DE CANNES A SAN QUINTÍN

DE CANNES A SAN QUINTÍN

Desde el día en que la descubrió en un orfanato, cuando tenía trece años, el director de cine Víctor Gaviria y la actriz Lady Tabares se han encontrado muchas veces, ella delante de las cámaras y él detrás. Después de la filmación de La vendedora de rosas, también han compartido muchos momentos felices y tristes: festivales de cine, premios, funerales de actores y de amigos. Sin embargo, ninguno de los dos estaba preparado para lo que sucedió durante la última fiesta de navidad. Una fiesta de navidad casi tan triste como la de la película.

02 de enero 2003 , 12:00 a.m.

Desde el día en que la descubrió en un orfanato, cuando tenía trece años, el director de cine Víctor Gaviria y la actriz Lady Tabares se han encontrado muchas veces, ella delante de las cámaras y él detrás. Después de la filmación de La vendedora de rosas, también han compartido muchos momentos felices y tristes: festivales de cine, premios, funerales de actores y de amigos. Sin embargo, ninguno de los dos estaba preparado para lo que sucedió durante la última fiesta de navidad. Una fiesta de navidad casi tan triste como la de la película.

Ella pasó todo el día encerrada en uno de los patios de mujeres de la Cárcel Municipal de San Quintín, en Bello, y él fue a visitarla por la tarde. Cuando lo vio bajar las escalas que dan al patio, ella se levantó corriendo, saltó sobre él, como una niña, y se aferró a su cuerpo, apretándolo con los brazos y las piernas. Mientras tanto, los dos lloraban.

-Víctor, perdoname- decía ella, en medio de las lágrimas.

Lady, a sus 20 años, está acusada de haber participado con varios de sus amigos en el crimen de un taxista. Víctor, a sus 47, está acabando de editar su última película. Y desde que se enteró de los problemas de ella con la justicia no ha podido estar tranquilo. Buena parte de su tiempo lo ha dedicado a hablar con los abogados que defienden a la muchacha y a buscar ayuda para Lady entre los actores colombianos, los cineastas y los amigos.

-Lo que más me duele es no poder ver a José Fernando- insistía Lady, abrazada a él, y con la cara llena de pecas, bañada en lágrimas, recordando a su pequeño hijo de dos años. El está ahora está en manos de María Magdalena, la madre de Lady.

Unos minutos después, por las mismas escalas por donde había llegado Víctor, descendió Edison, el nuevo compañero de Lady, de 26 años, también acusado de participar en el crimen. Como era día de fiesta, los presos podían ir y venir en forma libre por los patios. Los dos se abrazaron. El trató de consolarla.

A pesar de que ha pasado buena parte de su vida en calles y orfanatos, y de que ha vivido momentos tan duros como el asesinato de su novio Ferney -el padre de su hijo-, ésta es la navidad más triste que Lady recuerda en muchos años. Desde el 27 de noviembre, la protagonista de la famosa película de Víctor Gaviria, La vendedora de rosas, que la hizo saltar de la vida callejera a la fama, vive en una celda estrecha de la cárcel, de apenas cuatro metros cuadrados, con una cama, un colchón y una pequeña ventana. Está acusada de homicidio agravado, por el asesinato del taxista Oscar Gálvis, en agosto. Pasa las horas sentada en el patio o recostada en la cama. Come muy poco y llora casi todo el tiempo.

Una vida en los orfanatos.

Lady Tabares nació hace 20 años en Medellín en el seno de una familia de diez hermanos, la mayoría hijos de padres distintos, de los cuales sólo tres viven todavía con su madre. Los demás se han marchado y nadie ha vuelto a tener noticias de ellos.

De acuerdo con los datos recogidos por el periodista de EL TIEMPO Edgar Domínguez -quien acaba de escribir un libro sobre su vida-, la niña creció con sus hermanos y sin ningún padre en un inquilinato del barrio San Diego, un sector empobrecido del centro de Medellín, lleno de casas viejas, de tapias de barro, donde alquilan piezas por día. Su madre, Maria Magdalena Tabares, se ganaba la vida lavando y aplanchando ropa en casas ajenas, durante el día, y vendiendo cigarrillos en las calles por la noche.

