CACHIPAY, JOVEN CON MUCHA HISTORIA

CACHIPAY, JOVEN CON MUCHA HISTORIA

Dicen que los vagones del tren que venía de Bogotá, lleno de veraneantes, olían a azahar y neftalina, y que una corriente de fragancias de anturios, orquídeas y pompones lo inundaba cuando estacionaba en Cachipay. A lado y lado de la red ferroviaria, que se extendía hasta Girardot, las haciendas que albergaron a presidentes, ex presidentes e hijos ilustres de la Nación se fueron convirtiendo, poco a poco, en acogedores hoteles.

11 de enero 1994 , 12:00 a.m.

Los fines de semana y las temporadas de vacaciones, el fragor de la locomotora se apagaba cerca de la quinta Bagatella, en la plaza de Cachipay, de propiedad de don Carlos Cook.

Desde sus espaciosos corredores, la familia veía bajar a los friolentos paseantes.

Las mujeres, de sombrero de cinta, vestidos de encaje y sombrillas de sobrios colores, aguardaban, en corrillo, mientras sus maridos bajaban el pesado equipaje que delataba largas estadías. Los hombres, víctimas del formalismo de la época, soportaban los veinte grados de temperatura y el fuerte sol, enfundados todavía en sus trajes de paño oscuro.

La vida de Cachipay se deslizaba tranquilamente sobre los rieles del ferrocarril de Girardot.

De 1910 a 1940, el municipio, a una hora y 15 minutos al occidente de Bogotá, en la provincia del Tequendama, alcanzó su máximo esplendor. El comercio florecía y los hoteles se llenaban. Era el Melgar de entonces.

Aparecieron, entre otros, el Hotel Cachipay, de Nicolás Gamboa, y La Capilla, entre Cachipay y El Ocaso, refugio del presidente Enrique Olaya Herrera y testigo de históricos encuentros.

La finca Bizerta, vecina de La Capilla, era del presidente Eduardo Santos. Más allá, en El Ocaso, acostumbraba a veranear Salvador Camacho Roldán, y en La Esperanza, Guillermo Valencia.

Hoy, algunas de esas casas se conservan. La Bagatelle es propiedad de la señora Cleofe de Robayo y su estructura arquitectónica mantiene rasgos europeos.

La hacienda Santacruz, asiento de la población, luce sus pisos de baldosa europea en extraña armonía con los amplios corredores de corte campesino. Y Feisola, en la calle 2 número 2-27, guarda, dicen, una guaca quién sabe en qué sitio, custodiada por un fantasma (cuento común a todas las viejas edificaciones).

Todo un jardín Cachipay, al igual que Anolaima, municipio del cual decidió separarse hace diez años, es hoy una mezcla de historia y ladrillo.

La inconsciencia de algunos, o su ignorancia, los ha llevado a mutilar parte de esa historia, arrasando las viejas edificaciones o levantando sobre ellas paredes de cemento y cal.

Cachipay es el municipio más joven de Cundinamarca, en el que todavía se cultivan pompones, anturios, orquídeas y helechos para exportar.

Nació cuando Julio César Sánchez era el gobernador del departamento, con un presupuesto de cuatro millones de pesos. El año entrante superará los 600 millones.

Tiene 12.000 habitantes, cinco mil en el casco urbano, 13 veredas, una inspección y muchas ganas de rescatar la imagen que le vino con el ferrocarril y que murió con la muerte de este.

Su producción agrícola, cítricos y café especialmente, es tan grande como la de Anolaima. Por ello, según el alcalde Miguel Angel Barbosa, requiere de efectivos canales de comercialización.

La gente de la cabecera municipal se dedica, en cambio, al comercio. Sobre la vía principal, unas cuadras arriba de la línea del ferrocarril, se levantan almacenes de todo tipo: panaderías, supermercados, cafeterías, ferreterías y agencias de empresas transportadoras.

Actualmente, la administración municipal está ejecutando el Plan Maestro de Alcantarillado, tanto en el municipio como en la inspección de Peña Negra, y se están pavimentando las principales vías.

También construye, a un lado de la vetusta estación del tren, la plaza de mercado, el polideportivo y la plaza de ferias, que, según Barbosa, serán el nuevo polo de desarrollo de la localidad .

Igualmente, constructores privados levantan cuatro urbanizaciones, más de 200 casas y noventa cabañas recreacionales con tres piscinas.

Y para rescatar el turismo, boyante en otras épocas, tienen inscrito en el Banco de Proyectos de Cundinamarca la creación del Jardín Botánico Departamental.

Vitaminas para crecer A pesar de haber progresado considerablemente en los últimos años, Cachipay el municipio más joven de Cundinamarca tiene, como sus vecinos, una larga lista de necesidades.

Según el alcalde Miguel Angel Barbosa, es urgente la construcción de otra planta de tratamiento en la localidad y la terminación del alcantarillado, la plaza de mercado, la de ferias y el polideportivo.

También necesita recursos para poder cambiar de sitio el basurero del municipio, pues queda al lado del matadero, y dotar a los colegios y escuelas de los implementos necesarios para una mejor educación.

Pero, su máxima preocupación común a muchos municipios de Cundinamarca dueños de fértiles tierras es la de tecnificar el campo y crear canales de comercialización para sus productos.

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