VENDEDOR DE JUGOS SECUESTRÓ AVIÓN

VENDEDOR DE JUGOS SECUESTRÓ AVIÓN

Un humilde vendedor de jugos, armado con tres pequeñas banderas, un alicate, una botella con agua y dos hojas de papel en blanco y que exigía hablar con el presidente César Gaviria, protagonizó ayer el secuestro de un avión con 81 personas a bordo. El incidente ocurrió a la 1:07 minutos de la tarde, diez minutos después de que el HK-2865 X, de Intercontinental de Aviación, despegara del aeropuerto Santiago Pérez de Arauca con destino a la capital del país.

19 de abril 1993 , 12:00 a.m.

La tranquilidad del vuelo dominical 217 fue rota por Pedro Serafín Aparicio Pombo, un corpulento hombre de 52 años de edad, que se paró de la silla 5A y se dirigió a la parte delantera de la aeronave.

Sin que hubiera tiempo para reaccionar, el aeropirata gritó que se trataba de un secuestro y acto seguido sacó de una mochila tres pequeñas banderas (una blanca, una de Colombia y otra con el signo de la paz), una de las cuales tenía escritas arengas en las que pedía justicia, paz y educación.

Además, les gritó a los pasajeros que estaba armado con cuatro bombas que explotarían a control remoto si oponían resistencia.

Pablo Olmedo Piscal, uno de los pasajeros, recuerda que fueron dos minutos eternos. Todos quedamos paralizados. El gritaba energúmeno y amenazaba con hacer explotar las bombas .

Dentro de la cabina del avión, los tripulantes no entendían lo que pasaba. El piloto, capitán Roberto Acosta, decidió comunicarse con Mauricio Alzate, controlador aéreo de Arauca, a quien le dijo: en estos momentos se presenta un amotinamiento en la zona de pasajeros, aunque hasta ahora no ha pasado nada en la cabina .

Dos minutos después, el secuestrador entró a la cabina de mando de la aeronave y les dijo a Acosta y al copiloto Walter Arrino que debían colaborar porque él asumía el mando.

Hábilmente, Acosta y Arrino tranquilizaron al delincuente y lo convencieron de que se sentara en la mitad de los dos, en una pequeña silla situada frente a los controles y a espaldas de la entrada a la cabina.

Entonces el piloto se comunicó de nuevo con la torre de control de Arauca y confirmó que un hombre se había introducido a la cabina y lo amenazaba con hacer explotar cuatro bombas.

Era la 1:15 de la tarde, el centro de control del aeropuerto Eldorado de Bogotá se enteró de la novedad y decidió suspender toda actividad aérea y despejar el espacio aéreo.

De inmediato, las pistas de aterrizaje de Eldorado se inundaron de patrullas de la Policía, el Ejército, el cuerpo de bomberos y agentes secretos.

No obstante, dentro del avión el pánico se había apoderado de los pasajeros y tres azafatas hacían esfuerzos por controlar la situación.

A bordo, además de comerciantes, parientes de ejecutivos petroleros de Arauca y turistas, viajaban los representantes a la Cámara Adalberto Jaimes, Jairo Clopatofsky y Parmenio Cuéllar; Alfonso Villa, Superintendente de Subsidio familiar; Alfonso Corredor, de Teletón y Víctor Arregocés, director del DAS en Arauca. Con ellos viajaban dos escoltas que estaban desarmados.

Rumbo a Bogotá...

En la cabina, entre tanto, la confusión aumentó porque el aeropirata cambió de parecer y exigió cambiar de rumbo hacia Cali o Pereira. El piloto y el copiloto le hicieron ver que eso no era bueno porque el avión se iba a quedar sin combustible y que se iban a encender las luces rojas de emergencia.

El delincuente accedió, pero inesperadamente pidió comunicarse con los pasajeros. A través de radioteléfono, insistió en que solo quería dialogar con el Presidente.

Clopatosky recuerda que las palabras de Aparicio eran sinceras. El dijo que era conciente de que lo iban a detener. Insistió en que iba a dar su vida por nosotros y que ojalá lo visitáramos en la cárcel. Hay mucho atortole, mucho susto, pero creí en sus palabras .

Pasadas las dos de la tarde, el avión aterrizó en el aeropuerto de Bogotá y se detuvo en la pista 3-0, en sentido occidente oriente.

En cuestión de segundos el aparato fue rodeado por la Fuerza Pública y decenas de curiosos se apostaron frente a la malla que separa el terminal aéreo del sector de Engativá.

El secuestrador volvió a comunicarse con los pasajeros y nuevamente se refirió a su exigencia y a las causas que lo movieron a realizar el secuestro.

Entonces algunos pasajeros decidieron actuar.

Cuando siguió con su discurso, pensé que ya estaba diciendo cosas incoherentes y que era posible que no tuviera cómo resistir más , dijo el representante Jaimes, que iba sentado en la primera fila del avión, en la mitad de su esposa y el escolta del DAS, que siempre lo acompaña.

El político recuerda que en la fila de al lado iba Arregocés, el director del DAS, que se dio cuenta cuando Jaimes le hizo un guiño con el ojo. Arregocés se levantó de su silla, pero inmediatamente los pasajeros lo recriminaron y le dijeron que no fuera a cometer una locura.

De un momento a otro y autorizado por Jaimes, el escolta se lanzó a la puerta y de manera violenta tomó por el cuello al secuestrador y lo levantó de la silla donde estaba sentado.

Coincidencialmente, en ese momento el delincuente estaba distraído exigiendo el retanqueo del avión para despegar de nuevo, porque le pareció demasiado el número de miembros de las Fuerzas Armadas apostados al lado del avión.

En segundos, y sin que el secuestrador saliera de su asombro, el agente secreto lo sacó de la cabina. Dos pasajeros abrieron la puerta principal y el detective lanzó al aeropirata fuera de la nave.

Luego, el representante Jaimes buscó en el compartimiento de equipajes, sacó una pistola y se la lanzó al detective, que de esta manera redujo definitivamente a Aparicio.

Los pasajeros, convencidos de que de todas maneras había una bomba a bordo, abrieron las puertas de emergencia y se lanzaron al vacío.

Anoche, Pedro Serafín Aparicio, el aeropirata, un agricultor vallecaucano que hace diez años fue a buscar fortuna a Arauca, durmió en los calabozos del DAS. Hoy se iniciará un proceso en su contra por secuestro y terrorismo...

Un año después...

El último secuestro de un avión en Colombia se registró el 16 de mayo del año pasado, por parte de delincuentes del Eln.

La aeronave de la línea Aerotaca, con 13 pasajeros y 3 tripulantes, fue secuestrada cuando volaba de Bogotá hacia Tame (Arauca).

El avión, un Twin Oter con matrícula HK-2760, había salido de Bogotá a las 7:50 de la mañana y llegó a Yopal a las 8:30, de donde despegó diez minutos más tarde con destino a Saravena.

Ocho horas después fueron liberados seis pasajeros en Fortul (Arauca), 350 kilómetros al occidente de la capital del departamento.

Entre los pasajeros viajaban tres militares del grupo de inteligencia del Batallón Rebéiz Pizarro: los cabos segundos Roger Rodríguez, José Peña y el soldado Franklin Lago.

Posteriormente, estos últimos aparecieron torturados y asesinados.

Luego, el avión fue hallado en buen estado, pero sin los equipos de aeronavegación y comunicación.

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