BÉRÉGOVOY: MUERTE AL ACOSO DE VIDA

BÉRÉGOVOY: MUERTE AL ACOSO DE VIDA

El suicidio, según escribió Albert Camus en El mito de Sísifo, es el único problema filosófico serio. Lo demás viene después, incluidos los dramas políticos. El sábado, apenas se anunció la muerte por suicidio del ex primer ministro socialista Pierre Bérégovoy, se comenzó a plantear lo que ya estaba en la mente de todos: el motivo.

03 de mayo 1993 , 12:00 a.m.

En el hospital de Val-de-Gráce, a donde llegó ya muerto luego de cuatro horas de agonía, lo esperaban el presidente Francois Mitterrand y el primer ministro, Edouard Balladur.

El suicidio político no es novedad en Francia. Roger Salengro, ministro socialista del Interior, lo hizo en 1936. En 1979, Roger Boulin, ministro de Trabajo, se dejó ahogar, como la Ofelia de Hamlet, en el bosque de Bambouillet. Y, en 1982, Louis de Guiringaud, ex canciller, se disparó, a lo Hemingway, un fusil de cacería.

Se ignora si Bérégovoy dejó alguna carta. El motivo más comentado es la deshonra y la ingratitud en torno a su gestión.

Bérégovoy, de origen modesto, ex obrero y sindicalista, se sentía orgulloso de su trayectoria política: una especie de cuento de hadas en el que, de obrero, terminó siendo Primer Ministro.

Su gestión tuvo la mala suerte de coincidir con el auge del desempleo en Europa. Sus contendores políticos y los medios de comunicación lo hicieron responsable. No le reconocieron sus esfuerzos por hacer del franco una moneda fuerte, y se le acosó con todo tipo de escándalos.

Por ejemplo, uno en 1986 cuando su amigo industrial Roger-Patrice Pelat le prestó un millón de francos (200.000 dólares) sin intereses para comprarse una casa en París. Bérégovoy lo devolvió en objetos antiguos y en un cheque de 500.000 francos en 1992.

Luego, a Pelat se le acusó de manejar información privilegiada para la compra, por el grupo público Pechinay, de una sociedad norteamericana llamada American Can.

Las acusaciones a Bérégovoy fueron del diario Le Canard enchaine en febrero. Mitterrand dijo que el que un hombre con la trayectoria de Bérégovoy deba pedir un préstamo para comprarse una casa es prueba de honestidad .

Comunicación solitaria Desde el momento en que Balladur ocupó su lugar, nadie volvió a acordarse de él sino para criticarlo. Ese defecto de la prensa, donde las aguas se cierran rápido sobre la cabeza del que se hunde, parece haberle afectado mucho.

Para los centenares de sicólogos invitados a la televisión desde su suicidio, este acto fue una necesidad de comunicación. No un acto solitario. Así, la muerte de Bérégovoy ha sido una especie de llamada al orden de los códigos deontológicos, para la clase política y la prensa.

Quienes lo atacaron de forma indiscriminada serán llamados a dar explicaciones. La enseñanza (Bérégovoy juzgó que su muerte sería más útil que su vida) se verá tal vez en una actitud más responsable y equilibrada a la hora de enjuiciar las acciones de los políticos.

Sobre la elección del día del suicidio también hay conjeturas: es simbólico el primero de mayo, día de los trabajadores, pero también por ser el fin de semana previo a la publicación del informe sobre el estado de Francia, que daría pie a nuevas críticas en su contra.

La presentación del informe fue aplazada una semana, y Balladur, impresionado, decidió también aplazar la presentación de su plan de recuperación económica , que buscará economizar del presupuesto unos 3.500 millones de dólares.

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