ALERTA EN MERCADO DE SEGUROS

ALERTA EN MERCADO DE SEGUROS

Las aseguradoras temen que a raíz de los atentados del Club El Nogal en Bogotá, y en un barrio popular en Neiva, las reaseguradoras endurezcan su posición respecto a la ya recortada y costosa cobertura contra riesgos por terrorismo o decidan mantener su lupa sobre Colombia y tocar la campana cuando consideren que la situación llegó a límites insostenibles. Algo así ocurrió ya, tras los ataques del 11 de septiembre del 2001 en Estados Unidos.

23 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Las aseguradoras temen que a raíz de los atentados del Club El Nogal en Bogotá, y en un barrio popular en Neiva, las reaseguradoras endurezcan su posición respecto a la ya recortada y costosa cobertura contra riesgos por terrorismo o decidan mantener su lupa sobre Colombia y tocar la campana cuando consideren que la situación llegó a límites insostenibles. Algo así ocurrió ya, tras los ataques del 11 de septiembre del 2001 en Estados Unidos.

"Estamos a la expectativa sobre los cambios que puedan presentarse en las condiciones de reaseguramiento", dijo el subgerente técnico de Seguros Colpatria, Jairo Pérez.

Después de septiembre del 2001, el amparo contra terrorismo en todo el mundo se esfumó de la oferta de las reaseguradoras. Empresas, entidades oficiales y bienes públicos quedaron desprotegidas. Y cuando reapareció, lo hizo con un traje irreconocible. La cobertura para el caso colombiano, recuerda el presidente de La Previsora, Juan Carlos Grillo, se redujo en más de la mitad, mientras que el costo subió 50 por ciento y más.

Incluso, según el presidente de Fasecolda, el gremio de las aseguradoras, William Fadul, en muchos casos, el amparo cayó al 10 por ciento y la prima se multiplicó por tres.

Para este año, los contratos de la cadena reaseguradora-aseguradora-asegurado se renovaron sin mayores tropiezos, aunque conservando la dureza iniciada en el 2001.

Sin embargo, para el gerente técnico de Seguros La Equidad, Henry Castiblanco, dados los últimos acontecimientos de terrorismo en las ciudades las reaseguradoras están en alerta y comienzan a revisar las cláusulas de los contratos.

Es un hecho que los reaseguradores están preocupados, confirmó el presidente de Royal & Sunalliance, Dinand Blom, pero dijo que hasta ahora no les han hecho peticiones para limitar su cobertura en el renglón de terrorismo.

No obstante, son varias las versiones que corren sobre la posición de los reaseguradores a raíz del atentado a El Nogal, amparado por 7,5 millones de dólares por Chubb y Mapfre, ante lo cual el presidente de la Asociación Colombiana de Ajustadores de Seguros, Daniel Flórez, dijo que es la hora de que el país reciba todo el apoyo de la industria reaseguradora mundial.

VEHICULOS.

Hoy todas las pólizas que amparan el robo y destrucción total o parcial de vehículos incluyen los eventos terroristas. Una firma aseguradora que no ofrezca este amparo o pretenda cobrarlo por aparte corre el riesgo de quedarse sin clientes.

Para reclamar basta que el propietario presente la tarjeta de propiedad y el Soat vigente, para que la compañía proceda a su pago.

BLANCOS VULNERABLES.

Las empresas, sobre todo las grandes o emblemáticas; los centros comerciales y las entidades públicas son los que hasta ahora enfrentan mayores dificultades para conseguir seguros contra el terrorismo, dado que no solo son un objetivo potencial de los atentados sino que muchas de ellas son vulnerables.

A diferencia de las personas, la cobertura contra terrorismo es muy limitada, lo que depende del sector económico al que pertenezcan, su ubicación geográfica (regional y local), las medidas de seguridad (control de ingreso de personas y carga, monitores, sensores, vigilantes, perros, etc.).

Entre mayor sea su exposición al riesgo, menor o nula es su cobertura y mayor el monto de la prima y viceversa.

Royal & Sunalliance reinspecciona a sus asegurados empresariales con el objetivo de saber cuáles pueden ser blanco del terrorismo y, como otras compañías del sector, las asesora para mejorar su protección.

PERROS ANTIEXPLOSIVOS.

Las empresas están reforzando sus medidas de seguridad y buscando asesoría de la Policía para detectar a tiempo cualquier situación sospechosa. Una prueba es que hoy escasean los perros antiexplosivos, que en promedio valen 20 millones de pesos. Las que optan por alquilarlos lo hacen porque el cuidado y la alimentación de estos animales es muy delicada y, además, necesitan un guía especializado.

Las compañías de seguridad alquilan el perro con el guía a precio promedio de 3,1 millones de pesos mensuales por un servicio de 24 horas diarias.

Muchas empresas han aumentado el número de vigilantes e invierten en capacitación sobre antiexplosivos.

Las que se sienten más amenazadas han comprado máquinas de rayos x para escanear toda la correspondencia y los paquetes que ingresan a sus instalaciones.

POLIZAS PERSONALES.

Las personas pueden tomar un seguro de vida. En general todas las firmas aseguradoras cubren la muerte por atentados terroristas, evento en el cual los beneficiarios reciben la suma asegurada y disponen de ella como a bien tengan.

Si los heridos o muertos están afiliados a una Aseguradora de Riesgos Profesionales y a una Empresa Promotora de Salud, esta responderá por gastos médicos, medicinas, tratamientos e inclusive por la pensión, si es el caso.

La responsabilidad de una u otra entidad depende de la circunstancia de la muerte del afiliado, es decir, si se produjo mientras desempeñaba tareas propias del trabajo o en una situación ajena a este.

FONDO CONTRA TERRORISMO.

Los hechos recientes pusieron nuevamente sobre el tapete la creación de un fondo de aseguramiento contra el terrorismo y catástrofes naturales para sortear las limitaciones de cobertura y altas primas impuestas por las reaseguradoras internacionales.

La idea, dijo William Fadul, surgió en septiembre del 2001 y desde entonces el Gobierno, la industria aseguradora nacional e internacional y organismos multilaterales la han venido estudiando y, aunque la ven con buenos ojos, no han tomado ninguna decisión.

El principal aportante sería el Estado. También contribuirían las firmas aseguradoras y reaseguradoras. Además, se buscaría un crédito contingente de la banca multilateral para responder de inmediato por los siniestros.

VIVIENDAS CUBIERTAS.

Las viviendas compradas con crédito hipotecario cuentan con un seguro para terremoto e incendio, dentro del cual entran los hechos derivados de acciones terroristas.

El amparo cubre el valor comercial del inmueble. Cuando este es destruido totalmente por un atentado, la aseguradora le paga a la entidad financiera el saldo de la deuda. El resto del dinero se lo entrega al asegurado.

La entidad también obliga a que el deudor tome un seguro de vida. En caso de que fallezca por cualquier causa, la aseguradora le responde a aquella por el saldo de la acreencia y el inmueble queda liberado de la hipoteca.

Como un seguro contra incendio y terremoto solo cubre la parte destructible del inmueble, las áreas comunes en una copropiedad (pasillos, escaleras, jardines, tanques, salón de reuniones) no están amparadas. La administración está obligada legal a comprar una póliza contra esos riesgos.

Si se trata de un centro comercial, el seguro contra incendio y terremoto es tomado por la administración. La cobertura es limitada y la prima la pagan los propietarios de los locales en proporción a su área.

FOTO/Carlos Julio Martínez EL TIEMPO.

Todas las pólizas que amparan el robo y la destrucción de vehículos incluyen los eventos terroristas, como el ocurrido en el Club El Nogal.

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