LA JEFATURA

LA JEFATURA

Los partidos políticos colombianos no son, exactamente, los más sensatos del mundo. Con inquietante frecuencia se comprometen en las más alocadas empresas y cometen errores que el solo uso moderado del sentido común habría podido evitar. Indisciplinados, erráticos y hasta totalmente desentendidos de cuanto pasa en el país nacional, viven dando bandazos entre la rigidez y la demagogia, aquejados siempre por una severa crisis de identidad. Sin embargo hay momentos en los cuales su poco clara manera de pensar es iluminada por un destello de lucidez, y eso acaba de ocurrir con el partido liberal. En un momento particularmente difícil de su existencia, cuando sus efectivos parecen estar a punto de ser diezmados por la irrupción de un movimiento de origen conocido pero de objetivos inciertos como el M-19, y cuando la nación se dispone a reformar sus instituciones en una asamblea dentro de la cual el equilibrio de fuerzas es la característica principal, el liberalismo ha tenido el buen cri

19 de enero 1991 , 12:00 a.m.

La Convención Nacional, prevista para mediados de febrero, protocolizará ese deseo, refrendado por ya la unanimidad. Pero si bien eso dicen los estatutos, que en buena hora el partido --contra su costumbre-- decidió respetar, el ex presidente debe empezar desde ahora mismo su delicada tarea de orientar a sus copartidarios y en especial aquellos elegidos para reformar la Constitución.

El liberalismo aún no ha logrado superar las divisiones personalistas que se crearon como consecuecia previsible del proceso de la consulta popular y tampoco tiene un criterio formado sobre lo que debe ser la reforma constitucional. Aún se habla más de apellidos que de tesis y para la elección de Constituyente, el partido se atomizó.

El liberalismo ha llegado a un punto crítico y extraordinario dentro del cual todo, lo óptimo o lo peor, le puede sobrevenir. Está en uno de esos raros y peligrosísimos momentos goznes en los cuales una comunidad puede o renacer con mayor fuerza que nunca o, simple y trágicamente, desaparecer. Para una coyuntura así, esa comunidad necesita acudir a sus mejores hombres, si es que en verdad tiene la intención de sobrevivir. En el caso del liberalismo, y del país, el ex presidente López está en la primera línea de esos hombres eminentes. Por eso se prodría decir, en una frase muy socorrida pero elocuente, que el Partido Liberal Colombiano, en un acto de sobresaliente perspicacia, ha logrado casi milagrosamente encontrar the right man for the right place in the right moment .

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