JOSE MARTINIANO DE ALENCAR

JOSE MARTINIANO DE ALENCAR

Idealista y romántico sin perder visión sobre la realidad. El, con las características propias del romanticismo, escribió páginas llenas de crítica social, historia y, sobre todo, nacionalismo. Ahí está su encanto. En cada una de sus líneas quería dejar impreso el aroma tropical de su tierra, la exuberante selva, la mujer inculta y salvaje del campo, los colores propios de su nación...

26 de junio 1991 , 12:00 a.m.

A luchar por su país aprendió en casa: fue hijo de un político que defendió los derechos de Brasil contra las ideas colonialistas de la Corte portuguesa, y descendiente de una acomodada familia precursora de la Independencia.

En Sao Paulo, donde vivían, recibió una educación casi que privilegiada: tuvo acceso a literatura clásica y moderna. Se hizo abogado y se movía entre los círculos políticos de la ciudad.

Veinte años anduvo por Rio de Janiero entre códigos y leyes, hasta que la literatura lo absorbió por completo. Primero, como cronista en el periódico El correo mercantil. Luego, como redactor del diario de la ciudad. Allí era Ig, seudónimo con el que imprimió sus primeras críticas contra los literatos del momento.

El desarrollo histórico de su pueblo fue tema frecuente de sus más de veinte novelas. Así, recobraron vida mitos y leyendas indígenas que escuchó de pequeño o las fascinantes historias y costumbres populares de las culturas indígenas que leyó en libros de historia. Por ejemplo, a través de escritos como Iracema y Ubirajara, que describen la época de la Conquista.

En sus libros también incluyó la época colonial. Las luchas entre el poder religioso y el civil durante el siglo XVII fueron el escenario para O garatuja con un marcado toque anticlerical.

Pero más refrescantes resultaron sus obras sobre las banalidades de la sociedad carioca: recepciones, bailes, etiquetas, moda femenina y masculina, fórmulas de cortesía y buenos modales. Es decir, todo el protocolo social. Nada se salvó de las fuertes e irónicas críticas lanzadas por José Martiniano de Alencar.

Sus letras llegaron hasta la política. Ahí, su trabajo fue difícil. Contrario al espíritu liberal de su padre, en política perteneció al partido conservador. Desde allí luchó contra la abolición de la esclavitud y llegó a ser diputado y ministro de Justicia. Pero ese carácter autoritario no concilió con su espíritu de escritor. Tuvo que escoger. Y escogió volver a las letras.

Lucíola, O gaúcho y O tronco de Ipe muestran a este período donde el fervor histórico e indigenista, que siempre lo acompañaron, se diluyó en la ambición de poder político.

Varias veces viajó este escritor brasileño a Europa. Debía tratarse una tuberculosis que contrajo desde joven. Pero los tratamientos a mediados de siglo pasado no dieron resultado. Murió en 1877, a los 48 años.

Esta noche se hablará de él, de su obra, en el Centro Colombo Americano, en la serie de Escritores de las Américas. La charla la hará Harold Alvarado Tenorio.

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