PARA REJUVENECERSE...

PARA REJUVENECERSE...

La inminente jefatura única del expresidente López en el liberalismo ha desatado dispersas actitudes gritoncitas de algunos comentaristas escritos y también gráficos, que han apelado a razones cronológicas y generacionales para oponerse a un hecho que, en el fondo, se ha suscitado más por golpes pasionales que por planteamientos racionales. Tales críticos, sinembargo, no parecen darse cuenta de una cosa contra la cual, además, viven lamentándose, y es que el partido liberal es hoy todavía un archipiélago de cacicazgos; una serie de islotes y de istmos que solo conforman la mayoría liberal cuando son sumados, tal como ocurrió en las últimas elecciones del 9 de diciembre. O sea que, para señalar e insistir en esa mayoría, hubo que recoger todos los guarismos obtenidos por las listas de las distintas cabezas liberales, ya que ninguna de ellas, ni las más fuertes, lograron una votación individual respetable, frente a la que registraron el M-19, el Movimiento de Salvación Nacional y el s

18 de enero 1991 , 12:00 a. m.

Pero dicha disgregación numérica y electoral no debe presentarse a nivel conceptual, o no al menos en forma atomizada, en el seno de la Constituyente. Porque si eso ocurriera, y los criterios liberales se individualizan de tal manera que el partido resulta incapaz de actuar como sólido bloque político, su peso doctrinario comenzaría a debilitarse hasta terminar convertido en algo insignificante.

Ahora bien. No digo con ésto que a nivel del partido no puedan haber posiciones diferentes sobre los diversos temas, ni pluralidad de opiniones, cuando esa es una de las características esenciales de su filosofía. Mas, por otro lado, como no hay quien tenga la capacidad de aglutinar todos los sectores, sin excepciones, se impone en consecuencia una jefatura ejercida por alguien con mucha autoridad. De tal modo que sea capaz de recoger a los más de realinderar con mayor éxito las distintas facciones, y esa persona no es nadie otro que el ex presidente López, con todos los reparos que sus malquerientes puedan formularle.

Por qué? Contradictoriamente con lo que vienen esgrimiendo las voces discrepantes, López es la figura con mayores posibilidades de rejuvenecer al liberalismo, colocando pautas que merecen estudiarse seriamente, a fin de incorporarlas luego a la nueva Constitución. De hecho ya viene haciéndolo, a través de sus cartas al ciudadano, en las cuales ha abordado temas precisos de derecho público con gran rigor jurídico y, si se quiere, mucha modernidad. Es decir, sin echar en saco roto principios que mantienen vigencia, pero que se requiere actualizarlos y darles forma, próximos como estamos a entrar con esa nueva Carta en el umbral del siglo veintiuno.

En reciente comentario, Enrique Peñalosa Londoño sostiene que, para prestar esos servicios, López Michelsen no necesita obtener la jefatura del liberalismo. Y advierte: Sus aportes al país no han terminado. Sin duda será uno de los principales guías en la reforma constitucional que se avecina. Sin embargo, ni para realizar ese aporte a la Asamblea Constitucional, ni para dar su valioso consejo a los gobernantes de la nación y al país en general necesita él de modo alguno ocupar la dirección del partido liberal . Aún más. Según Peñalosa, a la colectividad le convendría más que nunca una dirección plural, no solo para no posponer los procesos de definición ideológica y organización interna, sino porque el forcejeo que se desprende de esa dirección plural sería bienvenido, pues suscita el debate y aun el desorden, lo cual debe existir en un partido vigoroso.

Al contrario! Si los constituyentes liberales terminan peleando entre ellos mismos, evidentemente las decisiones de la Asamblea terminarán absorbidas por los demás grupos mayoritarios, que a no dudarlo actuarán cada cual como un solo bloque. Esto, repito, no implica que lo que debe imperar es, en consecuencia, la famosa disciplina para perros, ni muchísimo menos. Esas eran cosas de Laureano, no de los López! Y estoy convencido que lo bueno, lo saludable, lo conveniente es que del trabajo en equipo entre el Gobierno, el partido (que son también sus congresistas) y los constituyentes liberales, salgan resultados positivos y conclusiones equilibradas. De tal manera que, si como lo planteó el ex ministro Carlos Lemos, las propuestas de López son de tendencia socialdemócrata, y las del Gobierno de inclinación neoliberal, se enfrenten y luego se compaginen, para que de ahí surja lo mejor, esquivando las posiciones extremistas. Es decir, buscando el justo medio, y no solamente los preceptos aperturistas y privatizadores, que tanto le gustan al doctor Peñalosa Londoño entre otros, ni los del intervencionismo hostil y desatado, además de sobreproteccionista, a los cuales tampoco han renunciado los cepalinos a ultranza.

Lo que sí no resulta válido sino ofensivo y deleznable es censurar la jefatura única de López no por razones intelectuales o ideológicas, sino por simple animadversión personal. En algunos casos incurable pero, por eso mismo, muy poco respetable. En tal sentido, la posición de Antonio Galán Sarmiento de no identificarse con ella porque, en su momento, Alfonso López y Luis Carlos Galán estuvieron enfrentados políticamente, es tan frágil y tan repulsiva como la de quienes editorialmente sospechan ex cathedra un peligro, artificial e inexistente, de que el liberalismo se desvíe de su conducta ética y tome los atajos de la complacencia con el delito . Son insinuaciones venenosas que no merecen sino desprecio.

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