertas por la anterior exigencia, eliminando las formas explícitas o encubiertas de selección de alumnos. Igualdad de tratamiento educativo: lo que se hace efectivo más fácilmente con sistemas comprensivos y un completo servicio y equipamiento educativo igual para todos. Igualdad en los resultados: lo que no puede ser identificado con ninguna forma de igualitarismo académico, ya que esto sería un planteamiento iluso e injusto, sino que es evitar que los resultados de cualquier alumno puedan estar condicionados por diferencias o desigualdades: de sexo, sociales, raza o cultura.

Solo desde la complejidad de los proyectos educativos se pueden responder al reto de descentralizar para conseguir más y mejor educación para todos. La experiencia en las múltiples reformas y proyectos educativos especialmente, los llevados a cabo en los años sesenta y setenta, es claramente ilustradora; con el simple hecho del cambio de los contenidos de los planes y programas, como se decía entonces, no solo no se mejoró la educación, sino que solo produjo en la mayoría de los casos el efecto descrito por Lampedusa: cambiar para que nada cambie. Los planteamientos típicamente instrumentales o quizás mecanicistas, tampoco han aportado significativos avances: algunas mejoras económicas puntuales o entregas de algunos equipos, apenas cuentan con valor estratégico.

La complejidad a la que nos referimos se concreta en que cualquier proyecto de gestión educativa que tenga como objetivo la mejora de la calidad y equidad de este derecho fundamental, como es la educación, con independencia de su alcance debe comprender, junto con la necesaria renovación y adaptación curricular, la dotación y actualización de equipamiento y medios didácticos como recursos imprescindibles para el logro de la equidad y el desarrollo de una práctica docente cotidiana realmente enriquecedora que posibilite la construcción del conocimiento, así como todas las previsiones de capacitación y cualificación de los docentes, junto con las medidas precisas para la mejor gestión, seguimiento, evaluación y supervisión del sistema educativo en el que se quiera incidir.

Es decir, un modelo de tratamiento planificado e integral que asegure la sostenibilidad del proyecto, mediante su continuidad en el tiempo y destinatarios, una vez finalizada la aportación y presencia inicial y, sobre todo, evaluando el impacto social, cultural y económico que se va a generar con él.

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