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PERIODISTA ENTRE EL BIEN Y EL MAL

PERIODISTA ENTRE EL BIEN Y EL MAL

Que un periodista judicial se convierta en novelista policial no es tan sorprendente. Pero, un periodista cultural que escribe novelas policiacas!

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
23 de febrero 2000 , 12:00 a. m.

Así es la historia de Eloi Yague, el escritor que llegó ayer de Caracas a Bogotá para la promoción de su novela La araña del Majestic (Planeta), que trata sobre la corrupción política en su país.

Su vida es ese frecuente ir y venir de paradojas y coincidencias. La novela transcurre en un hotel de ficción, en la costa venezolana, que acaba desmantelado por la corrupción. Solo después de haber escrito su obra, vino a descubrir que en la realidad ese hotel existe, en uno de los pueblos que le sirvieron de inspiración.

Adicionalmente, es uno de los pocos narradores de género policial que hoy tiene Venezuela, pero no es venezolano! Nació en España.

Y hay cosas que lo hacen familiar a Colombia. Su primer triunfo literario internacional fue en 1995, con el premio colombiano Carlos Castro Saavedra para el cuento policial Svástica de sangre. Y fue el primer ganador, en 1998, del premio Juan Rulfo en la modalidad Semana Negra. El mismo que obtuvo en 1999 la colombiana Lina María Pérez Gaviria.

Por qué escogió el género policial para La araña del Majestic? Es el que mejor me permite reflejar el ambiente urbano, los ambientes marginales, todos estos mundos subterráneos de la ciudad. Creo que es una derivación natural del ejercicio del periodismo. Para mí ha sido bastante fácil pasar de allí a la novela policial, que exige un lenguaje muy conciso y despojado de adjetivos. Diría que es un lenguaje basado en el verbo, en la acción.

Qué es lo que más le ha costado en esa transición? La disciplina. Me pasaba un poco como a mi personaje, Fernando Castelmar, que es un reportero de sucesos que quiere escribir una novela pero nunca tiene tiempo por el mismo ejercicio de la profesión. En un momento dado, en que me botaron de un trabajo y mientras conseguía otro, dije: suficiente. Y me puse a escribir y salió la novela. Pero en realidad yo no quiero ser etiquetado con lo policial. Pienso que es una etapa y que voy a evolucionar hacia otras cosas.

Pero crear a Fernando Castelmar lo compromete un poco a seguir con ese género...

En principio, pienso hacer una trilogía con este personaje. Pero eso depende de la reacción del público.

Cómo la ha ido a la novela en Venezuela? Salió en julio y se ha vendido relativamente bien, aunque en mi país hay un índice de lectura mucho más bajo que en Colombia. Vender 300 libros es ya una proeza. Pero sí ha figurado en la lista de los libros más vendidos.

Entre el bien y el mal Le parece que hay un reverdecer de la novela policial en Hispanoamérica? Muchos escritores nos estamos dando cuenta de que este tipo de novela permite diseccionar la sociedad, incluso denunciar muchos problemas que estamos viviendo: la represión política, la delincuencia, la inestabilidad, la inseguridad ciudadana, el narcotráfico, la guerrilla, ese tipo de asuntos que tienen, casi todos, ramificaciones que van hacia lo policial. Muchas de estas novelas, más que hacer énfasis en procedimientos policiales, lo hacen es en el costumbrismo, son una necesidad de plasmar nuestra cultura y de aprehender esa realidad tan compleja de las grandes ciudades latinoamericanas, que hasta ahora no habían tenido un reflejo literario suficiente.

En el fondo de la novela policiaca hay un asunto moral, el conflicto entre el bien y el mal, que usted lo traduce en una crítica política a la corrupción. Por qué eligió ese aspecto? Porque creo que esa es una forma de denunciar los actos de corrupción que ocurren en nuestras sociedades latinoamericanas. En Venezuela es un problema muy grave. Entonces la impunidad de los funcionarios incursos en estos delitos y esa rabia acumulada por la mayoría de los venezolanos honestos que han visto saqueado el erario público, ha sido una fuerza motriz muy importante para escribir esto. Hubiera podido hacerlo como periodista, investigando algún caso concreto de corrupción, pero por mi forma de ser preferí más bien hacer un libro de ficción.

No se siente un poco como esos personajes de las novelas policiales, que son unos moralistas que quieren componer el mundo a nombre del bien y en contra del mal? Yo soy un moralista, no sé si por mi formación religiosa (católica) o por la posterior (marxista). Siempre me he sentido indignado con la injusticia y la opresión. Muy pronto me di cuenta de que lo mío no era militar en partidos políticos. Descubrí la literatura como una forma de expresarme también políticamente. Inevitablemente los antihéroes de la novela policial tienen un código moral muy bien definido. Luchan a su modo, a veces al margen de la ley, por sus ideas. Suelen ser honestos a su manera. Y creo que reivindican unos valores que comparto y me interesa plasmar. El valor de la integridad, más que nada. Luchar por lo que uno cree que es justo hasta el final, aunque cueste la vida, los amigos, el empleo. No me atrevo a hacer eso particularmente, pero, por lo menos mis personajes sí se atreven.

Verdades de novela Lo que hay en la médula de La araña del Majestic, con todo y sus apariencias de novela policiaca, es una fuerte crítica a la corrupción política en Venezuela.

Fernando Castelmar, el personaje, es un redactor de noticias judiciales que se toma unas vacaciones con el fin de escribir su siempre postergada novela.

Por eso parte a un pueblo perdido de la costa llamado Cacaotal, donde el único atractivo es el Gran Hotel Venezuela, construido en la época de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, como parte de un gran proyecto turístico que jamás se cumpliría.

El gerente, Wolfgang Terminus, un extranjero del que se sabe muy poco, que ha dejado derruir el hotel por su voracidad en el manejo del presupuesto. El barman, Antonio Agraz, le dará la clave a Castelmar para comenzar a desenredar un ovillo que lo llevará a descubrir una monstruosa intriga en la que resulta envuelto el más alto funcionario de la República después del Presidente.

Su autor, Eloi Yague, fundamenta en un correcto ejercicio de la estructura de novela policial esta andanada contra la corrupción oficial.

Yague tiene un gusto por lo caricaturesco y lo truculento que puede resultar excesivo para algunos lectores.

En ocasiones, la adjetivación transparenta su oficio periodístico y ciertos altibajos del diálogo hacen pensar que la novela podría no llegar airosa a su última página. Sin embargo, la armazón de la intriga y una acción sabiamente dosificada y proyectada hacia adelante la sostiene, de manera que el lector acaba olvidando aquellas pequeñas imperfecciones.

Es una novela tremendamente entretenida para quienes gustan de la literatura de acción y, como ya se dijo, posee un trasfondo político que la llena de fuerza.

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