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LECCIONES DE UNA HUELGA

LECCIONES DE UNA HUELGA

La semana pintaba negra. A la decisión del sindicato de Telecom de aislar a Colombia, como protesta por el proyecto de privatización de la Empresa presentado al Congreso por el Ejecutivo, habían comenzado a sumarse otros sindicatos que amenazaban con paralizar el país. Toda la situación laboral se fue deteriorando, en forma casi incontenible, y los colombianos mirábamos con expectante angustia la inminencia de un desastre ecónomico y social. El acuerdo al que por fortuna se llegó ayer en Telecom pone punto, tal vez no final, a un desagradable enfrentamiento que deja muchas lecciones. El compromiso firmado por el Gobierno y el sindicato es salomónico. El primero no retirará su iniciativa de privatización de las Cámaras y el segundo volverá a participar en la discusión y elaboración de propuestas alternas que complementen o modifiquen el proyecto presentado al Congreso. Todo sobre la base de levantar el paro. Cualquier desacuerdo que surja será incluido en la ponencia que rinda el sen

Nada de esto hubiera sido posible, en tan corto tiempo, sin la mediación política de la comisión sexta del Senado y particularmente de cuatro de sus integrantes. Merecen especial reconocimiento quienes lograron acercar a las partes y sugerir fórmulas para el acuerdo. Ello pone de presente la importancia que tiene en momentos de crisis la participación del Congreso. Y los beneficios de que intervenga más directamente en situaciones que, aunque se aparten de la tarea legislativa, comprometen la tranquilidad nacional. La actuación del ministro de Comunicaciones y del presidente de Telecom, también tuvieron parte muy importante en el arreglo.

El desarrollo que, por ahora, tuvo la crisis padecida por el país durante casi una semana, deja varias huellas. La forma como procedieron los sindicalistas de Telecom para silenciar las telecomunicaciones, al apelar a modalidades de sabotaje más especializadas y de mayor capacidad destructiva de cuantas se habían empleado antes, hace pensar seriamente en la conveniencia de que vuelvan a operar los sofisticados equipos de Telecom los mismos que se encargaron de sacarlos del servicio. De ahí la importancia de que la justicia penal castigue a los responsables de un crimen que le costó al país miles de millones de pesos diarios y que atentó en forma grave contra la seguridad nacional. También sería necio negar que los sindicalistas, al hacer uso de una estrategia miope y dañina, paradójicamente se encargaron de fortalecer los argumentos en favor de la privatización de las telecomunicaciones. Esta última iniciativa ganó el primer round , por desgracia a unos costos demasiado altos. Quizá fue esto lo que llevó al sindicato a apresurar su regreso a la mesa de discusión, cuando sus voceros cayeron en cuenta del tamaño de su equivocación. Hay que esperar, en la nueva etapa de las conversaciones, que éstas sean transparentes y ajustadas a unas reglas del juego que todos se comprometan a cumplir. Que no ocurra lo que ocurrió: la organización del paro caminaba al mismo tiempo que sus dirigentes discutían el tema en las mesas de trabajo. El doble juego es un ingrediente muy peligroso en un servicio tan crucial para la vida nacional como son sus telecomunicaciones.

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