LÓPEZ M. EXPLICA POR QUÉ ACEPTÓ

LÓPEZ M. EXPLICA POR QUÉ ACEPTÓ

En su intervención ante la junta de congresistas el pasado jueves, el ex presidente Alfonso López Michelsen explicó los motivos que lo llevaron a aceptar el ofrecimiento de los parlamentarios para que asuma la jefatura del partido. Los siguientes son algunos apartes del discurso del ex mandatario liberal:

19 de enero 1991 , 12:00 a.m.

No esperaba yo volver al recinto del Congreso a ocuparme de los problemas de mi partido. Cumplí con mi deber de asistir a las distintas convenciones liberales cuando quiera que se trataba de elegir el candidato del partido a la Primera Magistratura, y me cupo la satisfacción de haber votado por candidatos victoriosos como fueron los doctores Barco y Gaviria. Más aún: con el ánimo de ir desvaneciendo nuestra imagen de ex presidentes ante las nuevas promociones del partido, por medio de proposiciones que fueron acogidas por las respectivas convenciones, sugerí que las votaciones de los ex presidentes se hicieran en úlimo lugar, a efecto de acogernos a la voluntad de la mayoría y no estar incidiendo desproporcionadamente en las decisiones del partido .

Creo que fue una política prudente. Y como lo anotara en alguno de mis escritos, mi propósito era principalmente el quehacer literario, y en modo alguno proseguir en la brega electoral. Solo las circunstancias excepcionales por las que atraviesa el partido me han obligado a considerar la muy comprometedora sugestión de los miembros del Senado y de la Cámara que al final de las sesiones ordinarias sugirieron mi nombre como posible jefe único de la colectividad .

Esta distinción, esta responsabilidad, bien hubiera podido recaer sobre los hombros de otros expresidentes, quizá más calificados que yo mismo, para llevar a buen puerto a nuestra colectividad .

Pienso por ejemplo, en primer término, en el doctor Carlos Lleras Restrepo, en vísperas de una reforma constitucional de tanta envergadura como la que se proyecta. El doctor Lleras Restrepo tiene una experiencia inconmensurable, como protagonista o como testigo de las reformas constitucionales con que el Partido Liberal enriqueció el acervo del derecho público colombiano .

Por qué no hablar del doctor Julio César Turbay Ayala, no ya como gobernante sino en su tarea como Director del partido cuando consiguió unificarlo, cuando consiguió incorporar a otras vertientes del partido dentro del gran caudal del liberalismo. Solo las circunstancias que todos deploramos, que ensombrecen la paz de su hogar, explican por qué empezando por quien habla no le hubiéramos pedido este nuevo servicio a un Director-capitán de tantas batallas y de tan buenos resultados .

Me atrevo a prestar mi contingente como se me solicita, en el entendido de que no aspiro a cerrarle el camino a nadie; de que no aspiro a hacer, a la altura de mis años, una nueva carrera política en busca de de peldaños; de que no creo que tenga enemigos o, por lo menos, así no lo siento en las filas de mi partido. Por el contrario, solo me queda un sentimiento de gratitud por todos los honores y distinciones con que se me favoreció en el curso de mi vida política .

El partido está mal; está enfermo. El partido necesita comprometerse en una nueva era y sepultar quién sabe si mi papel sea el de sepulturero formas de vida, instrumentos de acción que han sido ya superados y que, con la propia reforma constitucional, van a ser necesarias las reformas de nuestra propia organización y de nuestra propia ideología .

No se trata de restarle autonomía a la representación de nuestro partido en la Asamblea Constituyente. No se trata de hacerle sombra a nadie. No se trata de nada distinto que de hacer más fácil la tarea de un Gobierno al que le ha correspondido uno de los períodos más tormentosos de nuestra historia .

Sin voz y sin voto en la Asamblea Constituyente, nada me mueve a desempeñar papel distinto del de servir de enlace oficial, de enlace del Congreso y la Asamblea, de compartir como liberal la necesidad y la responsabilidad de sacar con éxito la reforma constitucional, y de devolverle al partido su mística, y a la opinión pública su confianza en un partido del que no hay nada para avergonzarse, sino muchos motivos de los cuales estar orgullosos .

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