MUERTE EN EL AIRE SOBRE IRAK

MUERTE EN EL AIRE SOBRE IRAK

Pilotos de la real fuerza aérea británico irrumpieron ayer en llanto al volver de una misión durante la cual se perdió un segundo bombardero Tornado. Los emotivos momentos ocurrieron en la base aérea de Muharraq tras otro bombardeo contra las instalaciones aéreas iraquíes.

19 de enero 1991 , 12:00 a. m.

Uno se siente culpable de haber sobrevivido y de que ellos no , dijo el líder de escuadrón Pablo Mason, de 40 años. Veterano de 13 años en la real fuerza aérea, Mason celebraba ayer su 17 aniversario de bodas.

Mason lloró al tratar de explicar cómo se reconciliaba con la idea de tener que despegar una y otra vez en misiones de bombardeo a sabiendas de que podría ser su turno de ser derribado.

Hay que controlar las emociones dijo, en tanto las lágrimas le rodaban por las mejillas. Uno se siente cínico, terriblemente cínico. Hay una continua conciencia de que en pocos segundos uno podría no existir .

Durante la segunda misión del escuadrón sobre territorio enemigo, el motor de uno de los bombarderos biplaza Tornado se incendió tras ser alcanzado por el fuego iraquí y el aparato se precipitó a tierra. Se vio al piloto y su navegante arrojarse del avión y hay esperanzas de que estén vivos.

Luego, ayer en la madrugada, otro de los aviones a reacción se estrelló cuando volvía de la misión de bombardeo. Se teme que la tripulación pereció.

Los hombres del escuadrón tienen una de las más arduas tareas del contingente aéreo aliado, que ha efectuado miles de bombardeos sobre Irak y sobre el ocupado Kuwait en los dos últimos días.

Armados con dos bombas JP233 de 2.000 kilos, los aviones a reacción de la real fuerza aérea vuelan hacia el interior del territorio iraquí, en busca de las instalaciones aéreas.

Las bombas son especialmente diseñadas para atacar pistas aéreas.

Los pilotos escriben sarcásticos mensajes sobre las bombas dirigidos al presidente iraquí Saddam Hussein Estas son ambientalmente inamistosas dicen. Está garantizado que esta le arruinarán la salud .

Una vez se hallan sobre el aeródromo, los aviones se abalanzan a 960 kilómetros por hora a un nivel inferior a los 30 metros antes de arrojar su mortífera carga.

Casi nunca ven los cráteres abiertos por las bombas, las cuales también llevan minas antipersonales para obstaculizar la rápida reparación de las pistas.

Es un bombardeo de precisión dijo el líder de escuadrón Gary Stapleton, de 37 años. Hablamos de precisión en materia de metros. Caen donde usted lo quiere. Los aeródromos están fuertemente fortificados.

Uno ve el fuego elevarse del suelo, pero en efecto procede del blanco. No se lo puede evitar, uno está comprometido a cumplir la misión. Uno piensa que porque el fuego no parece ir dirigido a ningún avión en particular, que es al azar, no lo alcanzará a uno. Pero siempre se corre el riesgo de ser alcanzado .

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