ANTONIA SANTOS, HEROÍNA FUSILADA

ANTONIA SANTOS, HEROÍNA FUSILADA

El lunes pasado rendimos tributo a una mujer llena de patriotismo: Antonia Santos Plata, de sangre guerrera, que se organizó con casi 40 hombres, en su hacienda el Hatillo, en jurisdicción de Charalá, y con amor por la patria inició la lucha contra los realistas.

02 de agosto 2003 , 12:00 a.m.

El lunes pasado rendimos tributo a una mujer llena de patriotismo: Antonia Santos Plata, de sangre guerrera, que se organizó con casi 40 hombres, en su hacienda el Hatillo, en jurisdicción de Charalá, y con amor por la patria inició la lucha contra los realistas.

Fueron 3 años de dominación española, momento en la historia colombiana conocido como el Régimen del Terror (1816 - 1819). La Provincia Comunera, con capital Socorro, fue azotada por los coroneles Fominaya y el gobernador Lucas González, que combatieron a nuestros patriotas de la forma más bárbara.

Pero Antonia Santos no se echó atrás, por el contrario dio la pelea a los españoles, ya que siempre lograba escabullírseles y a la vez ocasionarles múltiples bajas.

El Libertador Simón Bolívar afirmó que los sucesos más importantes para la victoria en Boyacá, el 7 de agosto, fueron de Charalá, donde comuneros y charaleños, animados por Santos, se trenzaron en una feroz batalla contra los realistas que marchaban a Boyacá a unirse a las fuerzas del General Barreiro. Muchos patriotas murieron en el proceso.

Posteriormente, Pedro Agustín de Vargas traicionó a los patriotas y condujo a los realistas al lugar donde estaba Antonia Santos, quien fue capturada en su hacienda, agotada y desarmada.

Fue conducida con un par de grilletes a sus pies y traída al Socorro donde se le dictó sentencia de muerte. El 28 de julio de 1819, a las 10 de la mañana, fue llevada a la plaza mayor, en un cortejo fúnebre encabezado por Fray Joaquín Araque.

Iba elegantemente vestida con una bata negra de manga larga, la cabellera suelta ceñida por un pañuelo negro, e iba acompañada por su hermano Santiago, a quien entregó frente al banquillo, los zarcillos y un prendedor de oro que portaba junto con el testamento.

Antes de subir al cadalso, regaló un valioso anillo de esmeraldas al comandante del pelotón de fusilamiento, pidiéndole que los soldados apuntaran directamente al corazón.

Ya en el patíbulo, amarró sus faldas a los tobillos, para que en los estertores de la muerte no se le levantaran. El sargento le vendó los ojos, la ató, y el pelotón disparó. Sus restos fueron llevados al cementerio y enterrados en la Antigua Capilla de Jesús de Nazareth, hoy capilla del colegio Avelina Moreno.

Sin duda que los actos heroicos de Antonia Santos y sus compañeros oscurecieron el panorama realista, repleto con la sangre patriota, y en tal forma presagiaron su derrota final, ocurrida nueve días después, en la batalla de Boyacá.

*Historiador

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