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LA TORTURA PSIQUIÁTRICA

LA TORTURA PSIQUIÁTRICA

Poco se ha escrito sobre el abuso y maltrato de disidentes políticos en Cuba con el uso de métodos psiquiátricos, a pesar de que la incidencia de estos casos por habitante es mucho mayor en Cuba que en la Unión Soviética. En un estudio de más de dos años, que culminó con nuestro recién publicado libro The Politics of Psychiatry in Revolutionary Cuba (Transaction Books, 1991), Charles J. Brown y yo encontramos 31 casos de disidentes políticos cubanos internados en hospitales psiquiátricos y objeto de torturas con electrochoques y drogas psicotrópicas. El análisis de los casos reveló un patrón sistemático de tortura psiquiátrica. Once disidentes recibieron electrochoques a la fuerza; algunos de ellos recibieron tanto como 24 tratamientos de electrochoques. Dieciséis casos fueron forzados a ingerir dosis altas de drogas psicotrópicas, principalmente Chlorpromazina (Thorazina) por períodos hasta de cinco años en el caso de dos de los disidentes.

La mayor parte de estos abusos sucedieron en las salas Castellanos y Carbó-Serviá del Hospital Psiquiátrico de La Habana (antes conocido por Mazorra), en el Hospital Gustavo Machín en Santiago de Cuba (antes conocido por Jagua) y en el Hospital Nacional de Reclusos de la Prisión del Combinado del Este. Las salas forense-judiciales de estos hospitales están bajo el control directo de oficiales.

Los casos de tortura psiquiátrica se clasificaron en cuatro tipos. En el primer grupo están aquellos disidentes cuerdos que son internados con criminales dementes en hospitales psiquiátricos durante el proceso de interrogación, con el fin de doblegarlos y lograr confesiones. Once de los casos se clasifican en este grupo, que aunque no recibieron electrochoques o drogas, recuerdan su experiencia como un infierno. El joven de 20 años Juan Manuel García Cao, internado por tres días en el Hospital Psiquiátrico de La Habana por escribir literatura subversiva, relata sus experiencias en el hospital psiquiátrico como las peores de sus tres años de prisión: Era como el Infierno de Dante. Había peleas continuas entre los presos locos. Algunos presos fueron violados. Los pacientes estaban letárgicos, producto de las dosis altas de sedantes que les mezclaban con la comida .

Un segundo grupo, de 15 casos, está constituido por disidentes cuerdos que como castigo por sus opiniones y actividades son internados en salas psiquiátricas para recibir electrochoques y drogas psicotrópicas. El caso de Eugenio de Sosa, hombre de negocios que recibió 14 electrochoques a los 61 años por mandar mensajes desde la prisión, es típico de este grupo. De Sosa relata que mi primer encuentro con los tratamientos de electrochoques en grupo se produjo cuando vi a un equipo de cuatro hombres dirigidos por el ordenanza Mederos entrar al pabellón. Tomaron a seis pacientes y los arrojaron al suelo, uno junto a otro. Justo allí, en el piso, les colocaron electrodos a ambos lados de la cabeza y aplicaron los electrochoques. Los seis cuerpos comenzaron a contorsionarse, uno tras otro... el piso estaba cubierto de orina, excremento y vómito. Los choques los aplicaban en las sienes de los pacientes, pero a mí casi todos me los aplicaron en los testículos .

Un tercer grupo, que consta de dos casos, son disidentes políticos que sufren de enfermedades mentales leves pero que reciben como castigo tratamientos con electrochoques y drogas psicotrópicas: tratamientos que son contrarios a los procedimientos terapéuticos recomendados para dichas enfermedades, o son administrados en dosis masivas a niveles muy superiores a los recomendados para dichas enfermedades. El caso de Marcos Miranda, escritor de guiones para la televisión, es uno de ellos. Miranda fue despedido de su empleo con el Instituto Cubano de Radio y Televisión por negarse a delatar a sus colegas de trabajo y espiar para la Seguridad del Estado. Sufriendo de tensión y ansiedad por la repetida persecución y chantaje de las autoridades, Miranda fue recluido en el Hospital General Docente Enrique Cabrera, donde fue acusado de fingir su enfermedad y recibió siete electrochoques en dos meses.

El grupo final consta de tres casos y consiste de disidentes políticos que sufren de enfermedades mentales graves. En estos casos los derechos de pacientes de los disidentes les son negados. Sus enfermedades no justifican las dosis masivas y continuadas de drogas psicotrópicas por largos períodos de tiempo con el fin de convertirlos en vegetales humanos, de hacer en ellos una lobotomía química, como se hizo con muchos disidentes en la Unión Soviética. Tampoco se justifican en estos casos las condiciones barbáricas en que se administran los tratamientos de electrochoques, sobre suelos húmedos con orina y vómito, sin relajantes musculares para evitar fracturas, y después de mojar sus cuerpos con agua para aumentar la conductividad eléctrica.

Ha llegado el momento de insistir en que el gobierno de Castro acabe con la tortura psiquiátrica. Dirigentes políticos, intelectuales y religiosos deben protestar por estas prácticas.

* Miembro de la Junta de Directores de Of Human Rights , organismo de derechos humanos con sede en Washington D.C.

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