Maria Magdalena se voló de su casa, situada en el municipio de Cisneros, a los 11 años. Por ahí en el año setenta me vine a trabajar de sirvienta en las casas de Medellín porque no encontré comprensión en la casa de mis padres y porque me di cuenta de que mi padre quería abusar de mí recuerda ella.

El primer hecho que marcó a la muchacha sucedió cuando ella tenía tres años y medio. Lady salió una mañana a recorrer las calles del centro y a pedir dinero a los transeúntes. Por la tarde no pudo encontrar el camino de regreso a casa. Tuvo que dormir en las aceras varias noches, hasta que unas monjas la recogieron y la llevaron a un orfanato. Allí vivió durante tres años, añorando a su madre y sus hermanos, hasta que un día las monjas decidieron pasearla por la ciudad para que tratara de reconocer algunos sitios donde pensaban que podría estar viviendo su familia. Cuando la llevaban por la calle Niquitao, Lady recordó su casa. Entonces pudo por fin volver a ella.

Pero en su vida las cosas siguieron siendo difíciles. El inquilinato donde vivían su madre y sus hermanos era un expendio de droga. Un día, unos delincuentes intentaron matar a uno de sus hermanos. A ella le tocó sacarlo de la pieza para salvarle la vida.

Un ensayo de las monjas por hallarle un hogar sustituto fracasó: durante algún tiempo, Lady estuvo viviendo en una especie de idilio con una familia acomodada. La cuidaba un abuelo que vivía en una pequeña finca y la llevaba a un establo a mostrarle cómo se ordeñaban las vacas. Un día el viejo murió de repente: cayó de bruces al suelo, delante de la niña.

Después, Lady Tabares regresó a las calles y empezó a vender rosas en una esquina del barrio El Poblado. Allí, una noche, un gamín la asaltó, le robó las flores y el dinero que había recogido y cuando ella dormía sobre una acera intentó prenderle fuego después de rociarla con gasolina. Ella le respondió con la misma moneda y cuando le acercó el fósforo para incendiarle la ropa, le dijo:.

No me debiste dejar viva, gonorrea...

Desde esa época, Lady se acostumbró a la dura vida de las calles porque en el inquilinato donde vivía su familia, en el barrio San Diego, cerraban la puerta a las diez de la noche. Esa fue esa la causa de que para ella tener una casa se convirtiera en una obsesión. Para qué zapatos, si no hay casa le dijo una vez a Víctor Gaviria, cuando él le preguntó por qué andaba descalza.

A los nueve años, Lady fue detenida por el F-2 de la Policía acusada, según su madre, por un robo de unos electrodomésticos en el que también participaron varios amigos. Por ese delito estuvo detenida en un preventorio para menores durante tres meses. Luego regresó a la vida en los internados. En uno de ellos hizo la primera comunión. Pero en los internados duraba poco, porque se volaba y volvía a las calles.

La fama.

Durante varios años, la vida de Lady transcurrió de calle en calle, de preventorio en preventorio y de orfanato en orfanato. El último fue el de La Colina, en el municipio de Caldas, al sur de Medellín. Allí fue recluída por orden de un juzgado de menores que la encontró culpable de haber participado en otro robo. En ese lugar la conoció Víctor Gaviria. El pidió permiso a su madre y a los jueces para llevarla a vivir a un apartamento alquilado por los productores de La vendedora de rosas, película en la que Lady fue escogida para desempañar el papel de protagonista. Cuando estaban filmando la película, Víctor y sus compañeros de rodaje le celebraron los quince años.

Aunque el guión estaba basado en un cuento de Hans Christian Andersen titulado La vendedora de cerillas, muchas de las escenas de la película se parecían mucho a la vida de Lady dice Víctor Gaviria.

Cuando acabó la película, aunque ya era famosa, Lady regresó a su vida en las calles, vendiendo rosas. Sin embargo, según su madre, las malas amistades la llevaron durante algún tiempo a vivir en Las cuevas , un antro de expendedores y consumidores de droga del sector de Barrio Triste. Allá se llevó por un tiempo a su hermana Angie. Su madre las encontró allí después de buscarlas, desesperada, por toda la ciudad. Angie tenía un brazo enyesado. Lady parecía buscando la muerte dice el periodista Edgar Domínguez.

