ABUELOS DE TRES SIGLOS

ABUELOS DE TRES SIGLOS

Pasan los años, pasan los siglos, llega un nuevo milenio y don Julio Buriticá Cardona sigue dando de qué hablar no sólo por sus 113 años de vida sino por su lucidez mental.

05 de enero 2000 , 12:00 a. m.

En la puerta de su casa en el barrio San Diego de Ibagué este abuelo de tres siglos, nacido un 31 de diciembre de 1886 en Salamina, Caldas, todavía tiene tiempo para lanzar uno que otro piropo a una muchacha bonita, para contar chistes o para hablar de su vida, de la cual no ha olvidado ni el más mínimo detalle.

Con su acento paisa Julio, el segundo de siete hermanos, recuerda una y otra vez que fue un hombre trabajador, amante del campo, como lo exigía el hecho de llevar sangre antioqueña y caminante. Que sólo estudió hasta segundo de primaria, porque en ese tiempo únicamente los ricachones hacían bachillerato.

Sentado en la sala de la casa que él mismo construyó, recuerda también que pagó el servicio militar cuando pagaban 15 centavos a los reclutas y que se alistó en el Ejército para participar en la guerra de los mil días, siendo cabo segundo de la reserva. Orgullo siente al revelar que peleó al lado del general Rafael Uribe Uribe y que conoció y combatió al lado de Tulio Varón, el general Casabianca y el negro Marín En ninguna de sus conversaciones animadas y jocosas faltan los amargos recuerdos de muertes, hambrunas, como la 1912 e incluso la invasión de langostas que tuvo en jaque a medio país y de la cual dice, sólo viejos como él la recuerdan.

Los años pasan y aunque le han dejado huellas imborrables como la sordera y el desgaste de sus ojos y huesos, no han sido suficientes para que pierda el amor por su esposa Rosa Tulia Valencia de 90 años y a la cual lleva unido 70 años.

Las cuentas le gustan, por eso no tiene ningún problema en contar a sus siete hermanos, sus 12 hijos, 48 nietos y 30 bisnietos. Don julio se casó a los 43 años, cuando Rosa Tulia tenía 13 años. Fue por casualidad porque ella vivía en el campo y allí hacían falta hombres trabajadores . Al principio no le fue bien, pero después consiguió plata y se fue a vivir a Pereira, luego al Valle, Circasia. Al Tolima llegó por esas suertes de la vida en 1923, cuando todo era puro monte .

Al duro trabajo de campo le mezcló de todo. Contrabandeó con tabaco, cortó caña, negoció con frijol, panela maíz, tomó aguardiente anisado del que hacía en su propio alambique y fumó cigarrillo extranjero.

A pesar de su edad, Julio tiene en claro muchas conceptos que a algunos sardinos les es difícil definir. Para él un hogar se construye si realmente se quiere, a las mujeres después de casadas no se les debe abandonar y si hay que morir al pie de ellas así debe ser; los aretes son para las mujeres no para los hombres; las mujeres trabajadoras están en el campo y en la ciudad, en algunos casos, permanecen aquellas que lo muestran todo y no les importa nada.

Algo más, para Julio el 2000 no es el año para que se acabe el mundo porque La vida se acaba cuando uno se muere , dice mientras acaricia el cabello blanco de su esposa.

Paula, sigue viva! Acompañada por uno de sus sobrinos, Paula Galindo vda de Rubio, vive de los recuerdos. Se casó cuando era muy joven pero no tuvo familia, así que sus sobrinos, en especial marco Fidel González, fueron su refugio sentimental.

Cada vez que por algún achaque necesita el médico, sabe que va a recibir la misma frase de él. Paula estás como toda una coca-cola . Ella sabe que es así. La única dificultad que tiene es que ya sus huesos no le responden pro eso debe permanecer en cama todo el tiempo, en su residencia del barrio La Pola.

Pero desde allí y acompañada de todos los santos conocidos, ve pasar las horas entre oraciones y recuerdos. Por ejemplo, algo que hace la diferencia de las épocas, dice Paula es que antes no se aguantaba hambre y los muchachos servían para algo, cosa que ahora no sucede con los jóvenes. Paula, nacida en 1880, asegura que se casó después de vieja, con un hombre mayor. Prefirió esto a estar al lado de cualquier nigua , dice sonriendo.

A pesar de que hay muchos momentos de su vida pasada que ya ha olvidado, tiene bien claro quién es y qué es lo que quiere: que Dios se acuerde de ella en este nuevo milenio, para dejar vivir a los que llegan.

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