DEL CAMPO AL FRENTE DE BATALLA

DEL CAMPO AL FRENTE DE BATALLA

Hace tres meses, Freddy Parra Quintero, de 22 años, natural de El Carmen de Chucurí (Santander) no sabía marchar, patrullar o disparar un arma. Hoy el joven, adscrito al batallón Luciano Di eluyar como uno de los 1.080 soldados campesinos que este fin de semana juraron bandera en el país, lleva consigo su fusil Galil y una mochila de 30 kilos de peso, y a sus conocimientos sobre cómo cultivar plátano y maíz ha sumado instrucciones sobre cómo matar.

24 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Hace tres meses, Freddy Parra Quintero, de 22 años, natural de El Carmen de Chucurí (Santander) no sabía marchar, patrullar o disparar un arma. Hoy el joven, adscrito al batallón Luciano Di eluyar como uno de los 1.080 soldados campesinos que este fin de semana juraron bandera en el país, lleva consigo su fusil Galil y una mochila de 30 kilos de peso, y a sus conocimientos sobre cómo cultivar plátano y maíz ha sumado instrucciones sobre cómo matar.

Al igual que Parra, los 864 jóvenes campesinos que por su voluntad o ante la imposibilidad de evitar el reclutamiento-- dejaron sus parcelas para ponerse los camuflados exhiben el efecto de su formación militar. En sus rostros se les ve que durante las últimas diez semanas estuvieron cogiendo antiguedad en el Centro de Instrucción y Entrenamiento (Cide) de Aguachica (Cesar).

EL TIEMPO los encontró allí, pasando pistas de entrenamiento al son de sus cantos de batalla, practicando tácticas de patrullaje nocturno en las afueras del centro o disparando sus fusiles en el campo de tiro, formados en los mismos pelotones (de 36 hombres cada uno) en los que regresarán a sus poblaciones de origen a partir del próximo 5 de marzo.

El coronel Orlando Pulido, director del Cide de Aguachica, asegura que la formación psicológica de los soldados campesinos es fundamental para que asuman la misión que tiene por delante. Esa parte de la preparación ha sido diferente, porque se están formando para tener una pertenencia con sus pueblos y su gente. Un soldado regular no suele entrenarse para eso .

Por ese motivo, los cuatro comandantes que acompañaron el proceso de instrucción de cada grupo de reclutas seguirán al frente de las unidades cuando éstas regresen a sus pueblos.

Pulido agregó: El trabajo no va a ser fácil para ellos, porque van a ser los primeros, porque la guerrilla va a querer atacarlos, pero para eso están los comandantes que son personas muy experimentadas .

Dicen que los atrae la idea de volver a casa convertidos en soldados y la posibilidad de prestar su servicio militar cerca de los suyos. Sin embargo, no niegan que les produce intranquilidad la idea de un combate o la posibilidad de que llevar el uniforme convierta a sus familias en blancos de la guerrilla o las autodefensas.

Pero sus palabras son categóricas a la hora de hablar de defender a su pueblo de los terroristas y no titubean al decir que en pos de ese ideal están preparados para morir y para matar.

Mientras recorren la pista de entrenamiento, un grupo de reclutas de Arenal, en el sur de Bolívar, canta una estrofa que sirve de motivación. Las voces artificialmente graves de los soldados dicen: Yo quiero bañarme / en una piscina / llenita de sangre / sangre subversiva .

El general Jairo Duván Pineda, comandante de la Brigada 5, dice que todo es parte de un necesario proceso de preparación. Si yo voy a combatir contra un enemigo que es terrorista, yo tengo que saber qué es el terrorismo y saber que eso es lo que está causando el derramamiento de sangre y acabando con la yuquita de la vereda. Ellos tienen que saber por qué van a luchar y contra quién , dice el oficial.

Terminado el entrenamiento, David Martínez, de El Banco (Magdalena), se dedica a bailar entre las risas y los aplausos de sus compañeros. Afirma que a sus 26 años obtener la libreta era una necesidad. Para él, la ceremonia del juramento de bandera que acaba de concluir, es mucho más que estar dos horas parado bajo el sol abrasador de Aguachica: Ya me siento con fuerza, ya somos autoridad .

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