Un día Víctor Gaviria fue a buscarla a Barrio Triste.

-Niña, arréglese -le dijo-. Nos vamos para Cannes.

- Y qué es Cannes? -le preguntó ella.

-Una ciudad, un país. Nos invitaron a presentar la película...

Víctor Gaviria recuerda que en el Festival de Cannes a Lady le picaban las medias veladas y a cada rato se quitaba los zapatos de tacón alto para sentirse más cómoda.

A su regreso de Cannes, el periodista Yamid Amat inició una campaña para regalarle una casa a la vendedora de rosas. La que más le gustó a ella fue una de segundo piso con una terraza, situada en una calle estrecha del barrio Puerto Bello, al norte de Medellín. Allí ha vivido durante los últimos cinco años. Durante este tiempo, Lady intentó continuar su carrera de actriz, esta vez en la televisión.

En el nuevo barrio conoció a Ferney, un muchacho que vendía bolis en las calles, y quedó en embarazo. Según los vecinos, Ferney era también el matón más temido del barrio y debía varios muertos. El muchacho había pagado prisión en la Cárcel de Bellavista por porte ilegal de armas.

Cuando nació su hijo, Lady se fue a vivir con él a la pieza de la terraza. Sobre uno de los muros, un día que andaba borracho, Ferney escribió con pintura: Te pienso. Quiero cambiar (sic) .

Un día de octubre del año 2001, Ferney le dijo:.

-Rosa, hoy no parece sábado.

Unos minutos más tarde, por las escalas que daban al segundo piso, entraron varios muchachos armados de pistolas y revólveres. Ferney los vio llegar a su pieza y alcanzó a despedirse.

-Mami, me llegó la hora- dijo. Lady vio todo mientras abrazaba a su pequeño hijo.

Durante algunos segundos, Ferney alcanzó a forcejear con el primer pistolero y lo despojó del arma, pero llegó un segundo hombre y después de dudar unos instantes le disparó el primer balazo a quemarropa. El otro se levantó, recuperó la pistola y lo remató. Dicen que le dio 18 balazos, uno tras otro, usando su arma y luego la de su compañero, mientras le decía a éste:.

- Me ibas a dejar matar de esta gonorrea?.

El cuerpo de Ferney, atravesado por las balas, fue a dar contra el muro donde había pintado el letrero dedicado a Lady. La madre de ella se demoró varios días para lavar la sangre que había manchado el piso, las paredes y el techo.

La despedida.

La tarde del 25 de diciembre se acabó muy pronto en la Cárcel de San Quintín. Debajo de una canasta de basket ball, Lady Tabares seguía hablando con Víctor Gaviria. Por momentos le decía cosas al oído. Por momentos, lloraba. Su compañero Edison los miraba en silencio. En los pasillos del fondo seguía sonando la música de fiesta.

Cuando empezaba a oscurecer, Víctor se despidió de Lady, con tristeza. La muchacha lo acompañó hasta la puerta del pasillo. Allí volvieron a abrazarse. Parecían padre e hija. Una hija difícil.

- Víctor, perdoname -dijo ella, atragantada por las lágrimas-. Antes de conocerte, nadie en la vida me había dado tanto amor...

Después regresó a su celda de cuatro metros. Allí, por la pequeña ventana que daba al exterior, podía verse caer el sol sobre los muros de la Cárcel Nacional de Bellavista.

FOTO/Edgar Domínguez EL TIEMPO.

Lady Tabares, protagonista de la película La vendedora de rosas , durante un día de visita en la cárcel de San Quintín.

FOTO/Archivo particular.

1- El otro protagonista de la película, Geovani Quiroz, El Zarco (a la derecha), posa junto a Lady y un conocido casual durante el Festival de Cannes de 1998.

2- El director de cine Víctor Gaviria y Lady en un intermedio del rodaje de La vendedora de rosas .

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