LA SALUD Y LA INFLACIÓN

LA SALUD Y LA INFLACIÓN

Se entiende por pacto social el acuerdo a que llegan los distintos sectores involucrados en un fenómeno dado que afecta a la comunidad, y que se espera erradicar o, por lo menos, atenuar mediante ese compromiso. En el caso que me ocupo, el fenómeno es la llamada inflación , que tan duramente golpeó a la comunidad colombiana en 1990, en particular a la clase media y a los estratos de muy bajos ingresos. Según lo expertos del DANE, los servicios médicos se incrementaron en un 29.23 por ciento y las drogas en 44.91 por ciento, comportándose el rubro salud como uno de los agentes inflacionarios más agresivos.

19 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Siendo así, parece natural, si de verdad ha de tenerse en cuenta el pacto social que reclama el Gobierno, que tanto el sector médico como el que produce y comercializa los productos farmacéuticos revisen su comportamiento frente al fenómeno inflacionario, para ver la manera de contribuir a contenerlo.

Respecto del sector médico, es saludable hacer algunas reflexiones. En primer lugar, ha de entenderse que la medicina actual es cautiva del imperio tecnológico. El médico, en general, es esclavo de los aparatos; poco confía en la clínica, es decir, en lo que sus propios sentidos pueden proporcionarle cuando explora a su paciente. Precisamente, de dicho complejo se valen los fabricantes de aparatos para poner en sus manos sutiles exámenes de laboratorio y procedimientos mecanizados cada día más sofisticados y costosos. No puede desconocerse que esa tecnología, bien seleccionada, permite que el diagnóstico sea mucho más certero, a expensas, claro está, del presupuesto de quienes tienen que comprarla.

De esta contribución al fenómeno alcista tienen igual culpa médicos y pacientes. Aquellos, desconfiando de su saber clínico o por temor a una demanda por mala práctica, se exceden en solicitar costosos exámenes paraclínicos; como complemento, utilizan la terapéutica de perdigón , que equivale a la polifarmacia: prescribir muchas drogas a la vez para tratar de acertar con alguna de ellas. Por su parte, los pacientes, inducidos por la creencia equivocada de que mientras más pruebas de laboratorio y más fármacos se les ordenen, mayores beneficios obtendrán, incitan al médico a hacerlo, sobre todo si están amparados por un seguro de salud. Otrosí: hay pacientes que piensan que la sapiencia del médico corre parejas con la cantidad de exámenes que pida o con el número de medicamentos que prescriba. Para esas personas el médico parco y prudente es un profesional desactualizado, poco confiable A riesgo de que muchos de mis colegas ortodoxos- escuela a la que pertenezco- disgusten conmigo, considero que la llamada medicina bio-energética ( terapia neural, celular, oxivenación, homeopatía, etc.) tiene cabida como colaboración para hacer viable el pacto social, a condición de que sea ejercida únicamente por individuos graduados en medicina y cirujía.Acojo tal estrategia, habida cuenta de que algo más de la mitad de quienes acuden a los consultorios médicos padecen enfermedades o molestias susceptibles de ser tratadas de manera inteligente con la llamada medicina dulce , la cual, surtiendo efecto favorable, grava suavemente el bolsillo del paciente.

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