HERMÓGENES MAZA, EL ANGEL EXTERMINADOR

HERMÓGENES MAZA, EL ANGEL EXTERMINADOR

Nacido en el bogotanísimo barrio de Las Nieves el 20 de abril de 1792, lo que supone la evocación bicentenaria de su natalicio, perteneciente a linajuda y acaudalada familia del criollaje santafereño, el prócer y general de la Independencia Hermógenes Maza Loboguerrero pasó a la historia con los temibles epítetos del ángel exterminador de los españoles, el vengador de los mártires granadinos del Terror, el discípulo predilecto de la guerra a muerte, en fin, el león de las serranías venezolanas, émulo del taita y mandingas realista José Tomás Boves, el jaguar de las pampas. Además cargó con la pésima fama de jactancioso y vulgar, agresivo y cruel, despiadado e inhumano, ebrio perenne de alcohol y de sangre, vengativo y chistoso de la peor ralea, lo que en parte fue cierto porque en el todo hubo más leyenda que realidad. Maza fue, ciertamente, una moneda con dos caras que nunca se volverá a repetir.

05 de mayo 1992 , 12:00 a.m.

Tuvo que existir un impacto muy poderoso en la personalidad del cachaco bogotano para que en aquel niño mimado de don Felipe y doña Rosalía, y de sus seis hermanos; en el colegial rosarista de bello carácter y óptimo rendimiento académico; en el festivo chispero del 20 de julio de 1810; en el héroe de la Campaña Admirable en Venezuela junto con Atanasio Girardot y Luciano D Elhuyar, y en el imberbe gobernador militar de Caracas, hubiera ocurrido esa increíble y aberrante metamorfosis que lo transformó en un militar tosco y brutal, insaciable de odio, de venganza y de crueldad.

Es evidente que 17 meses de presidio y torturas con cotidiana ficción de fusilamiento en la cárcel caraqueña desquiciaron sicológica y moralmente al prócer. En realidad, en él se precisan dos vidas: el hombre normal antes de 1814 y el enfermo de violencia después. En todas sus grandes campañas militares y en pequeños episodios bélicos, manchó su hoja de vida con ejecuciones masivas innecesarias, alevosía y sevicia en sus venganzas, fusilamientos inmotivados, torturas sin reato de conciencia. Su sed de venganza no tuvo apaciguamiento. El vencedor de Tenerife tenía órdenes de evitar derramamientos de sangre pero en zurrones de cuero metía los prisioneros y los tiraba al turbulento Magdalena...

Murió en Mompox, a los 55 años de edad. Pobre, mísero, olvidado y alcoholizado. A pesar de que aquel pueblo lo amó y los Gutiérrez de Piñeres lo protegieron, todo fue inútil. Ahí les queda su mundo de m... , dicen que exclamó al expirar. Era el 14 de julio de 1847. En el camastro del hospital quedaba una piltrafa humana. Y en la historia patria la espada flamígera de uno de los fundadores de la República. Otrosí: su busto está tirado en un basurero bogotano! Mientras tanto, en Cúcuta un batallón que lleva su nombre, combate denodadamente por los principios que él defendió.

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