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INGENUIDAD TRIBUTARIA

INGENUIDAD TRIBUTARIA

En la ponencia sobre la reforma tributaria puesta a consideración del Congreso, hay dos puntos que merecen atención especial: el tratamiento que se pretende dar la inversión extranjera y la imposición a lo que se ha dado en llamar viviendas suntuarias . Las cifras sobre la inversión foránea que llega a nuestro país son ridículas, y en Colombia alegamos que ello se debe principalmente a la inseguridad. La verdad es que para un inversionista foráneo este problema es un costo que no le hace perder competencia frente a los productores nacionales, en el entendido que estos también tienen que incurrir en él. Ambos involucran ese factor y quedan igual en términos relativos.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
17 de mayo 1992 , 12:00 a. m.

No ocurre lo mismo cuando se discrimina en su contra frente a los productores nacionales, lo cual sí los pone en desventaja y resulta determinante para tomar cualquier decisión. No se puede desconocer que una de las primeras variables que analiza un inversionista es su posición relativa frente a su competidor local. Luego mira otras cosas como la posibilidad de exportar.

La discriminación en el proyecto tributario es clara: mientras que un productor nacional tiene una tarifa básica de treinta por ciento y una contribución temporal del 5.1, para un total del 35.1 por ciento, una subsidiaria extranjera tiene adicionalmente una tasa sobre remesas del 15 por ciento, para un total del 44.8 por ciento.

La diferencia son 10 puntos que con mucha seguridad coloca al extranjero por fuera de la posibilidad de competir en Colombia frente al productor meramente nacional.

Lo anterior va en total contravía con la pregonada idea de que el país necesita la inversión foránea, para lo cual no se hace nada. Simultáneamente a la discusión tributaria, el presidente Gaviria advertía que se necesita que los montos anuales de capital extranjero pasen de 0.5 a 3 por ciento del PIB, lo que en las condiciones actuales no es posible. Ingenuamente estamos creyendo que si se elimina un permiso o un trámite, eso es clave para atraer la inversión, cuando hay que ser realistas: un país que tiene inseguridad y no tiene energía, debe compensar esos factores adversos por estímulos económicos.

El segundo punto de cuidado se refiere al gravamen del cinco por ciento (no menos de cinco millones de pesos) sobre la venta de apartamentos de 250 metros o casas de más de 300 metros.

La verdad es que el cálculo de los ponentes fue muy simple: para que el cinco por ciento de un apartamento de 250 metros sea cinco millones, quiere decir que el metro cuadrado se calcula en 400.000 pesos y el inmueble vale cien millones de pesos.

Estimar que el metro cuadrado de vivienda nueva se vende en 400.000 pesos en cualquier parte del país es o una ingenuidad o desconocimiento de la realidad. Parecería más bien lo primero.

En caso de pasar la norma tal como está propuesta, habría casos en los cuales el impuesto no sería del cinco por ciento, sino mucho más alto. Paradójicamente resultaría más gravoso vender una casa nueva y grande en un pueblo del país que hacer la misma operación en Bogotá.

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