JORGE OCHOA Y EL BÚFALO ALBINO

JORGE OCHOA Y EL BÚFALO ALBINO

Aunque se convirtió en su más implacable inquisidor, Max Merlmestein, informante de la DEA, afirma que, pese a todo, los Ochoa eran unos caballeros. A principios de abril de 1981, el día en que Merlmestein visitó la finca de los Ochoa, notó de inmediato el contrastre entre la jactancia y violencia de su socio en Miami, Rafael Cardona, y la serenidad y modestia de Fabio y Jorge Luis Ochoa.

17 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Se comportaban como caballeros, no como Rafa y su pandilla de rufianes y ladrones de barrio , recuerda Merlmestein en su libro El hombre que hizo nevar.

Un detalle bastó para establecer la diferencia y quedar convencido de que estaba tratando con narcotraficantes, aparentemente refinados.

A su arribo a la finca en Colombia, Jorge Ochoa le cedió el puesto en la cabina cubierta de una camioneta para que no se mojara con la lluvia. Jorge y Fabio prefirieron ir en el platón y empaparse.

En esta hacienda, Merlmestein conoció intimidades de la familia que se quedaron grabadas en su memoria. Antes de salir a dar un paseo por terrenos que albergaban animales exóticos, al estilo de los grandes zoológicos de Estados Unidos, Fabio le pidió a Jorge que le mostrara al invitado su consentido. Jorge fue hasta el bar y descolgó una fotografía.

Lo trajo y me lo mostró , dijo Merlmestein. Es mi amigo le dijo Jorge, es un búfalo albino, nacido aquí en esta finca. Es el orgullo de mi nuevo rebaño; es extremadamente raro y da muchísima suerte .

La relación de los Ochoa y Merlmestein se afianzó desde entonces. De las dos partes hubo suficientes señales de confianza para consolidar una amistad profesional que llevaría al Cartel de Medellín a la cima del éxito en el negocio de drogas en Estados Unidos.

Merlmestein se convirtió en el hombre clave del Cartel en Estados Unidos. De tiempo en tiempo afirma Merlmestein Jorge Ochoa me llamaba y me pedía que me contactara con un hombre de negocios colombiano y que le entregara tres millones o cinco o lo que fuera .

El informante asegura que el dinero, producto de la venta de cocaína, era contado mientras él manejaba por la ciudad de Miami y que exigía recibo de lo entregado.

Presionado, según él, por la orden de los Ochoa de dirigir un asesinato en contra de un piloto del Cartel que los había traicionado, Merlmestein se entregó a las autoridades y se acogió a un programa de protección de testigos.

Gran parte del prontuario que enfrentan Jorge y Fabio Ochoa en Estados Unidos está basado en testimonios de Merlmestein, una adversidad de la cual no los pudo salvar la buena suerte del búfalo albino.

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