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PINOCHO BLAIR

PINOCHO BLAIR

Si Alfonso Palacio Rudas hubiera sido británico y viviera aún, estaría gozando de lo lindo.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
28 de junio 2003 , 12:00 a. m.

Si Alfonso Palacio Rudas hubiera sido británico y viviera aún, estaría gozando de lo lindo.

Pocas veces se ha presentado un caso tan apropiado para la cofradía de los que no tragan entero , fundada por el extinto político tolimense, como el de las exageraciones (o mentiras) con las que se quiso justificar la guerra contra Irak. Y en pocas partes ha adquirido tanta fuerza ese caso como en el Reino Unido.

Es explicable, porque una de las exageraciones (o mentiras) más evidentes tuvo su origen allá: la relación de armas en poder de Irak hecha por un estudiante universitario hace 12 años, que la oficina del primer ministro, Tony Blair, divulgó al mundo entero, en vísperas de la guerra, como si fuera un informe de inteligencia recién hecho por los famosos espías de Su Majestad británica.

El descubrimiento de este engaño no es cosa nueva, pues se hizo antes de que las tropas aliadas incursionaran en Irak. Pero como entonces todavía había quienes creían que las benditas armas podían existir, al misterioso informe no se le dio mayor trascendencia. Pasó como un pecado venial de Blair en su afán de quedar bien con sus compatriotas y con Estados Unidos.

Ahora el pecado se está volviendo mortal. Bliar fue la palabra, hecha de un juego de letras con el apellido de Blair, que la respetable revista The Economist utilizó para titular un comentario sobre el lío en el que aquel está metido por sus exageraciones (o mentiras).

Juego bastante fuerte, pues de la B de Blair se desprende el término liar (mentiroso), uno de los más ofensivos para los anglosajones. Con decir que, cuando se pronuncia, reaccionan como si se pusiera en duda la honra de todos sus antepasados.

Plagiario , llama ahora nada menos que la BBC al principal asesor de comunicaciones de Blair, Alastair Campbell, quien fue el encargado de divulgar el informe de marras. (Algo que, por lo demás, muestra la admirable independencia de la televisión pública británica.).

No menos duros han sido los términos empleados por la oposición, y aun por algunos miembros de su partido, para censurar a Blair por esta fabricación. La cual, dicho sea de paso, podría pasar a la historia como una de las más groseras y menos inocentes que ha dado la política británica, si no la mundial.

Lo increíble es que todos los mandobles están cayendo sobre Blair y tarde o temprano golpearán a su partido, cuando todo el mundo sabe que quien comenzó todo (y no sólo divulgó esta sino muchas otras exageraciones) fue el presidente estadounidense George Bush. Pero es que en la alta política mundial, como en la más minúscula situación humana, la cuerda siempre revienta por lo más delgado.

leovil@eltiempo.com.co

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