POR QUÉ LÓPEZ DEBE SER JEFE DEL LIBERALISMO

POR QUÉ LÓPEZ DEBE SER JEFE DEL LIBERALISMO

Hoy se reúne la Junta de Parlamentarios del Partido Liberal. Se presentará allí una proposición para postular como jefe único del partido al ex presidente Alfonso López Michelsen. La pretensión inicial había sido que fuera la propia Junta la que lo eligiera. Habría sido lo ideal. La razón principal para llamar de nuevo al doctor López a dirigir la colectividad en estos momentos, son sus condiciones ideales para servir de coordinador, de norte y de guía durante las sesiones de la Asamblea Nacional Constituyente. Lo lógico entonces sería que prestara este importante servicio desde ahora, cuando se está organizando la forma como va a operar la Asamblea, y no a mitad de camino. Surgió --o algunos hicieron surgir-- el problema estatutario, pues solo las Convenciones pueden elegir formalmente a los jefes. Así lo confirmó el Comité de Garantías y así se hará. No deja de ser irónico, sin embargo, que quienes hoy se muestran tan interesados en seguir a pie juntillas los estatutos, sean los mism

17 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Las sociedades de debate de las universidades inglesas --cuna de los más avezados polemistas-- recomiendan defender una posición utilizando como partida los puntos de vista de la contraparte. Siguiendo este sabio consejo, veamos cuáles son los argumentos en contra de la jefatura del doctor López. Algunos Constituyentes liberales piensan que no deben tener un comisario político al estilo de los regímenes comunistas, como sucedería con la presencia de un jefe del partido de la talla de López. Quieren ser absolutamente autónomos en sus deliberaciones. Aquí surge el primer sofisma. La autonomía la tienen desde el momento en que les entregaron las credenciales y nadie se la va a cuestionar. Se necesitaría una especial debilidad de carácter para que alguien, en su calidad de constituyente elegido por el pueblo, se sintiera cohibido para expresar sus opiniones o asumir una posición independiente en cualquiera de las discusiones.

No se trata de un comisario político sino de una persona que --aparte de cumplir con las funciones de jefe de la colectividad-- pueda coordinar y guiar los trabajos de los constituyentes liberales y servir de enlace con el partido, con el Gobierno y con las demás fuerzas políticas representadas en la Asamblea en un momento crucial de la historia colombiana. Si bien cada constituyente tiene plena autonomía, no puede hacer abstracción total del hecho incuestionable de haber sido elegido por votos liberales y en representación del partido. Tiene por consiguiente la obligación moral de defender y representar al partido y sobre todo su ideario. Aquí surge otra inquietud.

Bien se ha dicho que toda Constituyente es por naturaleza contestataria. Se convocan para cambiar el statu-quo. Resulta que si bien muchos de los artículos de la actual Constitución y una parte importante de nuestra organización política e institucional están mandadas a recoger, otra parte de la realidad vigente es el carácter mayoritario del partido liberal, que sus militantes serían suicidas si pretendieran cambiarlo. Todas las demás fuerzas representadas en la Constituyente estarán interesadas en hacerlo. Apenas lógico. Se requerirán, por consiguiente, una coordinación y un jefe para que ni el partido ni los principios liberales salgan heridos de muerte de esta Asamblea. Y quién mejor que un jefe con la autoridad del ex presidente López? Otros claman por una jefatura pluralista. No es sino ver las experiencias del pasado para anticipar su fracaso. De inmediato se convertiría en una contienda de precandidaturas y la jefatura quedaría sin ninguna autoridad, ni le pararían ningunas bolas en este período tan importante y delicado. Porque no es solo la Constituyente. Es la imperiosa necesidad de tener una directriz liberal en uno de los momentos más críticos del país. Para la travesía tan incierta que nos espera se requiere un jefe con jerarquía, experiencia, idoneidad y mando.

No dejan de oírse voces chismosas que advierten que el presidente Gaviria no estaría de acuerdo con la jefatura única del doctor López. Entre otras cosas se dice que le quitaría protagonismo al Jefe del Estado. No es cierto. El presidente Gaviría no solo no está en contra de dicha jefatura sino que la apoya. Así me lo manifestó claramente ayer.

Se oye también la preocupación de algunos barones electorales sobre las garantías para su supervivencia política que les pueda ofrecer una jefatura con la autoridad del ex presidente López. Preferirían de pronto una dirección débil que pudieran controlar mejor. La preocupación desde su punto de vista es válida, pues la Constituyente necesariamente se va a encargar de reformar ciertos aspectos que afectarán los intereses de la clase política. Una disminución del número de parlamentarios, por ejemplo, pondría en aprietos a muchos congresistas. Pero es una manera tan miope como equivocada de ver las cosas. El ex presidente López no ha renegado de una clase a la cual pertenece como es la clase política, ni estaría de acuerdo con que la Asamblea adoptara una actitud de tierra arrasada con ella, como sí pretenden algunos constituyentes. Los barones electorales deben sentirse mucho mejor protegidos por una jefatura que tenga alguna ascendencia sobre la Constituyente que por una dirección a la cual no se le daría ningún juego.

Por último, se ha invocado el ridículo argumento de la renovación generacional. Los sabios han señalado los cuarenta años como el límite para considerarse joven. Me acojo a esa definición --y me excusarán la pretención de hablar en primera persona-- para invocar mi personal derecho a considerarme parte de la juventud. Y como tal siento vergenza ajena al oír a algunos de mis contemporáneos oponerse en público a la jefatura de López en estos momentos por cuestiones de edad, como si se tratara de la representación liberal a una carrera de relevos.

La política no se clasifica por edades sino por ideas. Lo que se requiere no es a un joven o un viejo, sino a alguien que reúna ciertas características para poder cumplir tan importante tarea. Alguien que tenga un profundo conocimiento no solo en la teoría sino en la práctica del funcionamiento del Estado y de la Administración Pública; que domine el derecho constitucional; que sepa interpretar la realidad nacional y que pueda conjugarla con los preceptos jurídicos para plasmarla en un texto que sirva como marco de referencia hacia el futuro. En fin, alguien que tenga capacidad para captar las corrientes contemporáneas y que sepa qué es, para qué sirve y cómo redactar la Constitución de un país. Y para usar la tan trajinada expresión: Quién es el gallo si no es López? Pero voy más allá. La sola recomendación de la Junta de Parlamentarios que hoy se reúne debe convertir al doctor López un jefe de facto del partido y bien haría el señor ex presidente en comenzar a ejercer. La morma de los estatutos que obliga la convocatoria de una Convención debe respetarse en aras del formalismo y para evitar debates innecesarios y desgastadores. Pero no olvidemos que ha sido costumbre la utilización de la Junta de Parlamentarios para casos como éste. Y como bien saben los que entienden de derecho consuetudinario, la costumbre es mucho más difícil de derogar que las normas. La costumbre, como nos lo enseñan los ingleses, crea derecho. Y a propósito: para cambiar las costumbres nunca se convoca una Constituyente.

A partir de esta noche, entonces, los liberales debemos tener Jefe electo y de facto del Partido. La Convención será un simple formalismo. Y no se preocupen algunos inquietos liberales: el doctor López ha señalado tajantemente que prestará sus servicios hasta el momento en que se apruebe la nueva Constitución de Colombia.

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